Cerrando la puerta tras de mi, algo no cuadraba. Algo no encajaba, nada era como solía ser en una casa donde nunca cambia nada. Había algo detrás de las viejas fotografías, los cuadros hechos en serie, incluso de ese baúl que contenía tantos y tantos recuerdos de una infancia que olvidé hace ya demasiado.
Era como una sospecha, como el rumor del viento. Como una ligera brisa que no te das cuenta de que está ahí hasta que para. Una brisa que no paró hasta que, con una velocidad inusualmente lenta en mí, subí las escaleras que me llevaban al baño.
Allí estabas tú. Frente a frente, tus ojos se encontraban con los míos, en el reflejo de mi gran espejo. Ese reflejo que me devolvía esa mirada fuerte y decidida, escondite de tu frágil y delicado espíritu. Tú, tan bella como siempre, tan bella como nunca.
Entonces lo comprendí. Eras tú quien se había introducido en las fotografías, en el acuario, incluso en ese espejo que tantas veces me vio llorar. Tú, una silueta sobre mi cama desvanecida en una décima de segundo. Tú, la invasora de todo mi hogar... o, mas bien, de mi maltrecha y enferma mente.
Tú no lo sabes, pero ese día empecé a dejar de quererte. Ese fue el primer día en el que te odié, aunque sólo fuera durante unas horas. Esa fue la primera de muchas noches en vela, maldiciendo tu imagen en las paredes de mi dormitorio. El primero de mis pulsos de odio hacia ti, por atreverte a invadir mi mente el mismo día que diste la espalda a mi corazón.
29 enero, 2012
25 enero, 2012
Valentía
+ Pues si a mi me dijeran que me van a pegar un tiro en la cabeza, yo no agachaba la mirada. Yo levantaba la cabeza y miraba el cañón de la pistola.
- Joder, qué valiente...
+ No es por mi valentía, es por la del que dispara. Hasta que no vea que el tío mueve el dedo no me creeré que es capaz de matar a un hombre. Porque hay que tener dos huevos para mirar a quien te dispara, pero hay que tener otros dos más gordos todavía para atreverse a hacerlo y no pegarte tú uno cinco segundos después.
- Joder, qué valiente...
+ No es por mi valentía, es por la del que dispara. Hasta que no vea que el tío mueve el dedo no me creeré que es capaz de matar a un hombre. Porque hay que tener dos huevos para mirar a quien te dispara, pero hay que tener otros dos más gordos todavía para atreverse a hacerlo y no pegarte tú uno cinco segundos después.
22 enero, 2012
Puedo joder, puedo encantar, puedo llamarte sin hablar
Un día desperté, y me di cuenta de que el miedo me impedía avanzar. Como unas cadenas que me ataban al suelo, no me dejaban explorar, ser libre, correr, volar, VIVIR. Tenía tanto miedo al fracaso que no me atrevía a alcanzar el triunfo. Un miedo paralizante, un miedo que no ha sido siempre sino mi mayor enemigo, un miedo que me lo impedía todo, incluso ser yo mismo. Un día desperté y me di cuenta de que era infeliz por culpa de ese miedo atenazante.
Ese día todo cambió. Ese día mi percepción del mundo fue totalmente distinta. Desde entonces supe que no hay que temer al fracaso ni tampoco a perder la reputación. Supe que la risa es una de las mejores formas de prevenir enfermedades leves y que quien se ríe es feliz y olvida sus problemas, al menos durante los pocos segundos que lo hace. Supe que quien ríe no siente miedo, un miedo que conocía muy bien como mi mayor antagonista.
Ese día todo cambió. Aprendí que no hay más miedo que el que uno crea, que el ridículo es pasajero y la gloria eterna, que no hay mejor risa que la que provoca uno mismo, que la mejor reputación que existe es la de no tener reputación. Aprendí que es mucho mejor ser el payaso que la estatua de la esquina. Que no hay nada más grande en esta vida que hacer felices a los demás, aunque sea durante unos segundos, y que eso que llaman "respeto" no es sino un miedo disfrazado y cobarde.
