Estoy
cansado de ti, de tu cuerpo perfecto, de esas miradas sin sentimiento que tan
diferentes son de las mías. Harto de tu larga melena rubia, de tus
resplandecientes ojos verdes, incluso de ese vestido rosa pastel con el que te
conocí y que tan bien te queda. Hasta arriba de todo lo que tenga algo que ver
contigo, incluso del aire que exhalas y que más de una vez supo ponerme los
vellos de punta.
Cansado
de no poder olvidarte, de tu perenne presencia en mi mente enferma, de que cada
segundo que pase se clave un puñal más en mi cada vez más maltrecho corazón.
Cansado de tu imagen en mi mente, de que cuando menos me lo espere y todavía
menos lo necesite acudas a mí; como si supieras cuál es el momento más débil
del día para entrar en mi cabeza y no salir hasta que Morfeo, con suerte,
decida darme unos cuantos minutos de respiro. Tres, cuatro, pero nunca más de cinco
hasta que en sueños vuelva a aparecer tu bello rostro, rodeado de ese halo de
luz mágico que siempre tuviste.
Cansado
de este amor inútil y sin sentido, de este fuego que me destruye y me
reconstruye a casa segundo, de este ácido que acabará conmigo y sin el cual ya
no recuerdo mi existencia. Harto de esta paradoja que me hace desear que no
hubieras aparecido en mi vida y, a la vez, que jamás desaparezcas de ella. Que
vengas a por mí y me digas que sientes lo mismo que yo: que no soy lo primero
que aparece en tu mente cada mañana ni lo último cada noche, porque ni siquiera
en sueños eres capaz de librarte de mí.
Me has dejado totalmente helada. Por un momento, mientras te leía todo lo que tenía a mi alrededor ha desaparecido y solo he sido capaz de concentrarme en tus palabras. Genial.
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