18 marzo, 2012

Supongo que esa historia comenzaría así...

Sólo se justifican los que se sienten culpables. Y sólo se sienten culpables los que se equivocan y los que creen que se equivocan.

Leía entonces en mi oscura habitación los tuits más recientes de mi cuenta favorita. Cuánto me recordaba a mí mismo. Era hombre, más o menos de mi misma edad, y la historia que contaba cada 140 letras sugería que habíamos compartido la misma historia. Un desamor creciente, un abandono justificado, la santa resignación de quien cree haberse equivocado, de quien a todo el mundo dice que hizo lo correcto pero que no ve en los ojos de los demás la verdad que creen expresar con sus labios.

140 símbolos no serían suficientes para muchas cosas, pero desde luego no pienso utilizarlos para justificarme. Como ya he dicho, sólo se justifican los que se sienten culpables. Yo no me siento culpable de lo sucedido: me temo, querido lector, que deberás ser tú quien determine si lo soy o no. Por una vez, sólo tú serás juez, jurado y verdugo. Un poder que sólo los amantes de las letras conocen.

No hay comentarios:

Publicar un comentario