Ese día aprendí una de las mayores lecciones que me pudo dar la vida. Ese día aprendí que el fracaso no existe: que en esta vida, si eres honrado, honesto y, en general, buena persona, siempre acabas ganando más de lo que pierdes. Por eso, lo que para ti es perder, para mi, desde ese día, es ganar. Por eso soy como soy: sí, igual soy un payaso sin vergüenza y con unos límites tan lejanos que hace tiempo que no los toco... pero soy feliz, la gente se lo pasa bien conmigo y no hago daño a nadie. Y eso, señoras y señores, es lo más grande que hay en este mundo.
Ese día aprendí que tú puedes decir o pensar lo que quieras, pero que yo SOY LIBRE. Como dice una canción que hoy he vuelto a escuchar años después "Puedo joder, puedo encantar, puedo llamarte sin hablar; puedo vencer, puedo palmar, puedo saber que sin vosotros puede más"... puedo hacer todo eso y mucho más, todo lo que dice esa canción y más todavía. Porque soy libre. Y a quien no le guste, que no mire. No puedo decir otra cosa.
Ese día todo cambió. Ese día mi percepción del mundo fue totalmente distinta. Desde entonces supe que no hay que temer al fracaso ni tampoco a perder la reputación. Supe que la risa es una de las mejores formas de prevenir enfermedades leves y que quien se ríe es feliz y olvida sus problemas, al menos durante los pocos segundos que lo hace. Supe que quien ríe no siente miedo, un miedo que conocía muy bien como mi mayor antagonista.
Ese día todo cambió. Aprendí que no hay más miedo que el que uno crea, que el ridículo es pasajero y la gloria eterna, que no hay mejor risa que la que provoca uno mismo, que la mejor reputación que existe es la de no tener reputación. Aprendí que es mucho mejor ser el payaso que la estatua de la esquina. Que no hay nada más grande en esta vida que hacer felices a los demás, aunque sea durante unos segundos, y que eso que llaman "respeto" no es sino un miedo disfrazado y cobarde.
Ese día aprendí una de las mayores lecciones que me pudo dar la vida. Ese día aprendí que el fracaso no existe: que en esta vida, si eres honrado, honesto y, en general, buena persona, siempre acabas ganando más de lo que pierdes. Por eso, lo que para ti es perder, para mi, desde ese día, es ganar. Por eso soy como soy: sí, igual soy un payaso sin vergüenza y con unos límites tan lejanos que hace tiempo que no los toco... pero soy feliz, la gente se lo pasa bien conmigo y no hago daño a nadie. Y eso, señoras y señores, es lo más grande que hay en este mundo.
Ese día aprendí que tú puedes decir o pensar lo que quieras, pero que yo SOY LIBRE. Como dice una canción que hoy he vuelto a escuchar años después "Puedo joder, puedo encantar, puedo llamarte sin hablar; puedo vencer, puedo palmar, puedo saber que sin vosotros puede más"... puedo hacer todo eso y mucho más, todo lo que dice esa canción y más todavía. Porque soy libre. Y a quien no le guste, que no mire. No puedo decir otra cosa.
17 enero, 2012
La mierda tiene muchos propósitos
En esta vida, la mierda puede tener muchos propósitos. Puede servirte para hacer crecer un vínculo con otra persona, de la misma forma que el abono hace crecer una hermosa flor... o para destruirlo, como los vertidos de una fábrica convierten un río lleno de vida en otro envenenado. Puede servirte como escondite, tanto para esconder algo valioso como para tapar algo que consideras mucho peor; o como falso escondite, donde mandas a alguien que husmea en tu vida para entretenerle un rato, hacerte ganar tiempo o ambas cosas. Puede servirte para escribir, pero al hacerlo ten en cuenta que aunque en el lienzo de la vida la mierda pueda limpiarse, su olor siempre permanecerá allí.
En esta vida, la mierda puede hacer la función de muro o de pegamento, puede unirte o separarte a ciertas personas, porque recuerda que la mierda apesta, pero es pegajosa y cuesta librarse de ella. Puede servirte para enviar un mensaje, o para recibirlo, un mensaje que te será difícil olvidar. Puede ser munición, tanto en tu favor como en tu contra, puede ser una simple y certera bala en la cabeza o una bomba fétida del tamaño de Kansas City. Puede ser un recordatorio que pongas en la mesita de noche de tu vida, un recordatorio de lo que eres o de lo que no quieres (volver a) ser.
