¿Que por dónde queda mi felicidad?
Por tu hermoso pelo: corto o largo me da igual, porque es tuyo y huele a ti.
Por tu nariz, que algunos dirán que es grande, pero te juro que yo la veo
normal: me habré acostumbrado a la mía, mucho mayor, y ahora todas me parecen
pequeñas. Por tus ojos, lindísimos, grandes y abiertos, una ventana abierta a
un corazón aún más lindo, grande y abierto. Por tus lágrimas, las que me hacen
levantarme y luchar contra quien haga falta, incluso contra mí mismo, para evitar
verlas una vez más. Por tus labios, naturales y bellos, que desgastaría a besos
sin tener que soportar el regusto a pintalabios o gloss. Por ese cuello que
tantas veces he besado y mordido, ese cuello que desearía besar y morder todos
los días de mi vida. Por los lóbulos de tus orejitas, los que te ponen los
vellos de punta cada vez que jugueteo con ellos. Por todo tu cuerpo, por el que
me perdería una y otra vez sin desear encontrarme, sin desear que acabe la
noche y se esconda la luna ante el brillo de un sol cada vez más ardiente y
agobiante, obligándonos a separarnos una vez más.
Por tu naturalidad, por tu enorme
corazón, por tu sinceridad. Por tu sencillez, tu puntito infantil, tu miedo a
no dar la talla. Por tu temor a ser pesada, a repetirte más de la cuenta, a
desgastar un "Te quiero" que pide a gritos salir de tu alma cada
pocos segundos. Por esa alma limpia y pura, la única que conozco en un mundo
cada vez más sucio y desgastado. Por atreverte a enamorarte de mi, por tener la
valentía de asomarte a ese enorme precipicio que es mi alma y no salir
corriendo de puro miedo. Por ver en mi esa parte de mí mismo que nadie vio
nunca, ni yo mismo: la del héroe que sacrifica su vida por salvar la de su
chica. Por tu amabilidad para con este pobre hombre al que has dado una razón
para vivir, que no es otra que la de luchar sin descanso por darte lo que
mereces. Por tu sonrisa, lo único que merece la pena en este mundo, un punto
fijo de luz y color en un caótico mundo en blanco y negro.