27 noviembre, 2011

Que el mundo se quede con lo normal

Que el mundo se quede con lo normal. Que se quede con sus cotillones de Nochevieja, con sus sábados en la calle, con sus rollos de una noche. Que se quede con su música infumable, su cine aburrido y predecible, sus monótonas vidas sin emoción.

Que el mundo se quede con lo normal, que yo me quedo contigo. Con un año nuevo tú y yo solos, contemplando el amanecer. Con un sábado bajo las mantas, tú y yo, mirando las estrellas. Con nuestras canciones preferidas, con Blue Valentine y con nuestra historia, que no importa si dura un segundo o toda la eternidad, porque la recordaremos durante el resto de nuestras vidas.

Que el mundo se quede con lo normal, que yo me quedo con tu sonrisa, lo más bello de este mundo.

24 noviembre, 2011

Una vez más debo elegir

Y después de tantos años, me encuentro de nuevo en esa encrucijada. Media década después, un cuarto de vida a mis espaldas, debo tomar exactamente la misma decisión. Debo llamar a los guionistas de mi vida y decirles que se lo curren un poco más, que mis espectadores van a pensar que se están quedando sin ideas y que deben recurrir a los grandes clásicos para seguir atrayendo audiencia.

Después de todo ese tiempo, y de todo lo que ha sucedido en él. Después de transformarme, de entregarme todo lo que siempre deseé para luego quitármelo, de haber sido el hombre más feliz de este mundo y el más infeliz... descubro que no ha servido para nada. Que vuelvo a tener que elegir. Que la vida, esa niña de papá consentida, quiere verme de nuevo en la misma situación.

Una vez más debo elegir. Debo escoger entre una persona que no me aporta nada como tal, alguien que objetivamente no está hecha para mí... pero por quien empiezo a sentir ese sentimiento que algunos llaman amor; y otra por la que no siento nada, que no me hace sentir ese fuego, pero con la que siento una conexión física y mental como la que no he sentido con nadie.

Una vez más debo elegir. Debo elegir entre escoger un fuego ya existente, pero que puede llegar a apagarse, o escoger una cueva perfecta para que ese fuego arda para siempre, pero en la que no sé si alguna vez llegará a arder.

- Siento que me estoy volviendo loco.
+ Entonces, nada nuevo, ¿no? ;)

21 noviembre, 2011

Juguemos a la amnesia

Juguemos a la amnesia. Juguemos, pero no a olvidar, sino a no recordar. A dar de lado los recuerdos sin expulsarlos. A no sentir, a no querer seguir. Juguemos a hacer como que seguimos adelante, aunque lo único que hagamos sea saltar una y otra vez ese mismo obstáculo.

Juguemos a la amnesia. Juguemos a vivir sin recordar lo mejor, a mirarnos a los ojos y pretender no ver lo que siempre vimos. Juguemos a hacer bromas recurrentes, bromas que sólo nosotros entendemos, y juguemos a bloquear los buenos recuerdos que nos traen.

Juguemos a la amnesia. Juguemos a ser lo que nunca fuimos, juguemos a ser amigos. Juguemos a seguir como siempre, aunque las cosas nunca fueran como son ahora. Juguemos a la amnesia. Juguemos a ser perfectos.

19 noviembre, 2011

Two walls

Vivo entre dos muros, dos muros entre los que cada vez hay menos espacio y entre los que cada vez entra menos aire.

Vivo entre dos muros. Uno es sencillo, simple, monocolor. No tiene ventanas, ni puertas, ni ningún tipo de adorno. El otro es como un arcoiris, lleno de pósters, de cuadros, de pintadas, lleno por completo de ventanas.

Vivo entre dos muros. Uno es duro, firme, totalmente rígido e inamovible. El otro es totalmente flexible, como de plastilina, y lo puedo moldear a mi antojo, aunque no puedo romperlo ni hacer agujeros de ningún tipo en él.

