05 diciembre, 2012

Vuelve a mí

Recorro pasillos hasta llegar a mi habitación, de la misma forma que recorro los laberintos de mi mente intentando, con vanos resultados, encontrar un recuerdo que no me ate a ti, una forma de detener las lágrimas que me atenazan cada noche, una razón que venza al corazón.

Todo es inútil. De nuevo tumbado en mi cama, vuelves a mí una noche más suplicando atenciones, caricias, cientos de miles de esos besos imaginarios. Una noche más vuelvo a fantasear con tu presencia en mis aposentos, veinticuatro horas después vuelve a mí esta oscura esperanza que no me ha traído más que sollozos y lamentos. Intento apartarte de mí mediante sucios trucos, imaginándote con otros hombres, machos crueles y estúpidos que serían incapaces de observarte con la luz con la que yo te miro, pero es inútil. Bajo la única luz de la luna menguante todo vuelve, sin mi permiso pero con mi bendición.

Vuelve a mí tu imagen delicada, frágil, sencilla. Vuelve a mí tu sonrisa en la noche, tus ojos encendidos de ilusión, tu piel tersa y delicada. Vuelve a mí la locura infame, el deseo sucio y carnal, la desesperación más dura y ardiente de cuantas pueda conocer el ser humano. Vuelve esta sutil y agridulce tortura, este majestuoso dolor que me da y me quita la vida a su antojo, esta prueba irrefutable de mi masoquismo más sincero. Vuelve a mí todo ello, esta paradoja permanente de querer y no querer, de amar sin poder amar, de odiarte por no poder dejar de quererte tanto al principio y al final de cada día. Vuelve esta debilidad maldita, esta fiebre que me consume día tras día, esta enfermedad que me destroza por dentro sin dejarme vivir un solo segundo en paz. Vuelve esta hipocresía que jamás perdonaste en nadie y mucho menos en mí, este amor que nunca me trajo otra cosa más que desgracia y soledad, este amor que me da la vida... y me hace que desee mirar a los ojos de la Muerte.

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