En esta vida, la mierda puede tener muchos propósitos. De ti depende el uso que le des, si a tu favor o en tu contra. Porque si la vida no hace más que tirarte mierda como si fueras un cubo de basura... ¿por qué no convertirte en basurero? Así al menos tendrás una razón de ser en la vida. Quizás no de las mejores, pero al menos tendrás una. No todos podemos decir lo mismo.
En esta vida, la mierda puede hacer la función de muro o de pegamento, puede unirte o separarte a ciertas personas, porque recuerda que la mierda apesta, pero es pegajosa y cuesta librarse de ella. Puede servirte para enviar un mensaje, o para recibirlo, un mensaje que te será difícil olvidar. Puede ser munición, tanto en tu favor como en tu contra, puede ser una simple y certera bala en la cabeza o una bomba fétida del tamaño de Kansas City. Puede ser un recordatorio que pongas en la mesita de noche de tu vida, un recordatorio de lo que eres o de lo que no quieres (volver a) ser.
En esta vida, la mierda puede tener muchos propósitos. De ti depende el uso que le des, si a tu favor o en tu contra. Porque si la vida no hace más que tirarte mierda como si fueras un cubo de basura... ¿por qué no convertirte en basurero? Así al menos tendrás una razón de ser en la vida. Quizás no de las mejores, pero al menos tendrás una. No todos podemos decir lo mismo.
12 enero, 2012
Querida Patricia
Querida Patricia:
Puta, puta ironía. Siempre he pensado que el Destino es como una mujer: siempre un paso por delante, siempre atento y alerta, siempre controlándolo todo, siempre actuando, aunque sea no actuando. Siempre manejando los hilos sutilmente, con más información que uno… y cuando se tiene información, se acaba utilizando, aunque sea inconscientemente. Puta, puta ironía.
Puta ironía, puto Destino que en mi peor noche en muchos meses te hace contactar conmigo de nuevo. Puta ironía que me hace buscar un consuelo y me hace encontrarme contigo, con un pedacito de un pasado que nunca volverá y que, por mucho que digan, siempre fue mejor. Un pasado lleno de mierda, sí, pero un pasado en el que os veía las caras día tras día y en el que la mierda era mierda, porque os tenía para dar a las cosas el valor que se merecen.
Puto Destino. Cómo se ríe de mí en la sombra, como ha hecho siempre. Cómo juega conmigo, cómo me hace lo que le da la gana a cada momento. Hijo de puta capaz de dármelo todo cuando no quiero nada y de quitármelo cuando empiezo a cogerle el gusto. Puto cabrón que no hace más que joderme vivo, quitándome la felicidad cuando más la necesito y dándomela cuando lo único que quiero es llorar y dar patadas y puñetazos como si no hubiera mañana. Dios, cómo le odio ahora mismo.
Años he pasado buscándola, querida Patricia, años. Como el hombre que busca el amor de una mujer, yo llevo años buscando eso que llaman felicidad. Años. Y, como una mujer que se sabe atractiva, el Destino ha jugado conmigo, dándome una falsa felicidad a ratos, como la mujer que se deja coquetear por el hombre que la quiere tan sólo para alimentar su enorme ego. Puto Destino, puto, que lleva años negándome esa felicidad y que en el momento en el que paso de ella y le doy la espalda, aparece delante mía y me revienta vivo. Puta ironía, puta, que hace que mi felicidad sea la causa de mi desgracia. Puta ironía, porque una sola paradoja sería capaz de destruir el continuo espacio-tiempo; pero yo, que vivo en una paradoja perenne, que odio a quien no puedo dejar de querer, que estoy hundido porque estoy mejor que nunca, que siento que no tengo nada cuando jamás he tenido tanto como ahora, sigo aquí, dando por culo. Puto Destino, puto, que me vuelve a meter en guerra justo cuando entierro mi espada y mi armadura.
Joder, no te mereces esto, querida Patricia, no te lo mereces. Ni tú ni ninguna de las personas que me conoce, ninguna. Puta ironía, puta: yo, el payaso, el que siempre tiene una gracia en la boca, el que siempre te hace sonreir saltándote por donde menos te lo esperas, es ahora el hombre más desgraciado que puedas conocer. Puta ironía, puta, puto Destino que me hace sentir el peor ser humano de este puto planeta precisamente en el momento de mi vida que más cerca estoy de la perfección. Puta ironía, puta, que me da la capacidad de ayudar a quienes más me importan en este mundo pero me hace incapaz de encontrar una triste palabra de consolación para mí mismo.
