Querida Patricia:
Puta, puta ironía. Siempre he pensado que el Destino es como una mujer: siempre un paso por delante, siempre atento y alerta, siempre controlándolo todo, siempre actuando, aunque sea no actuando. Siempre manejando los hilos sutilmente, con más información que uno… y cuando se tiene información, se acaba utilizando, aunque sea inconscientemente. Puta, puta ironía.
Puta ironía, puto Destino que en mi peor noche en muchos meses te hace contactar conmigo de nuevo. Puta ironía que me hace buscar un consuelo y me hace encontrarme contigo, con un pedacito de un pasado que nunca volverá y que, por mucho que digan, siempre fue mejor. Un pasado lleno de mierda, sí, pero un pasado en el que os veía las caras día tras día y en el que la mierda era mierda, porque os tenía para dar a las cosas el valor que se merecen.
Puto Destino. Cómo se ríe de mí en la sombra, como ha hecho siempre. Cómo juega conmigo, cómo me hace lo que le da la gana a cada momento. Hijo de puta capaz de dármelo todo cuando no quiero nada y de quitármelo cuando empiezo a cogerle el gusto. Puto cabrón que no hace más que joderme vivo, quitándome la felicidad cuando más la necesito y dándomela cuando lo único que quiero es llorar y dar patadas y puñetazos como si no hubiera mañana. Dios, cómo le odio ahora mismo.
Años he pasado buscándola, querida Patricia, años. Como el hombre que busca el amor de una mujer, yo llevo años buscando eso que llaman felicidad. Años. Y, como una mujer que se sabe atractiva, el Destino ha jugado conmigo, dándome una falsa felicidad a ratos, como la mujer que se deja coquetear por el hombre que la quiere tan sólo para alimentar su enorme ego. Puto Destino, puto, que lleva años negándome esa felicidad y que en el momento en el que paso de ella y le doy la espalda, aparece delante mía y me revienta vivo. Puta ironía, puta, que hace que mi felicidad sea la causa de mi desgracia. Puta ironía, porque una sola paradoja sería capaz de destruir el continuo espacio-tiempo; pero yo, que vivo en una paradoja perenne, que odio a quien no puedo dejar de querer, que estoy hundido porque estoy mejor que nunca, que siento que no tengo nada cuando jamás he tenido tanto como ahora, sigo aquí, dando por culo. Puto Destino, puto, que me vuelve a meter en guerra justo cuando entierro mi espada y mi armadura.
Joder, no te mereces esto, querida Patricia, no te lo mereces. Ni tú ni ninguna de las personas que me conoce, ninguna. Puta ironía, puta: yo, el payaso, el que siempre tiene una gracia en la boca, el que siempre te hace sonreir saltándote por donde menos te lo esperas, es ahora el hombre más desgraciado que puedas conocer. Puta ironía, puta, puto Destino que me hace sentir el peor ser humano de este puto planeta precisamente en el momento de mi vida que más cerca estoy de la perfección. Puta ironía, puta, que me da la capacidad de ayudar a quienes más me importan en este mundo pero me hace incapaz de encontrar una triste palabra de consolación para mí mismo.
Querida Patricia, nunca he tenido mucha autoestima, y lo sabes. Siempre me he considerado un mierda, alguien de lo peor, de lo más bajo. Que lo sea o no, sinceramente no lo sé, porque soy un cobarde de la peor calaña: de los que serían capaces de dar la vida por la gente que quiere, pero de los que no son capaces de mirar en lo más profundo de su alma para descubrir quiénes son en realidad. Un alma que por no ser, no es ni siquiera mía, un alma que entregué hace ya muchos años. Puto Destino, puto, que le quita el valor a lo único valioso que me quedaba en este mundo, lo único capaz de compensar todo lo que ella siempre me ha dado.
Puta ironía, puta, que me quita el amor cuando más lo necesito y me lo da en el mismo instante en el que reniego de él. Puta ironía, que me hace ser la mejor persona del mundo cuando sólo quiero hacer daño y que me hace ser lo peor cuando quiero ser un ángel. Puta ironía, que me hace escribir esto cuando lo único que quiero es correr, huir, escapar, dejar atrás esta puta vida que nunca me he merecido y buscar otra más acorde a mi asquerosa e impura alma. Puta ironía, que me obliga a luchar por mi futuro en un momento en el que lo único que quiero hacer con mi futuro es cagarme en él y en todos sus muertos. Puta ironía, querida Patricia, que me hace dedicarte estas palabras llenas de desesperación y amargura a ti, la más dulce de cuantas personas haya conocido.
Deseándote todo lo contrario de lo que me deseo a mí,
Yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario