Perdóname por no poder luchar contra lo imposible, por caer, por ceder, por ondear una bandera blanca ahora que todo es tan negro. Perdóname porque mis palabras ya no sean las mismas, ni tampoco mis actos, pero ya me cansé de mantenerme en pie sin importar lo que sucediera. Perdóname si alguna vez cambio, si alguna vez cambié, si alguna vez volvemos a encontrarnos y no reconoces a aquel aprendiz de hombre que te enseñó a amar tan fuerte. Perdóname por todos los "te quiero" que no podré repetir, por los silencios que han destruido todo lo que una vez fuimos.
Perdóname por no poder cumplir mis promesas, por haber hablado tan sinceramente cuando debería haber sido más realista, por esta realidad que ha cambiado y nos ha aplastado, sin darnos la oportunidad de levantarnos y vencer. Perdóname por vivir tan apegado a la realidad, por no poder volar entre nubes de algodón, por no haber podido acompañarte en aquel viaje que tantas veces realizaste. Perdóname por esta derrota absurda y cruel, por no poder darte lo que te mereces, por no poder darme lo que me merezco. Perdóname por esta mentira en la que nos obliga a vivir la realidad... porque aunque todo esto haya sucedido, sabes que no puede ser auténtico.
Perdóname por adorar a ese Destino tan cruel con nosotros, por resignarme y continuar con una vida que nunca será igual, por este presente que no nos pertenece. Perdóname por este punto y final con el que ha terminado esta historia, esta última página que ninguno de los dos pensó que llegaría hoy, en este día turbio y gris como mi alma.
24 marzo, 2013
01 marzo, 2013
Read and write
Read and write, read and write, it's all about read and write. All day, all night, seven days a week, twenty four hours a day. That's all we need, the real base of our existence, 'cause without that, we wouldn't exist. We were born to that, and that's what we are. The rest of the world doesn't matter: we don't fit with it, or maybe is the world the one who doesn't fit with us. That's a question I'm not able to answer. The only thing I'm able to do is to read and write, all over the day, all over the night, all over my life. Read and write, read and write, that's the whole and only reason of my beint. That's why I'm here today and the reason for that, one day, I'll pass away.
No recuerdo quién dijo aquellas frases, en Dios sabe qué entrevista perdida en el tiempo y el espacio. Jamás leí una línea de aquel escritor perdido (porque si de algo estoy seguro, es de que aquel tipo se dedicaba al noble y poco remunerado arte de la literatura), pero aquellas palabras marcaron mi vida para siempre, abriéndome un mundo nuevo en el que algo que siempre había estado ahí se abría ante mis ojos con todo su esplendor. Y es que, en el fondo, todas las grandes frases tratan sobre eso: verdades evidentes que, por una u otra razón, somos incapaces de ver a simple vista.
Read and write. En última instancia, eso es lo único que hago, lo único que he hecho siempre en mi vida. Aprendí a leer muy joven, demasiado tal vez, aunque dicen que nunca se es demasiado joven para aprender algo, y más en este mundo caótico y frenético de vagabundos universitarios y millonarios de quince minutos. Eso fue un hecho determinante en mi vida, puesto que desde mi más tierna infancia, fui capaz de ver y entender cosas que nadie más podía.
Pasaba las horas leyendo. Bueno, leer es un término demasiado suave. La palabra es devorar. Devoraba los libros con auténtica ansia, con esa pasión mezclada con inconsciencia, con esa extraña, torturadora y placentera sed de quien es joven y curioso y sabe que el conocimiento es lo único a su alrededor que merece la pena cambiar por esa rara y premadura infancia. Ya entonces era capaz de entender, aunque fuera en un estrato muy profundo de mi subconsciencia, que leer es algo más que lo que tú, estimado lector, estás haciendo en este momento.
Ya entonces comenzaba a entender que leer es un acto que se podía realizar con todo, absolutamente todo lo que me rodeaba. Desde entonces no he dejado de aprender, en cuantos campos del conocimiento he podido aprender: comencé a estudiar Historia, puesto que era necesario para leer las historias que los edificios, al pasear por la calle, me contaban; estudié también Psicología, para leer mejor los rostros de la gente, lo que sus palabras y sus mismos textos decían; estudié Sociología, Economía, Genética Básica, Metafísica Interestelar, qué importa el campo, mientras sea fértil. Importan los frutos.
Leía, leía, leía y volvía a leer. Esa sed se apoderó de mi, sin dejarme sentir nada más, sin permitirme sentir ni siquiera esa misma sed. Se transformó, se volvió potente y sutil, potente y sutil, cada vez más potente y sutil. A cada paso que daba, a cada mirada que mantenía, a cada palabra que dejaba el suave papel y se enfrentaba a la dura maquinaria de mi cerebro, esa sed se convertía en la base de mi existencia, en la razón para salir un día más de la cama y enfrentarme a ese mundo cruel y retorcido que Dios, en su infinita sabiduría, puso ante mis ojos en aquel cada vez más lejano día de verano de mil novecientos noventa y uno.
Ya estaba medio completo, en cierta forma. Había encontrado, sin haberlo buscado jamás, la base de mi existencia, el motivo que daba alas a mi cuerpo y mi mente, la razón suprema y fundamental para que mi alma no huyese atormentada de mi ser. Pero aún había algo que me faltaba, una última pregunta que responder, siempre bajo la piel, latente pero presente. Fue entonces cuando aquellas palabras aparecieron ante mis ojos. Y como Neo al final de Matrix, comencé a verlo todo con un prisma diferente.
