Me encanta cuando me hundo de tal manera que llorar no me desahoga. Eso significa que he tocado fondo de verdad, hasta el punto de obligarme a actuar. A moverme, a hacer algo, algo que no me atrevería a hacer en otra circunstancia. Algo que tiene todas las papeletas de hacerme infeliz... porque en ese momento no se puede ser más infeliz. Me gusta arriesgar, especialmente cuando no tengo nada que perder. Cuando llegas a ese punto, ser insensato y hacer un all-in es lo más sensato. Jugartelo todo cuando no tienes nada es una jugada maestra, una jugada que pocos se atreven a llevar a cabo. Algunos nunca lo han hecho, la mayoría sólo se han atrevido alguna vez aislada. Yo soy un experto. Es mi jugada clave, la que me define en esta gran partida de póker que es la vida. Hacer un all-in cuando ya no quedan fichas... y ganar. En el póker de verdad puede que no tenga suerte, que no sepa jugar, o ambas cosas. Pero en la vida... amig@, en la vida siempre acabo ganando. Como para no hacerlo: si la gente que te rodea son las cartas, a mí nada más que me salen figuras y ases. Así gana cualquiera :)
La verdad es que nunca he sabido jugar. Sólo así se explica que con las cartas que siempre me han tocado, haya perdido más de una y más de dos manos importantes. Pero ahora? Oh, ahora estoy aprendiendo, aprendiendo de verdad. Y cuando sepa jugar de verdad, con las cartas que tengo... :)
No hay comentarios:
Publicar un comentario