Vivo entre dos muros. Uno me marea, me aturde, me envenena. El otro me asusta y me hace sentir inútil e insignificante.

Vivo entre dos muros. Uno está a mi espalda. El otro, frente a mí.

Vivo entre dos muros. Dos muros que se unen en sus extremos, atrapándome entre ellos. Dos muros entre los que llevo emparedado desde que tengo recuerdos. Dos muros que sé que acabarán conmigo y sin los que, sin embargo, no podría plantearme la vida.

14 noviembre, 2011

Posibilidades

Puede que apenas te conozca. Puede que no te merezca. Puede que lo que siento por ti no sea más que una simple ilusión. Puede que no sepa nada sobre ti, salvo pequeños detalles sin importancia. Puede que no hayamos tenido nunca una conversación verdaderamente trascendental. Puede que ni siquiera lleguemos a ser amigos.

Pero todo eso no son más que posibilidades. Lo único seguro para mí es que, si tú me dejas, yo te voy a hacer la mujer más feliz del mundo.

11 noviembre, 2011

Sí, hace poco lo viví

Sí, hace poco lo viví. Mejor que el chocolate, que cualquier droga, que la mejor de las fiestas. Mejor que el sexo, que la libertad, que la vida. Mejor incluso que el amor, o que una cama cómoda y calentita en la noche más fría del invierno.

Yo sé lo que es eso. Es la felicidad más pura corriendo por tus venas, es lo más alto que puedes estar jamás, es la capacidad de mirar a la gente desde tan arriba, estando tan feliz, que incluso te marea, pierdes la noción de lo que disfrutas. Mil mujeres sintiendo mil orgasmos simultáneos no sentirían ni la décima parte de lo que yo sentí aquella noche. Me hacía temblar, me impedía pensar con claridad. Mis piernas y mis brazos no me respondían, y mucho menos mi sentido común. Ganas de saltar, de jugar, de correr y correr y correr sin parar, porque sabía que esa noche el cansancio no haría acto de presencia. Ganas de decirle a la gente a la que quiero que de verdad la quiero. Ganas de todo, de compartir esa experiencia con el mundo.

Yo sé lo que es eso. Se llama "ataque de euforia". Durante esa noche, sufrí una sobredosis de dopamina y adrenalina en su estado más puro. Mi cerebro comnzó a segregarlas sin control, sin nada que lo frenara, sin un desencadenante claro. La felicidad, literalmente, corría por mis venas. Y eso no hace más que confirmar lo que desde hace un año ya sabía: que en mi cabeza hay algo que no funciona bien. Que hay componentes que fallan. Que estoy loco. Quizás no de verdad o quizás sí, pero lo estoy. Y me alegro por ello. Porque sólo un loco se alegraría de estarlo. Pero un loco no sabe que está loco... Curiosa paradoja. Me gustan las paradojas.

08 noviembre, 2011

Puedes ser lo que tú quieras

Hoy en día puedes ser lo que tú quieras. Médico, abogado, tramoyista, empresario de éxito, millonario playboy… lo que tú quieras.

Puedes estar completamente loco. Puedes dar gritos, decir cosas sin sentidos, repetir lo mismo una y otra vez: es más, con un poco de suerte, puedes hasta hacerte famoso y que te paguen por ser un loco (o hacértelo). Puedes ser un gilipollas integral, o incluso un egoísta violento. Puedes llevar gorras de colores con la visera levantada, camisetas de tirantes dos tallas más pequeñas de la tuya y ser el tío más mierda que haya pisado la faz de la tierra, que el mundo, en lugar de ponerte en tu sitio, te aplaudirá y reirá tus gracias.