Querida Patricia, nunca he tenido mucha autoestima, y lo sabes. Siempre me he considerado un mierda, alguien de lo peor, de lo más bajo. Que lo sea o no, sinceramente no lo sé, porque soy un cobarde de la peor calaña: de los que serían capaces de dar la vida por la gente que quiere, pero de los que no son capaces de mirar en lo más profundo de su alma para descubrir quiénes son en realidad. Un alma que por no ser, no es ni siquiera mía, un alma que entregué hace ya muchos años. Puto Destino, puto, que le quita el valor a lo único valioso que me quedaba en este mundo, lo único capaz de compensar todo lo que ella siempre me ha dado.
Puta ironía, puta, que me quita el amor cuando más lo necesito y me lo da en el mismo instante en el que reniego de él. Puta ironía, que me hace ser la mejor persona del mundo cuando sólo quiero hacer daño y que me hace ser lo peor cuando quiero ser un ángel. Puta ironía, que me hace escribir esto cuando lo único que quiero es correr, huir, escapar, dejar atrás esta puta vida que nunca me he merecido y buscar otra más acorde a mi asquerosa e impura alma. Puta ironía, que me obliga a luchar por mi futuro en un momento en el que lo único que quiero hacer con mi futuro es cagarme en él y en todos sus muertos. Puta ironía, querida Patricia, que me hace dedicarte estas palabras llenas de desesperación y amargura a ti, la más dulce de cuantas personas haya conocido.
Deseándote todo lo contrario de lo que me deseo a mí,
Yo.
Puta, puta ironía. Siempre he pensado que el Destino es como una mujer: siempre un paso por delante, siempre atento y alerta, siempre controlándolo todo, siempre actuando, aunque sea no actuando. Siempre manejando los hilos sutilmente, con más información que uno… y cuando se tiene información, se acaba utilizando, aunque sea inconscientemente. Puta, puta ironía.
Puta ironía, puto Destino que en mi peor noche en muchos meses te hace contactar conmigo de nuevo. Puta ironía que me hace buscar un consuelo y me hace encontrarme contigo, con un pedacito de un pasado que nunca volverá y que, por mucho que digan, siempre fue mejor. Un pasado lleno de mierda, sí, pero un pasado en el que os veía las caras día tras día y en el que la mierda era mierda, porque os tenía para dar a las cosas el valor que se merecen.
Puto Destino. Cómo se ríe de mí en la sombra, como ha hecho siempre. Cómo juega conmigo, cómo me hace lo que le da la gana a cada momento. Hijo de puta capaz de dármelo todo cuando no quiero nada y de quitármelo cuando empiezo a cogerle el gusto. Puto cabrón que no hace más que joderme vivo, quitándome la felicidad cuando más la necesito y dándomela cuando lo único que quiero es llorar y dar patadas y puñetazos como si no hubiera mañana. Dios, cómo le odio ahora mismo.
Años he pasado buscándola, querida Patricia, años. Como el hombre que busca el amor de una mujer, yo llevo años buscando eso que llaman felicidad. Años. Y, como una mujer que se sabe atractiva, el Destino ha jugado conmigo, dándome una falsa felicidad a ratos, como la mujer que se deja coquetear por el hombre que la quiere tan sólo para alimentar su enorme ego. Puto Destino, puto, que lleva años negándome esa felicidad y que en el momento en el que paso de ella y le doy la espalda, aparece delante mía y me revienta vivo. Puta ironía, puta, que hace que mi felicidad sea la causa de mi desgracia. Puta ironía, porque una sola paradoja sería capaz de destruir el continuo espacio-tiempo; pero yo, que vivo en una paradoja perenne, que odio a quien no puedo dejar de querer, que estoy hundido porque estoy mejor que nunca, que siento que no tengo nada cuando jamás he tenido tanto como ahora, sigo aquí, dando por culo. Puto Destino, puto, que me vuelve a meter en guerra justo cuando entierro mi espada y mi armadura.
