29 febrero, 2012

Bienvenida a mi corazón

¿Por qué no has entrado directamente? ¡El timbre está de adorno! Venga, entra, sin miedo. Si no hay puerta es por algo.

Si estás aquí es porque has atravesado el pasillo sin volverte corriendo. Mucha gente lo hace, ¿de verdad no has sentido ese impulso? Los cuadros que cuelgan allí son imágenes de mi vida, de algunos de mis momentos más importantes. Algunos de los más feos, los más horripilantes, los que harían que la mayoría de la gente corriente saliera huyendo. Si has llegado aquí sin volverte, supongo que es porque sabes que una persona no es sólo el cúmulo de sus peores experiencias. Felicidades, poca gente entiende eso a la primera.

Siéntate dónde quieras. ¿Cómo que dónde? En cualquier cama, coge la que más te guste. No tengo sillas, lo siento: una silla es para alguien que está de paso, que va y viene. Yo tengo camas, por si quieres quedarte una noche. O una semana. O toda tu vida. Tú misma.

No, lo siento, no puedo encender la calefacción. De verdad que no. Yo nunca he sabido dónde está el termostato en este lugar, por eso hace siempre tanto frío. Si quieres puedes meterte en la cama, hay muchas mantas. O puedes encender un fuego, o traerte una estufa, tal vez incluso instalar tu propio acondicionador de aire, para calentar un poco este lugar. Tú mandas.

Perdona el desorden. Supongo que tú lo entenderás: para ordenar antes hay que desordenar. ¡Y eso que no viste cómo estaba esto hace un año! Ahora al menos se puede vivir aquí, antes no se podía ni entrar. Pero con trabajo pude adecentar esto un poco. Si quieres ayudarme, por mi perfecto :)

¿Te parecerá raro ver esto tan poco decorado, verdad? Es normal. Mis recuerdos están en otro lugar, al norte, lejos de aquí. En este lugar sólo guardo camas, en las que duerme la gente que me quiere lo suficiente como para pasar aquí cierto tiempo. La poca decoración que puedes ver es suya, así que ya sabes, si quieres colgar algo, poner algún mueble o incluso abrir una ventana para que entre algo de aire, tú misma.

¿Que dónde duermo yo? Depende. Tengo mi propia cama, pero a veces me gusta venir aquí y dormir acompañado. Mirar a los ojos a mi familia, a mis amigos, a toda la gente que está aquí, para después mirar el álbum de fotos que siempre me acompaña y ponerme a recordar. A veces cosas buenas y a veces cosas malas, depende de como haya ido el día, supongo.

Bueno, no te doy más la lata. Cuando quieras hablar o simplemente estar conmigo un rato, llámame. Acudiré lo más rápido que pueda, ¿vale? Venga, voy a seguir limpiando esto un poco, tirando lo que sobra y eso. Ya sabes, mantenimiento.

Ah, y por cierto... Bienvenida a mi corazón ;)

25 febrero, 2012

Ciclos

Y es que la vida es así. Ciclos que surgen, que van formándose, que beben directamente de las experiencias pasadas. Círculos que avanzan unos detrás de otros, en una espiral interminable que asciende mucho más lentamente de lo que pueda parecer en un principio.

Experiencias que te remiten a sucesos de tu pasado, sucesos que quisiste olvidar hace mucho o que siempre quisiste volver a rememorar. Personas que te recuerdan a otras personas, sentimientos calcados a los que una vez sentiste, grupos en los que cada persona tiene un papel, un papel que ya te sabes de memoria, porque una vez, un día, hace mucho tiempo, ya actuaste en esa misma obra de teatro. Solo que con otros actores y actrices.

Si mi vida fuera una novela... mis fans criticarían mi última obra. Porque sí, quizás los personajes que en ella aparecen sean en su mayoría caras nuevas... pero las historias que tienen detrás son las mismas. Supongo que ese es el miedo que me inunda ahora mismo: que se repitan las mismas historias. El mismo inicio. El mismo desarrollo. Y, sobre todo, el mismo final.

