26 junio, 2012

Tal vez demasiado


Levanto mis ojos y miro a los suyos. Ya no veo en ellos la ventana abierta que solía ver: sólo alcanzo a ver el reflejo translúcido de mi propio ser, agotado y demacrado tras tantos y tantos intentos desesperados de volver a luchar. De levantarme de nuevo, de ser capaz de entregarle una vez más todo mi amor... aunque sepa que lo apartará a un lado. Como si no importara. Como si le estorbara.

Toda relación acaba desgastándose. Y lo sé, es un hecho, es imposible mantener vivas por siempre las llamas de la pasión, la lujuria y el romanticismo. Pero ella y yo éramos diferentes, siempre fuimos diferentes. Mirábamos al mundo desde nuestra nube y nos reíamos de él, de sus gentes y de sus ridículas costumbres, de su hipocresía y sus mentiras. Ella y yo no luchábamos por mantener vivo nuestro amor; al contrario, era el amor el que nos mantenía vivos a nosotros.

Pero ya todo cambió. Esa nube se perdió, se disipó, obligándonos a caer. Y el contacto con la realidad no le sentó bien, ni a ella ni a lo que teníamos. Perdimos la magia, y con ella lo perdimos todo. Ella y yo siempre fuimos diferentes. Tal vez demasiado.

Levanto mis ojos y miro a los suyos. Ya no veo en ellos la ventana abierta que solía ver: sólo veo ya el cansancio de quien antes volaba con el viento y ahora se ve obligado a andar por el suelo. El cansancio de quien sabe que allá arriba, sobre las nubes, alguien se ríe de ella y del mundo en el que ahora debe vivir.

15 junio, 2012

Pero a veces hay cosas más importantes que el amor


Recorrería miles de kilómetros por acariciar tu pelo una vez más. Por sólo mirarte y contemplar esa belleza helénica por última vez, iría andando desde aquí hasta Nueva York. Destruiría cualquier límite que pudiese quedar en pie, desafiaría las leyes del tiempo y el espacio, sería capaz de hacer enfadar a miles de Dioses en los que no creo si eso me permitiera compartir mi vida contigo.

Aquella última noche fue perfecta. Tú y yo unidos en perfecta sincronía, desafiando al mundo mientras gritábamos un “Te quiero” para el que no hacían falta palabras. Devolviendo a las palabras “Te amo” un valor que miles de personas le arrebatan cada día, convirtiéndolas en palabras vacías y sin sentido que no expresan ya ese sentimiento complejo y maravilloso, ese que sienten aquellos que darían todo por un segundo más junto a esa persona especial.

Destruiría el Universo con una paradoja si eso me permitiera rozar tus labios por última vez, crearía una máquina del tiempo y me mataría a mi mismo para poder ocupar mi lugar en aquel día una vez más. Daría mi alma entera si con ello lograse salvar un pedacito de la tuya, despertaría cada mañana en el Infierno si con eso comprase un segundo en el Paraíso para ti. Pero a veces hay cosas más importantes que el amor.

12 junio, 2012

Aquella en la que te escondes


Hoy destruiré tus fotos, tus regalos y tus recuerdos. Borraré tu número de teléfono de mi móvil, tus mensajes de amor, tus comentarios en facebook. Huiré de ti cuando te vea, y si alguna vez alguien te menciona, le haré callar. Destruiré la imagen de tu mágica sonrisa, aquella por la que di la vida entera y más todavía. Acabaré con tu influencia en mí, con las manías que creaste, la depresión en la que me hundí aquel día oscuro y gris. Hoy borraré cualquier indicio de tu existencia, de lo que me hiciste, de lo que fuimos.

Hoy cogeré un bidón de gasolina y un mechero, y junto a ellos arderá todo lo que quede de ti dentro de mí. Hoy te convertirás en cenizas, polvo gris que me ayudará a que crezca un nuevo sentimiento, mucho mejor y más fuerte. El fuego, antiséptico, antibiótico y purificador, me ayudará a acabar para siempre con esa parte de mi alma. Aquella en la que te escondes y de la que nunca he podido librarme.

02 junio, 2012

No más, ya no más


Quizás no entiendas el por qué de estas palabras, pero eso ya me da igual. No perderé más tiempo de mi vida intentando justificar unos errores que no cometí, unos errores que cargué sobre mi espalda durante demasiado tiempo sin tener la obligación de hacerlo.

Te amé durante demasiado tiempo. Y lo peor de ese amor no fueron las dificultades que encontré en mi camino para expresarlo, ni la podrida relación que salió de él. Lo peor vino después. Las noches en vela, las miradas furtivas, los gritos a una almohada ablandada a base de golpes y lágrimas. El pago de un amor roto, según tú, por mi. Por mi frialdad, mi egoísmo, mi falta de sensibilidad.

No, querida. Yo no fui el culpable de aquello. Y me niego a seguir cargando con ese error, no porque no pueda ni porque crea que ya cargué con ello lo suficiente. Simplemente, me cansé de ser tu felpudo, tu perrito faldero, el cubo de basura donde tiras lo que no quieres en tu vida. No más, ya no más.

Si quiero mejorar como persona, debo soltar el lastre de todo aquello que me hunde en el fango. Y esos años son la principal carga de aquello que no me deja avanzar. Han pasado ya dos años desde que te libré de ese peso, no sé si por no discutir contigo, por costumbre o por amor. Pero no más, ya no más. Desde hoy serás tú, en soledad, la que cargue con el daño que te pertenece. Creo que tras tanto tiempo, merezco un poco de felicidad.

¿Sabes qué es lo que más me apena de todo aquello? Que tenías razón. Fui muy gilipollas. Pero no por cómo me porté contigo, sino por haber intentado mantener vivo aquel amor que ninguno de los dos deseó nunca, aquel amor que no fue una bendición, sino una esclavitud.