22 octubre, 2012

No lo sé y no me importa

La ciudad está triste y yo soy más feliz que nunca. Corro por el centro de la carretera, mientras la fina lluvia me empapa hasta los huesos y abre camino para que virus y bacterias me ataquen sin piedad. Comienzo a notar la fiebre, pero no sé si porque comienzo a incubar una enfermedad o porque de verdad estoy on fire. No lo sé y no me importa. Tan sólo quiero correr y gritar como si no existiera un mañana, como si este momento fuese a durar para siempre.

No hay nadie en esta ciudad. Son las cuatro de la noche, y esa larga avenida es mi escenario particular. Corro, grito, bailo a placer: nadie hay que puede llamarme loco, y si me lo llaman qué más da, tal vez lo esté. No lo sé y no me importa. Tan sólo quiero cantar bajo la lluvia mientras avanzo por las calles desiertas, como en un videoclip que no quisiera que acabase nunca.

Estoy enfermo y lo sé. Y no hablo de la fiebre, hablo de mi mente. Amo el mundo, amo sus calles, me amo a mí mismo y a todos los seres de la creación. Nadie puede sentir eso por un mundo enfermo como éste, o al menos eso dicen. No lo sé y no me importa. Tan sólo quiero abrazar a la gente que quiero, que no es sino toda, y gritarles que el mundo puede ser un lugar tan maravilloso como cualquiera de esos en los que se encierran, esos que crean con sus imperfectas mentes.

Me siento lleno de energía. Llevo casi treinta minutos corriendo sin parar, y no aparece el cansancio. Dopamina, adrenalina y endorfinas varias son segregadas a chorro por mi cerebro, sin control. Demasiada felicidad para disfrutarla, tan sólo puedo sentir cómo me sobrepasa. Mi corazón late tan deprisa que mi pecho duele y mis piernas tiemblan, así como todo mi cuerpo, aunque eso tal vez sea consecuencia del agua que empapa cada centímetro de mi cuerpo. No lo sé y no me importa. Tan sólo quiero vivir, sentir, entregarme al mundo y que el mundo haga conmigo lo que quiera.

Sé que lo que siento es irreal, un fallo de mi enfermo y sobrecalentado cerebro, al que algunas conexiones ya comienzan a fallar. Sé que tan sólo ha sido un golpe de suerte, que podría haber sido un ataque de ansiedad en lugar de uno de euforia, pero no me importa. Tan sólo quiero exprimir este momento hasta la última gota y beberlo sin respirar. Como si no existiera un mañana, como si este momento fuese a durar para siempre. Como si, de verdad, esta ciudad fuera completamente mía.

1 comentario:

  1. Ojalá más enfermedades así.
    Son tiempos difíciles y cualquier lectura que te aporte algo de energía y ganas de correr -como ésta- bienvenidas sean.

    Agarraré con fuerza tus palabras.
    Un placer haber encontrado este sitio.

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