22 febrero, 2012

Life is just like poker

Me encanta cuando me hundo de tal manera que llorar no me desahoga. Eso significa que he tocado fondo de verdad, hasta el punto de obligarme a actuar. A moverme, a hacer algo, algo que no me atrevería a hacer en otra circunstancia. Algo que tiene todas las papeletas de hacerme infeliz... porque en ese momento no se puede ser más infeliz. Me gusta arriesgar, especialmente cuando no tengo nada que perder. Cuando llegas a ese punto, ser insensato y hacer un all-in es lo más sensato. Jugartelo todo cuando no tienes nada es una jugada maestra, una jugada que pocos se atreven a llevar a cabo. Algunos nunca lo han hecho, la mayoría sólo se han atrevido alguna vez aislada. Yo soy un experto. Es mi jugada clave, la que me define en esta gran partida de póker que es la vida. Hacer un all-in cuando ya no quedan fichas... y ganar. En el póker de verdad puede que no tenga suerte, que no sepa jugar, o ambas cosas. Pero en la vida... amig@, en la vida siempre acabo ganando. Como para no hacerlo: si la gente que te rodea son las cartas, a mí nada más que me salen figuras y ases. Así gana cualquiera :)

La verdad es que nunca he sabido jugar. Sólo así se explica que con las cartas que siempre me han tocado, haya perdido más de una y más de dos manos importantes. Pero ahora? Oh, ahora estoy aprendiendo, aprendiendo de verdad. Y cuando sepa jugar de verdad, con las cartas que tengo... :)

17 febrero, 2012

Cuando el telón cae, el vencedor siempre soy yo

Experta en el trato con la gente, en presentarte frente a cientos de personas como la protagonista de nuestras vidas, en luchar contra el miedo escénico de aquel que se sabe el centro de atención de un núcleo de personas. Experta en actuar.

Durante todo el tiempo que fuimos novios, siempre tuve una duda muy importante. De hecho, te la planteé más de una vez, dedicándome tu sonrisa más enigmática cada vez que lo hacía, pero sin obtener respuesta jamás. ¿Realmente me quisiste? ¿O eres en realidad la mejor actriz que nunca he conocido? Durante años tuve esa duda en mi mente, una duda que se va disipando cada vez más. Cuanto más tiempo pasamos alejados, cuanta más perspectiva tengo de nuestra relación, cuanto más "amigos" y menos ex-novios somos, más cuenta me doy de lo buena actriz que eres. De lo bien que sabes esconder tus sentimientos, no sólo hacia mi, sino también al resto del mundo.

Pero eso no me importa. No me importa lo buena actriz que seas, lo buena que parezcas de cara a los demás. Sí, quizás en la obra de teatro que es la vida, la ovacionada hayas sido tú. Pero, lo quieras o no, el telón cae todas las noches. Y cuando eso ocurre y sólo nos encontramos tú y yo, frente a frente... el vencedor siempre soy yo.

14 febrero, 2012

Errores

Reconozco que me equivoqué. Reconozco que a veces fui insensible. Reconozco que a veces fui frío, indiferente hacia tus sentimientos, que permanecí quieto ante tu sufrimiento. Reconozco que fui un capullo, un tonto y, sobre todo, un gilipollas.

Pero tú también te equivocaste. Fuiste dura y exigente, realmente absorbente. Celosa hasta el extremo en ocasiones, pegajosa en muchas otras. Durante años dudaste de mi amor por ti, algo que a día de hoy me saca una sonrisa, sabiendo que lo nuestro acabó precisamente porque fuiste tú quien acabó con lo nuestro porque "dudabas de tus sentimientos". No dudabas de tus sentimientos: sabías perfectamente que no me amabas y que le amabas a él, pero aún sigues negándolo. Reconocelo, tú también te equivocaste.

Adelante, ven. Échame en cara mis errores: no harás nada que no haya hecho yo antes. Quieres luchar? Luchemos. Pero el arma con el que estás dispuesta a atacarme ya está descargada. Yo mismo la cogí y me disparé con ella en lo que ahora me parece otra vida. Una vida en la que aún te quería.

12 febrero, 2012

Entiendo que busques la perfección

Buscas al hombre perfecto. Buscas a ese hombre que te despierte con las mismas palabras con las que te acostaste la noche anterior: "Te quiero". Buscas a ese hombre fuerte, apuesto y viril, pero que sea sensible y delicado a la vez. Buscas a un compañero de viaje, alguien que siempre esté ahí pero del que nunca puedas cansarte. Alguien que no soporte tus pequeñas manías, sino que sonría con ellas. Lo buscas todo.

Entiendo que busques la perfección. Lo que no entiendo es que no la veas cada mañana cuando te miras al espejo.

07 febrero, 2012

Ojos elementales

Ojos de hielo. Ojos fríos, inertes, inexpresivos. Ojos que te evitan, que huyen de tu rostro, de tu pelo, de tu cuerpo. Ojos que te dan la espalda, ojos que no quieren coincidir con los tuyos. Ojos que intentan reflejar la indiferencia que reflejan los tuyos, pero que, como un hielo mal formado, apenas consiguen hacerlo.

