02 noviembre, 2011

Un nuevo yo

Ahora que lo pienso, hace tiempo que no tengo esa tentación: la de coger una bolsa y una mochila, cargarlas con algo de ropa y todo mi dinero, y marcharme lejos, muy lejos, a esa ciudad que siempre quise visitar y en la que siempre quise vivir. Esa ciudad en la que nadie me conoce, esa ciudad en donde a nadie importa mi pasado, esa ciudad que, como todas las ciudades a las que uno llega por primera vez, no reconoce errores sino sólo cualidades.

Es algo que siempre quise, pero nunca me he atrevido a hacer. Largarme y no volver. Empezar de cero, o tal vez de uno, pero en cualquier caso borrar de mi vida todos los errores que me lastran en mi camino. Unos errores que a veces me han enseñado a seguir adelante, que incluso en su mayoría considero como buenos para mí, pero que se ven eclipsados por aquellos que siguen siendo imperdonables y todavía me hacen despertar a las tres de la mañana con el corazón acelerado, soñando que vuelvo a cometerlos de nuevo.

Pronto se cumplirá un año. Un año desde la vez que estuve más cerca de hacerlo. Un año desde que, tal vez por pura desesperación, casi dejo atrás todo lo bueno que hay en mi vida, como precio a pagar por prenderle fuego a todo lo malo. La vez que casi cojo una bolsa y una mochila, las cargo con mis cosas más útiles y me voy para la estación de trenes, despidiéndome de esta ciudad que nunca me gustó y diciendo hola a una nueva vida, a una nueva ciudad, un nuevo aire... un nuevo yo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario