03 marzo, 2012

Más allá del bien y del mal

Anoche ví algo que impactó mi mente. Algo que, de un chispazo, me hizo comprender la realidad de la vida. Esa vida a veces sin sentido, a veces dolorosa, pero que siempre sabe cómo sacarnos de esos túneles profundos en los que a veces entramos.

Anoche me encontré cara a cara con el bien. Amable, dulce, angelical. Siempre con una sonrisa tranquilizadora en la boca, siempre con una palabra de consuelo en sus carnosos labios. Siempre dispuesta a hablar, a escuchar, a darte un momento de respiro en lo dura que es la vida. Vi sus ojos claros, irradiando luz donde quiera que miraban. Siempre atenta, dispuesta a escucharte, intentando animarte cuando te ve algo decaído, cuando ve que pierdes fuelle. Anoche me encontré a un ángel caído del Cielo.

Anoche me encontré cara a cara con el mal. Ruda, descortés, demoníaca. Siempre con una sonrisa turbadora en la boca, siempre con una palabra ácida en sus carnosos labios. Siempre dispuesta a discutir, a jugar, a forzar tus límites y superarte una y otra vez. Vi sus ojos oscuros, llenando de terror a aquello en lo que se posaban. Siempre dura, dispuesta a atacarte, intentando hundirte cuando te ve demasiado subido, cuando ve que vas más allá de tus posibilidades. Anoche me encontré a un demonio salido del Infierno.

Anoche me encontré con ambas. El bien y el mal, personificados en dos personas muy diferentes. Dos mujeres que se conocieron ese mismo día y que podrían llegar a ser muy amigas. Dos mujeres que, mientras bailaban juntas en una discoteca, me hicieron comprender que la vida es exactamente como la veía: el bien y el mal, bailando entre ellos al compás de algo mucho mayor. La vida.

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