Joder, no te mereces esto, querida Patricia, no te lo mereces. Ni tú ni ninguna de las personas que me conoce, ninguna. Puta ironía, puta: yo, el payaso, el que siempre tiene una gracia en la boca, el que siempre te hace sonreir saltándote por donde menos te lo esperas, es ahora el hombre más desgraciado que puedas conocer. Puta ironía, puta, puto Destino que me hace sentir el peor ser humano de este puto planeta precisamente en el momento de mi vida que más cerca estoy de la perfección. Puta ironía, puta, que me da la capacidad de ayudar a quienes más me importan en este mundo pero me hace incapaz de encontrar una triste palabra de consolación para mí mismo.
Querida Patricia, nunca he tenido mucha autoestima, y lo sabes. Siempre me he considerado un mierda, alguien de lo peor, de lo más bajo. Que lo sea o no, sinceramente no lo sé, porque soy un cobarde de la peor calaña: de los que serían capaces de dar la vida por la gente que quiere, pero de los que no son capaces de mirar en lo más profundo de su alma para descubrir quiénes son en realidad. Un alma que por no ser, no es ni siquiera mía, un alma que entregué hace ya muchos años. Puto Destino, puto, que le quita el valor a lo único valioso que me quedaba en este mundo, lo único capaz de compensar todo lo que ella siempre me ha dado.
Puta ironía, puta, que me quita el amor cuando más lo necesito y me lo da en el mismo instante en el que reniego de él. Puta ironía, que me hace ser la mejor persona del mundo cuando sólo quiero hacer daño y que me hace ser lo peor cuando quiero ser un ángel. Puta ironía, que me hace escribir esto cuando lo único que quiero es correr, huir, escapar, dejar atrás esta puta vida que nunca me he merecido y buscar otra más acorde a mi asquerosa e impura alma. Puta ironía, que me obliga a luchar por mi futuro en un momento en el que lo único que quiero hacer con mi futuro es cagarme en él y en todos sus muertos. Puta ironía, querida Patricia, que me hace dedicarte estas palabras llenas de desesperación y amargura a ti, la más dulce de cuantas personas haya conocido.
Deseándote todo lo contrario de lo que me deseo a mí,
Yo.
04 enero, 2012
Dímelo con un beso
Ven aquí y dímelo, porque hasta que no lo oiga de tus labios no lo creeré. En realidad, ni aun así. Hasta que no me beses no lo creeré.
Ven aquí y dime que me quieres. Dime que deseas estar conmigo, que no me dejarás escapar. Dime que la próxima vez que nos veamos no me soltarás, que aceptarás mi ridícula propuesta de dejarlo todo y a todos e irnos los dos juntos donde nadie pueda encontrarnos. Tú, yo y una isla desierta. Y si no está desierta, echamos a quien esté para quedarnos solos en nuestro diminuto reino.
Ven aquí y dime que me quieres. Dime que mis esfuerzos por ser el mejor hombre del mundo han dado resultados, dime que he conseguido ponerme a tu altura, tú, la más bella entre las bellas. Dime que lo he conseguido, que he llegado más alto que ningún otro hombre. Y si otro llegó antes, tiramos esa bandera colina abajo para quedarnos solos en nuestro diminuto reino.
Ven aquí y dímelo, pero no me lo digas con gestos ambivalentes y confusos, fruto de tus miedos más lógicos. Dímelo con palabras, dímelo con un "Te quiero". En realidad, ni aun así. Dímelo con un beso.
Ven aquí y dime que me quieres. Dime que deseas estar conmigo, que no me dejarás escapar. Dime que la próxima vez que nos veamos no me soltarás, que aceptarás mi ridícula propuesta de dejarlo todo y a todos e irnos los dos juntos donde nadie pueda encontrarnos. Tú, yo y una isla desierta. Y si no está desierta, echamos a quien esté para quedarnos solos en nuestro diminuto reino.
Ven aquí y dime que me quieres. Dime que mis esfuerzos por ser el mejor hombre del mundo han dado resultados, dime que he conseguido ponerme a tu altura, tú, la más bella entre las bellas. Dime que lo he conseguido, que he llegado más alto que ningún otro hombre. Y si otro llegó antes, tiramos esa bandera colina abajo para quedarnos solos en nuestro diminuto reino.
Ven aquí y dímelo, pero no me lo digas con gestos ambivalentes y confusos, fruto de tus miedos más lógicos. Dímelo con palabras, dímelo con un "Te quiero". En realidad, ni aun así. Dímelo con un beso.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)