07 octubre, 2011

Una vida que de mí depende

Y es que para alguien como yo, escribir un libro de más de 300 páginas no es nada complicado. Tiendo a explayarme, a contar cada detalle, a contar aquello que es sutil y obviar lo que es obvio. Mi reino no es el de los relatos cortos, mi reino es el de los grandes libros. Mi habilidad no es contar lo sucedido a un personaje en un día, mi habilidad es mirar a la gente, en la calle, en el metro, en un restaurante o cuando está de fiesta, e inventar una historia para cada uno, una vida que se enlaza con la del resto del mundo como por arte de magia.

Leer es mi vida, y escribir es mi pasión. Si pudiera hacerlo, estos dedos teclearían hasta el fin de mis días... pero tengo una vida que atender. Una vida a veces mediocre, a veces triste, a veces sin sentido, pero una vida al fin y al cabo, una vida que de mí depende.

2 comentarios:

  1. Por lo que se ve aquí escribes genial, y a ver, todos tenemos una vida que atender, pero siempre, siempre si se desea una cosa con fuerza, se consigue, y con lo bien que tú escribes, sería una pena desperdiciar ese talento, y más si te gusta tanto. Personalmente, estaría más que dispuesta y encantada de leer algo tuyo más que lo escribes aquí, que a veces, sabe a poco. Siempre tengo ganas de más. Un beso desde fuckitforme.blogspot.com y ánimo, por que si te gusta debes hacerlo, quizás luego te arrepientas de no haberlo hecho.

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  2. Es curioso que alguien como tú diga que tengo talento literario :). No me arrepentiré nunca de no haber escrito un libro largo, porque ya lo he hecho en el pasado, y lo sigo haciendo ahora, pero me gustaría hacerlo durante mucho más tiempo, dedicar uno, dos, tres días completos en encerrarme, aislarme del mundo y no parar de escribir. Dejar que la fiebre creadora me invada y me haga arder. Crear un mundo con el poder de un simple archivo de bloc de notas y destruirlo con sólo pulsar dos teclas.

    Y, por cierto, dudo mucho que te gustara leer lo que he escrito. Trata sobre un mundo que ya olvidé hace mucho, y precisamente por eso escribo sobre él, para intentar sentir algo parecido de nuevo: la inocencia del primer amor. Nada profundo, nada significativo, nada nuevo. Pero debo escribir sobre ello, porque me lo debo a mí mismo. Eso es todo.

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