Hoy tengo un dilema filosófico importante. No sé cuál de las dos opciones es la correcta, y eso me desespera pero a la vez me hace sentir bien, porque tengo un reto intelectual frente a mí por primera vez desde hace mucho.
¿Quién es el auténtico rebelde? En un mundo donde la norma es no seguir las normas, donde el primer mandamiento es no seguir todos los demás mandamientos, ¿quién es el auténtico rebelde, quién es aquel que va contra el sistema? ¿El rebelde por definición, aquel que rompe con las normas tal y como lo hace la mayoría? ¿O aquel que, yendo contra los dictados de los demás, sigue esas normas a pesar de que nadie lo haga?
Pondré un ejemplo. Supongamos que tú, en un juego cualquiera, eres juez y debes decidir quién gana el juego en base al siguiente precepto: gana el más rebelde. En el juego existen una serie de normas preestablecidas y escritas; sin embargo, y sabiendo que en este juego ganan los rebeldes, la mayoría de los jugadores no siguen esas reglas, sino que hacen lo que quieren, siempre dentro de unos límites no estipulados pero que todos conocen. Mi dilema es: ¿quién debe ser el justo vencedor? ¿El que, como la mayoría, se rebela para conseguir el trofeo? ¿O el que sigue con las normas yendo a contracorriente? ¿Quién debe alzarse victorioso en un mundo como ese, el que va contra la norma establecida o el que va contra el dictado de la mayoría? ¿Cuál es la auténtica esencia de la rebeldía?
Para mí ser rebelde es lo mismo a ser un loco. Es decir, los tratan igual. En cuanto algo se considera que no está socialmente aceptado es censurado... La verdad es que prefiero la rebeldía y la locura... mejor ser diferente que ser igual al resto.
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