¿Que por qué duermo tanto? ¿Que por qué paso tanto tiempo a oscuras, escondido, en esa habitación, aislado de la realidad y de todos los que me rodean?
No lo sé, la verdad. Pero como todo el mundo, tengo una teoría. Supongo que duermo tanto porque hace mucho que me di cuenta que no puedo dejarme ayudar, porque es hipócrita pedir ayuda a alguien a quien no se la darías y no me gusta que alguien a quien yo apoyaría se ensuciase sus manos para ayudar a alguien como yo. Supongo que porque me he traicionado tantas veces que ya no sé quién soy, si la víctima o el verdugo. Supongo que porque vivo fingiendo constantemente que no estoy enamorado, que cuando la miro no siento todas esas cosas. Supongo que porque no quiero mezclarme con una gente que, consciente u inconscientemente, han sido los principales culpables de esta situación... o, más bien, de la gota que ha colmado el vaso. Supongo que porque cuando abro la puerta de esa habitación sigo sonriendo, aunque en el fondo lo único que desee sea gritar a los cuatro vientos que estoy cansado de todo y de todos, especialmente de mí mismo y de mi maldita cabeza…
¿Que por qué duermo tanto? No lo sé. Supongo que porque vivo rodeado de tanta hipocresía que los sueños son lo más real que tengo.
18 abril, 2012
02 abril, 2012
Nada es para siempre. Ni siquiera el hecho de que nada es para siempre.
No puedo dejar de mirar sus fotografías. Unas calmas, felices, en las que aparece con esa sonrisa que jamás dejaré de intentar ver, esa sonrisa que no es sino lo más bello de este mundo. Otras melancólicas, con una mirada al horizonte, que no perdida, que te hace pensar en la vida y en la distancia que nos separa, por mucho que intentemos salvarla día tras día. Y otras, simplemente, maravillosas. Como ella.
Pero hay una que me tiene especialmente cautivado. Una fotografía en la que muestra su mejor sonrisa, y en la que el conjunto queda eclipsado por detalles en los que uno no se fija hasta que no se sacude la cabeza e intenta ver con perspectiva. Detalles como el radiante blanco de sus dientes o el curioso tono de su pelo, más claro en la punta que en la raíz. Pero, sobre todo, sus ojos, sus bellísimos ojos, tan radiantes en esa fotografía, que me hicieron darme cuenta de una verdad asombrosamente clara, tan clara que es casi transparente.
Siempre pensé que nada es para siempre en esto del amor, pero al ver sus preciosos ojos me di cuenta de que, de verdad, nada es para siempre. Ni siquiera el hecho de que nada es para siempre.
Pero hay una que me tiene especialmente cautivado. Una fotografía en la que muestra su mejor sonrisa, y en la que el conjunto queda eclipsado por detalles en los que uno no se fija hasta que no se sacude la cabeza e intenta ver con perspectiva. Detalles como el radiante blanco de sus dientes o el curioso tono de su pelo, más claro en la punta que en la raíz. Pero, sobre todo, sus ojos, sus bellísimos ojos, tan radiantes en esa fotografía, que me hicieron darme cuenta de una verdad asombrosamente clara, tan clara que es casi transparente.
Siempre pensé que nada es para siempre en esto del amor, pero al ver sus preciosos ojos me di cuenta de que, de verdad, nada es para siempre. Ni siquiera el hecho de que nada es para siempre.
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