26 junio, 2012

Tal vez demasiado


Levanto mis ojos y miro a los suyos. Ya no veo en ellos la ventana abierta que solía ver: sólo alcanzo a ver el reflejo translúcido de mi propio ser, agotado y demacrado tras tantos y tantos intentos desesperados de volver a luchar. De levantarme de nuevo, de ser capaz de entregarle una vez más todo mi amor... aunque sepa que lo apartará a un lado. Como si no importara. Como si le estorbara.

Toda relación acaba desgastándose. Y lo sé, es un hecho, es imposible mantener vivas por siempre las llamas de la pasión, la lujuria y el romanticismo. Pero ella y yo éramos diferentes, siempre fuimos diferentes. Mirábamos al mundo desde nuestra nube y nos reíamos de él, de sus gentes y de sus ridículas costumbres, de su hipocresía y sus mentiras. Ella y yo no luchábamos por mantener vivo nuestro amor; al contrario, era el amor el que nos mantenía vivos a nosotros.

Pero ya todo cambió. Esa nube se perdió, se disipó, obligándonos a caer. Y el contacto con la realidad no le sentó bien, ni a ella ni a lo que teníamos. Perdimos la magia, y con ella lo perdimos todo. Ella y yo siempre fuimos diferentes. Tal vez demasiado.

Levanto mis ojos y miro a los suyos. Ya no veo en ellos la ventana abierta que solía ver: sólo veo ya el cansancio de quien antes volaba con el viento y ahora se ve obligado a andar por el suelo. El cansancio de quien sabe que allá arriba, sobre las nubes, alguien se ríe de ella y del mundo en el que ahora debe vivir.

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