02 abril, 2012

Nada es para siempre. Ni siquiera el hecho de que nada es para siempre.

No puedo dejar de mirar sus fotografías. Unas calmas, felices, en las que aparece con esa sonrisa que jamás dejaré de intentar ver, esa sonrisa que no es sino lo más bello de este mundo. Otras melancólicas, con una mirada al horizonte, que no perdida, que te hace pensar en la vida y en la distancia que nos separa, por mucho que intentemos salvarla día tras día. Y otras, simplemente, maravillosas. Como ella.

Pero hay una que me tiene especialmente cautivado. Una fotografía en la que muestra su mejor sonrisa, y en la que el conjunto queda eclipsado por detalles en los que uno no se fija hasta que no se sacude la cabeza e intenta ver con perspectiva. Detalles como el radiante blanco de sus dientes o el curioso tono de su pelo, más claro en la punta que en la raíz. Pero, sobre todo, sus ojos, sus bellísimos ojos, tan radiantes en esa fotografía, que me hicieron darme cuenta de una verdad asombrosamente clara, tan clara que es casi transparente.

Siempre pensé que nada es para siempre en esto del amor, pero al ver sus preciosos ojos me di cuenta de que, de verdad, nada es para siempre. Ni siquiera el hecho de que nada es para siempre.

1 comentario:

  1. Menos mal que nada es para siempre...el saber que podemos perder las cosas es lo que nos hace cuidarlas, quererlas...si todo fuese para siempre no sentiríamos esa magia.

    :) siempre es un placer leerte.
    Saludso!

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