Read and write, read and write, it's all about read and write. Porque si leer me dio una razón para despertar cada mañana, escribir es lo que me da el sueño cada noche. Día tras día, en el que enciendo mi fiel aunque ya un poco renqueante laptop y me abandono, en favor de unos seres que no existen más allá de la pantalla pero que para mí son más reales que la mayoría de la gente que veo por la calle.
Me gustaría dar las gracias a aquel escritor, tal vez anglosajón, probablemente americano, nunca asiático, por aquellas palabras que inspiraron mi vida de tal modo. Por animarme a escribir por primera vez, a conocer ese mundo lleno de mundos, esa especie de Alquimia que me obliga cada noche a robarle unas valiosas horas al sueño, un sueño que ya no sabe aparecer si no enciendo antes esta máquina y descargo, casi sin darme cuenta y de formas que sólo yo sabría hacer, todo lo que he aprendido, todas las conexiones que la lectura me ha entregado en un día cada vez más gris y menos brillante.
Read and write, read and write, it's all about read and write. It's not about the world, not about us, not even with me. Simply as a coffee, complicated as the Sun. There's no more, 'cause it's all about read and write. If you can't understand me... don't worry. This is not about comprehension. This is about life.
No recuerdo quién dijo aquellas frases, en Dios sabe qué entrevista perdida en el tiempo y el espacio. Jamás leí una línea de aquel escritor perdido (porque si de algo estoy seguro, es de que aquel tipo se dedicaba al noble y poco remunerado arte de la literatura), pero aquellas palabras marcaron mi vida para siempre, abriéndome un mundo nuevo en el que algo que siempre había estado ahí se abría ante mis ojos con todo su esplendor. Y es que, en el fondo, todas las grandes frases tratan sobre eso: verdades evidentes que, por una u otra razón, somos incapaces de ver a simple vista.
Read and write. En última instancia, eso es lo único que hago, lo único que he hecho siempre en mi vida. Aprendí a leer muy joven, demasiado tal vez, aunque dicen que nunca se es demasiado joven para aprender algo, y más en este mundo caótico y frenético de vagabundos universitarios y millonarios de quince minutos. Eso fue un hecho determinante en mi vida, puesto que desde mi más tierna infancia, fui capaz de ver y entender cosas que nadie más podía.
Pasaba las horas leyendo. Bueno, leer es un término demasiado suave. La palabra es devorar. Devoraba los libros con auténtica ansia, con esa pasión mezclada con inconsciencia, con esa extraña, torturadora y placentera sed de quien es joven y curioso y sabe que el conocimiento es lo único a su alrededor que merece la pena cambiar por esa rara y premadura infancia. Ya entonces era capaz de entender, aunque fuera en un estrato muy profundo de mi subconsciencia, que leer es algo más que lo que tú, estimado lector, estás haciendo en este momento.
Ya entonces comenzaba a entender que leer es un acto que se podía realizar con todo, absolutamente todo lo que me rodeaba. Desde entonces no he dejado de aprender, en cuantos campos del conocimiento he podido aprender: comencé a estudiar Historia, puesto que era necesario para leer las historias que los edificios, al pasear por la calle, me contaban; estudié también Psicología, para leer mejor los rostros de la gente, lo que sus palabras y sus mismos textos decían; estudié Sociología, Economía, Genética Básica, Metafísica Interestelar, qué importa el campo, mientras sea fértil. Importan los frutos.
Leía, leía, leía y volvía a leer. Esa sed se apoderó de mi, sin dejarme sentir nada más, sin permitirme sentir ni siquiera esa misma sed. Se transformó, se volvió potente y sutil, potente y sutil, cada vez más potente y sutil. A cada paso que daba, a cada mirada que mantenía, a cada palabra que dejaba el suave papel y se enfrentaba a la dura maquinaria de mi cerebro, esa sed se convertía en la base de mi existencia, en la razón para salir un día más de la cama y enfrentarme a ese mundo cruel y retorcido que Dios, en su infinita sabiduría, puso ante mis ojos en aquel cada vez más lejano día de verano de mil novecientos noventa y uno.
Ya estaba medio completo, en cierta forma. Había encontrado, sin haberlo buscado jamás, la base de mi existencia, el motivo que daba alas a mi cuerpo y mi mente, la razón suprema y fundamental para que mi alma no huyese atormentada de mi ser. Pero aún había algo que me faltaba, una última pregunta que responder, siempre bajo la piel, latente pero presente. Fue entonces cuando aquellas palabras aparecieron ante mis ojos. Y como Neo al final de Matrix, comencé a verlo todo con un prisma diferente.
Read and write, read and write, it's all about read and write. Porque si leer me dio una razón para despertar cada mañana, escribir es lo que me da el sueño cada noche. Día tras día, en el que enciendo mi fiel aunque ya un poco renqueante laptop y me abandono, en favor de unos seres que no existen más allá de la pantalla pero que para mí son más reales que la mayoría de la gente que veo por la calle.
Me gustaría dar las gracias a aquel escritor, tal vez anglosajón, probablemente americano, nunca asiático, por aquellas palabras que inspiraron mi vida de tal modo. Por animarme a escribir por primera vez, a conocer ese mundo lleno de mundos, esa especie de Alquimia que me obliga cada noche a robarle unas valiosas horas al sueño, un sueño que ya no sabe aparecer si no enciendo antes esta máquina y descargo, casi sin darme cuenta y de formas que sólo yo sabría hacer, todo lo que he aprendido, todas las conexiones que la lectura me ha entregado en un día cada vez más gris y menos brillante.
Read and write, read and write, it's all about read and write. It's not about the world, not about us, not even with me. Simply as a coffee, complicated as the Sun. There's no more, 'cause it's all about read and write. If you can't understand me... don't worry. This is not about comprehension. This is about life.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)