29 enero, 2013

Frenemy

Eres como una mezcla de lo que más odio y lo que más quiero. Cuando me hablas noto mi sangre hirviendo, poniendo el grito en el cielo, intentando que el mundo vea a la misma mujer egoísta que yo veo; en cambio, cuando no lo haces me descubro a mí mismo buscando tu nombre en mil lugares, notando en mi pecho una especie de opresión, investigando sobre tu vida a pesar de que sé perfectamente que eso no me traerá más que desdicha. Te quiero, pero no puedo vivir contigo, porque tu presencia me irrita y me desestabiliza; te odio, pero no puedo vivir sin ti, porque eres el pistón central del gran motor de mi vida.

Me importas, pero no me importas. Eres un eterno dilema en un puzzle de ocho piezas, un túnel directo a la salida en un laberinto de docenas de hectáreas de dimensión. Una sombra en un mundo de luces, un sol eterno en el fondo del mar más profundo. Un todo que abarca la misma nada, una piedra que vence al papel, una razón y un corazón que luchan entre sí sin posibilidades de vencer, condenados a una pelea sin fin que nunca llegó a comenzar. Lo que siento por ti me destruye, como hizo siempre: pero esa destrucción me da una razón de ser, un motivo para seguir adelante, una moneda más en este eterno "Continue?" que es mi vida.

Eso es lo que eres. Mi vida y mi muerte, una eterna resurrección que odio sin dejar de amar. Ese trato con un Diablo que me compró un billete de ida al Paraíso. Mi amiga. Mi enemiga. Mi frenemy.

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