22 noviembre, 2012

La causa de que seas tan perfecta... y de que duermas sola todas las noches

¿Sabes? Los hombres como yo siempre ocultamos algo detrás de nuestra sonrisa. Tú lo sabías, y por eso nunca quisiste intentar nada conmigo. Porque aunque sabes que a tu lado yo podría haber sido el hombre más feliz del mundo, nunca habrías podido confiar del todo en mi sonrisa. Siempre habrías tenido la duda de si era real o fingida, de si de verdad yo sería feliz a tu lado o sólo estaría representando uno más de los cientos de papeles que he interpretado a lo largo de mi vida.

Y tú, la más insegura de las mujeres, no habrías soportado esa incertidumbre, esa duda de saber si de verdad era el hombre más feliz de la Tierra o tan sólo el mejor de los actores. Tú eres como un diamante: tan bella, tan frágil, tan única. Más valiosa que todo lo demás y, sin embargo, tan sólo te limitas a ser tú misma, a brillar por encima de todo lo que te rodea. Y una duda, una sola duda en algo tan grande como es el amor, habría podido quebrar tu espíritu casi sin darte cuenta, pero sin posibilidad de remisión. Y un diamante roto, como bien sabes, pierde mucho valor.

En momentos como éste recuerdo la diferencia de edad que nos separa. Tienes un alma cándida e inocente, producto de una vida pura y sin sobresaltos, sin riesgos innecesarios, sin experiencias dolorosas ni errores irreparables. No has conocido el amargor en esta vida, y es eso lo que te hace tan dulce. En toda tu vida, jamás te has sentido desdichada, porque te has cubierto bien las espaldas, creándote una coraza impenetrable para cualquier persona. Sin darte cuenta, querida, de que en esa coraza no pueden entrar el dolor, el sufrimiento o el llanto, pero tampoco la risa, la alegría o la auténtica felicidad.

Nunca has querido sentir profundamente, nunca has conocido el amor verdadero. Y no por falta de oportunidades, sino porque le tienes miedo. Yo fui tu mejor opción de conocerlo y me rechazaste con excusas baratas, con recelos provenientes de una personalidad cauta hasta la insalubridad. Temes al amor, porque temes que te hagan daño y que algún día dejes de ser como eres, que el amor te cambie y te haga sentir cosas como inseguridad, celos o arrepentimiento. Temes sufrir, porque lo único que quieres es ser feliz siendo tú misma. Eso fue lo que me enamoró de ti, la causa de que seas tan maravillosa, tan grande, tan perfecta... y de que duermas sola todas las noches.

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