Hoy en día puedes ser lo que tú quieras. Lo que tú quieras… menos un romántico. No puedes ir de frente y decir: “busco a la mujer de mi vida”. No puedes tratar de ganarte a una mujer poco a poco, queriendo descubrirla y que ella te descubra a ti. No puedes rechazar un polvo de una sola noche porque quieras conocer a quien tienes enfrente, porque la muchedumbre huirá de ti despavorida como quien huye de Godzilla y te tratarán de tonto para arriba. Puedes soñar con ser un romántico, puedes soñar con compartir un domingo en casa con alguien especial, viendo una película estando los dos bajo la misma manta, bien acurrucados: es más, eso incluso puede darte puntos a los ojos de las damas. Pero no puede ser más que eso, un sueño: en el momento en el que hagas algo para convertir ese sueño en realidad, serás tachado de iluso y de estúpido.

En el mundo de hoy en día, puedes ser lo que quieras, pero no un romántico. Porque, como dice alguien a quien conozco bien, los románticos como yo se extinguieron a principios del siglo XX. Y eso no sería un problema si no fuese porque las mujeres a las que le gustaban los románticos como yo se extinguieron a mediados de ese mismo siglo. Lástima.

03 noviembre, 2011

Dilema filosófico

Hoy tengo un dilema filosófico importante. No sé cuál de las dos opciones es la correcta, y eso me desespera pero a la vez me hace sentir bien, porque tengo un reto intelectual frente a mí por primera vez desde hace mucho.

¿Quién es el auténtico rebelde? En un mundo donde la norma es no seguir las normas, donde el primer mandamiento es no seguir todos los demás mandamientos, ¿quién es el auténtico rebelde, quién es aquel que va contra el sistema? ¿El rebelde por definición, aquel que rompe con las normas tal y como lo hace la mayoría? ¿O aquel que, yendo contra los dictados de los demás, sigue esas normas a pesar de que nadie lo haga?

Pondré un ejemplo. Supongamos que tú, en un juego cualquiera, eres juez y debes decidir quién gana el juego en base al siguiente precepto: gana el más rebelde. En el juego existen una serie de normas preestablecidas y escritas; sin embargo, y sabiendo que en este juego ganan los rebeldes, la mayoría de los jugadores no siguen esas reglas, sino que hacen lo que quieren, siempre dentro de unos límites no estipulados pero que todos conocen. Mi dilema es: ¿quién debe ser el justo vencedor? ¿El que, como la mayoría, se rebela para conseguir el trofeo? ¿O el que sigue con las normas yendo a contracorriente? ¿Quién debe alzarse victorioso en un mundo como ese, el que va contra la norma establecida o el que va contra el dictado de la mayoría? ¿Cuál es la auténtica esencia de la rebeldía?

02 noviembre, 2011

Un nuevo yo

Ahora que lo pienso, hace tiempo que no tengo esa tentación: la de coger una bolsa y una mochila, cargarlas con algo de ropa y todo mi dinero, y marcharme lejos, muy lejos, a esa ciudad que siempre quise visitar y en la que siempre quise vivir. Esa ciudad en la que nadie me conoce, esa ciudad en donde a nadie importa mi pasado, esa ciudad que, como todas las ciudades a las que uno llega por primera vez, no reconoce errores sino sólo cualidades.

Es algo que siempre quise, pero nunca me he atrevido a hacer. Largarme y no volver. Empezar de cero, o tal vez de uno, pero en cualquier caso borrar de mi vida todos los errores que me lastran en mi camino. Unos errores que a veces me han enseñado a seguir adelante, que incluso en su mayoría considero como buenos para mí, pero que se ven eclipsados por aquellos que siguen siendo imperdonables y todavía me hacen despertar a las tres de la mañana con el corazón acelerado, soñando que vuelvo a cometerlos de nuevo.

Pronto se cumplirá un año. Un año desde la vez que estuve más cerca de hacerlo. Un año desde que, tal vez por pura desesperación, casi dejo atrás todo lo bueno que hay en mi vida, como precio a pagar por prenderle fuego a todo lo malo. La vez que casi cojo una bolsa y una mochila, las cargo con mis cosas más útiles y me voy para la estación de trenes, despidiéndome de esta ciudad que nunca me gustó y diciendo hola a una nueva vida, a una nueva ciudad, un nuevo aire... un nuevo yo.