15 octubre, 2012

¿Estás bien?

—¿Estás bien?

Qué curiosa pregunta. Si has visto lo que ha sucedido ahí fuera, has visto mi cara desencajada, me has oído vomitar, ¿para qué preguntas? ¿Dudas de que esté hecho una mierda o qué? ¿Esperas que te diga que estoy bien para no tener que preocuparte, verdad? ¡Vete al carajo!

—Sí, no te preocupes. Vete.

Se fue y me dejó completamente solo en aquel sucio baño. Me sobrevino otra arcada y expulsé algo más. Tenía un sabor amargo y un color amarillento. Bilis. No era la primera vez que lo vomitaba.

Dios, qué asco. No hay nada que sacar y sin embargo siguen saliendo fluidos de mi boca. Bueno, al menos no sale sangre. Debería ir al médico, pero para qué: mi problema no es de los que se curan con un jarabe.

No era más que la venganza de mi alma contra mi mente y mi cuerpo. Su rebelión ante mi inacción, ante los golpes que se llevaba cada día sin que yo me rebelase y dijese "Hasta aquí hemos llegado".

Era su golpe de gracia antes de que los pocos trozos que pudieran quedar de ella se convirtieran en polvo, en aire, en nada. Todo el dolor que llevaba soportando tantos años, devueltos de una vez de la forma más cruel y despiadada que se pudiera conocer: en forma de miedo absoluto.

Mi mayor terror, una vez más frente a mí. Sin armas, sin escudos, sin un mísero escupitajo que lanzarle a su perra ara. Había vuelto, y sin forma de hacerle huir, tan solo podía salir ahí afuera una vez más, enfrentarme a él cara a cara y dejar que me destruyera de una vez por todas.

Qué más me daba. De todas formas, no viviría para ver el amanecer una vez más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario