Reconozco que me equivoqué. Reconozco que a veces fui insensible. Reconozco que a veces fui frío, indiferente hacia tus sentimientos, que permanecí quieto ante tu sufrimiento. Reconozco que fui un capullo, un tonto y, sobre todo, un gilipollas.
Pero tú también te equivocaste. Fuiste dura y exigente, realmente absorbente. Celosa hasta el extremo en ocasiones, pegajosa en muchas otras. Durante años dudaste de mi amor por ti, algo que a día de hoy me saca una sonrisa, sabiendo que lo nuestro acabó precisamente porque fuiste tú quien acabó con lo nuestro porque "dudabas de tus sentimientos". No dudabas de tus sentimientos: sabías perfectamente que no me amabas y que le amabas a él, pero aún sigues negándolo. Reconocelo, tú también te equivocaste.
Adelante, ven. Échame en cara mis errores: no harás nada que no haya hecho yo antes. Quieres luchar? Luchemos. Pero el arma con el que estás dispuesta a atacarme ya está descargada. Yo mismo la cogí y me disparé con ella en lo que ahora me parece otra vida. Una vida en la que aún te quería.
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