Ojos de aire. Ojos de un viento que mueve mis ojos en dirección hacia ti. Ojos que se dirigen hacia tu rostro, tu pelo, tu cuerpo. Ojos que no pueden evitar el contacto con los tuyos, ojos movidos por un viento tan potente que derriban incluso la más fuerte de mis voluntades. Ojos que buscan a los tuyos, anhelando encontrar en ellos la esperanza de un amor ya muerto hace mucho.

Ojos de fuego. Ojos ardientes en desesperación, ojos inmersos en el infierno más puro jamás creado por el hombre. Ojos que concentran en ellos toda la temperatura de un cuerpo que jamás estuvo tan frío. Ojos que son brasas ardientes, ojos que incluso se tornan del color rojo de un fuego que me consume por dentro.

Ojos de agua. Ojos que no pueden evitar soltar esas lágrimas, lágrimas provenientes del dolor de saber que ese amor nunca volverá. Ojos que inundan mi almohada, mi cama, mi habitación. Ojos que me recuerdan que la vida es como un gran pantano y que, cuando llueve mucho, debes abrir las compuertas y dejar que salga algo del líquido elemento.

02 febrero, 2012

Escritor

Sí, vale, lo reconozco: mi autoestima no está precisamente por las nubes. Al contrario, vuela a ras de suelo. Nunca me he creído por encima de casi nadie, simplemente porque no me gusta. Prefiero estar cerca del suelo, porque una de las primeras lecciones que me enseñó la vida es que cuanto más alto subas, más dura será la caída. Eso, para alguien casi superdotado, con cierto carisma y con una personalidad única (en el buen sentido), debería implicar un trabajo titánico. Pero por diversas circunstancias, no puedo ser consciente de las ventajas que ello me supone. Jamás he presumido de ninguno de mis logros: no por humildad, que la tengo, sino porque nunca he pensado que alguno de esos logros provenga de mi, de mis cualidades o de mi esfuerzo. Todo lo he atribuído siempre a la suerte, una de las pocas amigas que he tenido desde siempre y que jamás me han abandonado.

Pero el tiempo pasa. Te vas haciendo mayor. Te ocurren cosas. Y de repente un dia te ves obligado a dejarlo todo atrás. Todo lo que siempre te acompañó, todo aquello que siempre pensaste que contenía la esencia de tu suerte y tu destino. Y es entonces cuando te das cuenta de que quizás, en un acto de madurez, debas empezar a reconocer tus propios méritos. A decir: "Yo dejé esa huella en el mundo". A pensar que tal vez, y sólo tal vez, puedas ser mejor que alguien en algo, aunque sepas que siempre habrá alguien mejor que tú en alguna parte. A dejar de pensar que puede que no seas un mierda, un ser inestable con un posible principio de transtorno bipolar, sino que tal vez, sólo tal vez, todo el mundo tiene los mismos prolemas que tienes tú, en mayor o menor medida.

Supongo que en realidad, por eso empecé a escribir. Porque un día alguien pensó que yo sería bueno escribiendo. Que tal vez no sería capaz de escribir un libro, pero que igual podría escribir algún cuento, algún relato, alguna pequeña historia. Esa pequeña historia que es mi vida.

Hoy, gracias a ese comentario lleno de cariño, tengo dos libros a mis espaldas y un tercero en camino. De vez en cuando escribo pequeños relatos sobre personas que no conozco y que jamás conoceré, personas a las que veo en un vagón de metro, en un banco de un parque, caminando por las calles de mi ciudad. Personas que me inspiran y me dan historias que enriquecen mi vida. Y también escribo pequeños textos, que en ocasiones publico aquí, en otras lo hago en mi tablón de Tuenti y en otras muchas las dos cosas.

Gracias a ese comentario lleno de cariño, que me animó a escribir un texto de seis páginas que acabó derivando en mi primer libro, hoy escribo. Porque ese comentario me hizo pensar que tal vez, sólo tal vez, lo que yo tuviera que decir le podría interesar a alguien. A una persona, a cien, a mil; eso es lo de menos. Lo importante era dejar huella en alguien, hacerle reflexionar, pensar, sentir de verdad, un arte que poco a poco va desapareciendo de nuestras vidas. Lo importante es ser capaz de llegar al corazón de alguien a través de mis palabras. Eso es lo que me llena como persona, y por lo tanto eso es lo que soy, aunque no sea famoso ni gane un duro con ello. Escritor.