—Yo solo busco a alguien que esté siempre ahí. Alguien que me apoye en lo bueno y en lo malo, que me haga reír cuando esté llorando, que si está a punto de atropellarme un camión corra y me empuje para salvarme. Yo solo quiero a alguien que de la vida entera por mí.
—Eso es mentira.
—¿Cómo que es mentira? ¿Por qué dices eso?
—Porque si eso fuera así llevarías años enamorada de mí.
—Eso...
—Eso es la verdad. Así sois las mujeres ¿sabes? Decís que no os importa tanto el físico como a nosotros, que sois más profundas, más sensibles, más todo. pero a la hora de la verdad, ¿qué? Mírate, llorando por un hombre que no te merece pero que está bueno mientras que yo estoy aquí, dándote todo eso que dices que buscas para que tú te suenes los mocos con ello como si fuera un puto pañuelo de papel. Decís que buscáis a un hombre que os haga reír, que os haga sentir especiales, que os comprenda... ¿Pues sabes qué? Tú has tenido a un príncipe azul delante de tus ojos durante dos largos años, pero este príncipe ya se ha cansado. Deberías haber llamado a tu mierda cubierta de purpurina, y no a este gilipollas que ya está cansado de ser tu amigo y solo tu amigo.
Y entonces salí de aquella casa con un portazo, consciente de que me arrepentiría de aquellas palabras como no me había arrepentido de nada hasta ese momento, de que más tarde o más temprano volvería y le pediría perdón, de que volvería a ser ese hombre perfecto que todas dicen querer pero que a la hora de la verdad ninguna escoge. Y es que los príncipes azules, por mucho que lo intentemos, no podemos dejar de ser como somos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario