31 octubre, 2011

No tienes derecho

No. Lo siento, pero no puedes hacerlo. No tienes derecho. No, no lo tienes. No tienes derecho a sentirte mal porque a ella le haya hecho el regalo que siempre quisiste cuando estábamos juntos. No, porque si no lo tienes no es por mi culpa, es por la tuya.

¿Tengo que recordártelo? ¿Tengo que recordarte que fuiste tú la que empezaste con el comportamiento frío y distante? ¿Que eras tú la que volvía la cara cuando buscaba un beso? ¿Que fuiste tú la que, sin motivo aparente, de un día para otro, dejaste de sentir ese cosquilleo en el estómago cada vez que me veías? ¿Tengo que recordarte que intentaste dejarlo conmigo al menos tres veces hasta que tuve que hacerlo yo, harto de intentar revivir el cadáver de una relación muerta mucho tiempo atrás?

No. Lo siento, pero no tienes derecho a echarme en cara que le haga regalos, o que le mande mensajes, o que quiera estar a solas con ella. No tienes derecho a recriminarme que comience a pasar página después de un año, cuando tú lo hiciste en menos de un mes. No tienes derecho a pedirme que te trate como lo hice siempre, exceptuando todo lo que el amor conlleva, porque eso fue precisamente lo que te pedí que hicieras tú cuando lo dejamos y te negaste. No, lo siento, pero no puedes hacerlo. Hace un año te lo habría permitido, hoy no. Porque no puedes pedir a un hombre normal que haga lo que hace un hombre enamorado.

29 octubre, 2011

Hay 3500 millones de oportunidades

Mucha gente canta alabanzas a ese estado de libertad casi absoluta, pero, siendo sinceros, la soltería es un estado bastante lamentable. Una vez que descubres las bondades de la vida en pareja, del amor sincero, de pasar un domingo bajo una manta viendo una película junto a esa persona especial sin que nada más importe, la soltería te sabe a poco. Aunque estés bien, aunque estés feliz, siempre notarás que te falta algo, aunque sea inconscientemente.

Sin embargo, a pesar de ésto, hay algo que sólo la soltería es capaz de darte, y es esa capacidad infinita de seguir sorprendiéndonos cuando, tras meses de anhedonia absoluta, de sentir que nada ni nadie te emociona, justo cuando en el momento en el que piensas que nunca volverás a sentir esa sensación, de repente, de la nada, aparece alguien y te gusta. Y esa sorpresa se torna en la incredulidad más absoluta cuando, sorpresas de la vida, resulta que es recíproco. Hay algo que sólo la soltería es capaz de darte, y es la emoción del juego, del medir con precisión milimétrica lo que das a esa persona que hoy es poco más que una desconocida, pero que tal vez mañana sea la persona más importante del mundo.

Sí, es cierto, tal vez esa sensación de incredulidad, de contemplar el mundo con otros ojos, pasa veloz como un suspiro. Pero si juntásemos todas las de una vida, si por una vez, en un acto de locura en su estado más puro, nos decidiéramos por la cantidad antes que por la calidad, ¿no sería posible que ese cúmulo de microentusiasmos superase la intensidad de un amor desgarrado, uno solo? Yo no tengo la respuesta, pero ¿quién sabe? Tal vez valga la pena intentarlo. Hay 3500 millones de oportunidades.

27 octubre, 2011

Libertad, donde has estado todo este tiempo?

I just love it. Libertad, pura libertad. El corazón bombeando libertad en su estado más puro. Dios, cuánto hace que no sentía esto?

Dios, te quiero. Os quiero a todos. Sois la puta caña. LIBERTAD!! Libertad para decir esto, libertad para decir que no me importa lo que pienses, lo que digas, lo que puedas sentir. Dios, gracias!! Gracias a todos los que estáis ahí, GRACIAS!! DIOS, ESTO ES ACOJONANTE!! Pensaréis que me he vuelto loco, PERO ME DA IGUAL!!! SI! ME DA IGUAL!! POR PRIMERA VEZ EN MUCHO TIEMPO, SOY LIBRE, SOY LIBRE DE VERDAD!!! Si, si, si!!

Dios, qué subidón... La puta libertad corre por mis venas, unas venas cargadas de adrenalina, de sangre, de endorfinas... de felicidad. Mi corazon late a mil por hora, tal vez de la emoción, tal vez del carrerón que me acabo de pegar desde el Burger King hasta mi piso... No lo sé, y no me importa.

Que hay más grande que esto? Que hay mas grande que correr bajo una lluvia que te golpea, que te limpia por dentro, que te hace sentir eso que hace tanto que no sentías? Que hay más grande que sonreir por sonreir? DECIDMELO!! DECIDMELO SI PODEIS, PORQUE SI EXISTE QUIERO PROBARLO!!

Me la suda si os conozco o si no os conozco, si estais hartos de oirme hablar o si no sabéis cómo suena mi voz. SOY LIBRE. ESTOY FELIZ. LA VIDA ME SONRIE. Y SI ALGUIEN TIENE ALGO QUE OBJETAR, NO PUEDO MAS QUE DECIRLE... QUE TE DEN POR CULO!!!!!!!!!

PD: Perdon si esta poco estructurado, si no tiene mucho sentido, si algo no os encaja... Escribo esto con un subidon de endorfinas impresionante, acabo de correr bajo la lluvia como no lo he hecho en mi vida... Y ME ENCANTA!!

24 octubre, 2011

A la larga termina cansando

Ser el protagonista de la telenovela favorita de Dios cansa, de verdad. Sólo así pueden explicarse todos los giros argumentales que ha tenido mi vida.

Desde los diez años mi vida ha sido como una de esas series de adolescentes que echan los miércoles por la noche. Amor, desamor, traición, pasión desenfrenada, problemas a puntapala, celos, odio irracional... Todo eso lo he vivido o lo he sufrido en mis propias carnes, en mi propio ser. Y cansa, ya lo creo que cansa.

Sí, todo tiene su parte buena, incluso esto: porque eso me ha permitido tener una vida interesante y llena de matices, me ha permitido superarme a mí mismo y forzar mis límites. Tengo una vida emocionante, una vida en la que no se cierra una trama sin que aparezca otra, una vida que me ha dado inspiración para crear no una novela, sino toda una saga de novelas. Una vida en la que siempre ocurre algo... como en una serie para adolescentes. El problema es que, como una serie de adolescentes, a la larga termina cansando.

20 octubre, 2011

Reflexiones nocturnas II

Anoche, tumbado en mi cama, mirando a un techo que no podía ver, sin más ruido que el de la nada, me dio por pensar. Pensaba en el tiempo, esa amante cruel que nos arrastra contra nuestra voluntad o que nos deja varados cuando necesitamos huir.

Ayer pensé sobre el tiempo, sobre todo lo que me ha robado. No, no hablo de un amor que fue y que ya no existe, puesto que en mi vida siempre ha estado presente el amor, de una u otra forma. No hablo de unas amistades que cada día están más lejos, pero que al menos siguen estando. No hablo de mis sueños y esperanzas, que cada día que pasan son cada vez más el único clavo ardiendo al que agarrarme.

No, el tiempo me ha robado otra cosa. El tiempo me robó a mí mismo. El tiempo me convirtió en este muñeco que sonríe ante la gente, que es divertido, dinámico, siempre alegre, siempre con una broma en los labios, siempre haciendo sonreír a los demás. El tiempo me robó mi personalidad, mi forma de ser. El tiempo me robó mi sinceridad más profunda, mi capacidad de decir a los demás...

Que hoy estoy mal. Que quiero llorar, y quiero que me escuchen, quiero que sepan por qué estoy así, quiero que me comprendan, quiero que me digan algo que alivie este dolor, este fuego que me quema por dentro y que ya me consumió una vez, este fuego que cada vez me da más miedo y me paraliza más. Quiero que alguien esté ahí de verdad, y que cuando esté a punto de arder en mi propia desesperación, me de una torta, me haga mirarle a los ojos y me diga "¿Qué haces? ¡Éste no eres tú! ¡Levántate! ¡Lucha! Sé feliz, y no te preocupes por nada, porque yo siempre estaré contigo".

Tiempo, te odio. Te odio por haberme convertido en este ser falsamente insensible incapaz de demostrar su dolor. Te odio por hacer que cada mañana me obligues a mirarme al espejo, por obligarme a convivir con ese ser que se refleja en él y al que desearía hacer reaccionar, hacerle ver que hay cosas que tienen valor, que hay cosas por las que vale la pena luchar de verdad. Tiempo, te odio por haberme convertido en lo que hoy soy: un ser vacío que ni siquiera se tiene a sí mismo, un ser que sólo tiene estas palabras que tú, estimad@ lector/a, estás leyendo ahora mismo.

18 octubre, 2011

Al menos en teoría

Hoy he dado un paso de gigante. Hoy he hecho algo que llevo queriendo hacer desde hace más de un año, desde antes incluso de que lo dejáramos. Hoy he roto su foto conmigo, la que siempre llevé en mi cartera, la que nos hicimos cuando empezamos a salir y que siempre nos encantó a los dos. Hoy he roto la foto que me regaló junto a esa cartera, y eso me ha hecho sentir bien. Contento, alegre, libre. Poco a poco voy cortando las pocas cadenas que quedan, las pocas que todavía me atan a ella y que ella misma pudo cortar hace tiempo pero no quiso por respeto, cariño, miedo o conveniencia.

Hoy me siento libre, más que nunca. Cada día que pasa la recuerdo menos, la añoro menos, la necesito menos. Cada día que pasa soy más libre, más yo mismo, y más feliz... Al menos en teoría.

15 octubre, 2011

Si yo te entiendo

Si yo te entiendo. Joder que si te entiendo. Si a mí me ha pasado exactamente lo mismo, si yo estuve un día en tu misma situación. No digas que no lo entiendo, porque si hay alguien en este mundo que sabe todo lo que está pasando por tu cabeza soy yo.

¿Crees que no lo sé? ¿Crees que no sé que te sientes mal cuando me ves, que te gustaría devolverme aunque sólo fuese un poco de todo lo que yo te doy? Claro que lo sé, querida, claro que lo sé. Si una vez, un día, toda una vida para mí, yo también estuve donde estás tú. También se enamoraron de mí sin que yo pudiese corresponder ese sentimiento. También me lo dieron todo, se entregaron a mí al 100%, hicieron todo lo que pudieron para atraer un poco de mi atención y obtener una de mis sonrisas. Si una vez, alguien a quien apreciaba también me miraba como a la persona más especial del mundo. Sé lo que significa esa mirada, y sé lo que duele no poder corresponderla.

Yo te quiero, pero tú a mí no. Te entiendo, te entiendo más que a nadie. Y esto te duele a ti, y me duele a mí... Pídeme lo que quieras, pero no me pidas ésto. ¿Qué más podría hacer, aparte de entregarme a ti al 100%? Si no puedo hacer otra cosa, si de un día para otro tu sonrisa se ha convertido en el mayor tesoro de la humanidad... Pídeme lo que quieras, pero no me pidas que no haga lo imposible por contemplarla una y otra vez. Por favor.

12 octubre, 2011

Y sigue utilizándome

Y sigue utilizándome. Sigue haciendo conmigo lo que quiere, a cada momento, jugando conmigo, manejándome como un titiritero maneja a sus marionetas. Y yo, quien tiene el auténtico control, sigo permitiéndolo, y el caso es que todavía no sé por qué.

Al menos ya me he dado cuenta. Al menos ya soy consciente de que soy un perrito faldero, que cuando ella hace sonar su silbato yo acudo veloz moviendo la colita. Supongo que llevo demasiado tiempo haciéndolo, y que ya estoy acostumbrado. Por eso deseo volver a enamorarme y romper este último lazo que me ata a ella, para acostumbrarme a otra cosa, a algo mejor, a un amor que sea de los dos y no a este juego en el que uno tira el palo y el otro lo recoge...

10 octubre, 2011

Que el amor no funciona así

Tú qué te crees, que cuando el príncipe le puso el zapatito de cristal a la Cenicienta ya todos fueron felices y comieron perdices? No, señorita, no. Tú te crees que el Rey, el padre del príncipe, se iba a conformar con que su hijo se casase con una plebeya, una muchacha huérfana y sin sangre azul? Y la madre del príncipe, que pasa con ella? Ahora va a ser ella la única suegra perfecta que hay en el mundo o que?

Además, la madrastra y las hermanastras, conociéndolas, seguro que se fueron a vivir al palacio con Cenicienta. Vamos, ya las veo como reinonas en sus carruajes, saludando despectivamente a lo que ellas llamarían "la chusma", una "chusma" a la que ellas pertenecían antes. Ya oigo las risas estridentes en la mesa real, y el rey poniendo los ojos en blanco, obligado a ver ese espectáculo grotesco junto a su escandalizada esposa.

Que no, que me da igual lo que digas, que el amor no funciona así. Que no sois vosotros dos en una isla, perdidos, alejados del mundo sin que nadie más importe, que el resto del mundo, lo quieras o no, siempre está a tu alrededor. Y si te molesta... te aguantas.

08 octubre, 2011

One of those days

Hoy es uno de esos días especiales. Uno de esos días en los que no es el Destino el que me guía por sus definidos pero invisibles raíles. No. Hoy es uno de esos días en los que se desactiva el piloto automático y mi buen amigo el Destino, que tantas alegrías me ha proporcionado y tantas malas jugadas me ha pasado, me pasa a mí las riendas para que, con un sólo acto, con una sola conversación, con un solo beso, selle las pocas grietas que quedan en mi futuro.

Hoy es uno de esos días. Hoy debo elegir: libertad o fidelidad a mí mismo. Hoy debo elegir si me entrego a una vida de placeres continuos y sin sentido, pero placeres al fin y al cabo, o si me entrego al 100% a un amor que no puede ser correspondido y que sólo me traerá sufrimiento. En realidad, ya sé cuál es mi elección... pero nunca confié en mi mismo. Lo que hoy haga cambiará el rumbo de mi vida, para bien o para mal. Sólo espero no arrepentirme de mi elección, sea cual sea.

07 octubre, 2011

Una vida que de mí depende

Y es que para alguien como yo, escribir un libro de más de 300 páginas no es nada complicado. Tiendo a explayarme, a contar cada detalle, a contar aquello que es sutil y obviar lo que es obvio. Mi reino no es el de los relatos cortos, mi reino es el de los grandes libros. Mi habilidad no es contar lo sucedido a un personaje en un día, mi habilidad es mirar a la gente, en la calle, en el metro, en un restaurante o cuando está de fiesta, e inventar una historia para cada uno, una vida que se enlaza con la del resto del mundo como por arte de magia.

Leer es mi vida, y escribir es mi pasión. Si pudiera hacerlo, estos dedos teclearían hasta el fin de mis días... pero tengo una vida que atender. Una vida a veces mediocre, a veces triste, a veces sin sentido, pero una vida al fin y al cabo, una vida que de mí depende.

03 octubre, 2011

Ya sabes, lo típico

¿Que cómo estoy? Ya sabes, lo típico. Un día estás arriba, lo tienes todo, y al otro te levantas y te das cuenta de lo patética y penosa que es tu vida. Pero, con mucho esfuerzo, consigues convencerte a ti mismo de que en realidad no estás tan mal, que hay gente mucho peor y que tú mismo has estado peor otras veces.

Y sigues con tu vida, y vuelves a estar allí arriba, en lo más alto, mirando a todo el mundo por encima del hombro. Y al día siguiente te levantas y te vuelves a dar cuenta de lo patética y penosa que es tu vida. Y vuelves a autoconvencerte de que no eres tan mierda como piensas, que conoces a gente mucho peor que tú.

Y sigues con tu vida. Y vuelves a lo alto, y al día siguiente vuelves a estar hundido en la mierda, y así una y otra vez. Hasta que llega un día en el que te das cuenta de que tu vida no es todo lo patética que pensabas: es todavía peor. Porque estar hundido tiene una ventaja: sólo puedes subir. En cambio, dar esos saltos una y otra vez no hacen más que marearte y hacer que lo que debería ser un viaje maravilloso sea la peor experiencia que jamás has vivido, un viaje en el que sólo tienes una cosa segura: que en cuanto te bajes lo primero que harás será vomitarlo todo...