Anoche, tumbado en mi cama, mirando a un techo que no podía ver, sin más ruido que el de la nada, me dio por pensar. Pensaba en el tiempo, esa amante cruel que nos arrastra contra nuestra voluntad o que nos deja varados cuando necesitamos huir.
Ayer pensé sobre el tiempo, sobre todo lo que me ha robado. No, no hablo de un amor que fue y que ya no existe, puesto que en mi vida siempre ha estado presente el amor, de una u otra forma. No hablo de unas amistades que cada día están más lejos, pero que al menos siguen estando. No hablo de mis sueños y esperanzas, que cada día que pasan son cada vez más el único clavo ardiendo al que agarrarme.
No, el tiempo me ha robado otra cosa. El tiempo me robó a mí mismo. El tiempo me convirtió en este muñeco que sonríe ante la gente, que es divertido, dinámico, siempre alegre, siempre con una broma en los labios, siempre haciendo sonreír a los demás. El tiempo me robó mi personalidad, mi forma de ser. El tiempo me robó mi sinceridad más profunda, mi capacidad de decir a los demás...
Que hoy estoy mal. Que quiero llorar, y quiero que me escuchen, quiero que sepan por qué estoy así, quiero que me comprendan, quiero que me digan algo que alivie este dolor, este fuego que me quema por dentro y que ya me consumió una vez, este fuego que cada vez me da más miedo y me paraliza más. Quiero que alguien esté ahí de verdad, y que cuando esté a punto de arder en mi propia desesperación, me de una torta, me haga mirarle a los ojos y me diga "¿Qué haces? ¡Éste no eres tú! ¡Levántate! ¡Lucha! Sé feliz, y no te preocupes por nada, porque yo siempre estaré contigo".
Tiempo, te odio. Te odio por haberme convertido en este ser falsamente insensible incapaz de demostrar su dolor. Te odio por hacer que cada mañana me obligues a mirarme al espejo, por obligarme a convivir con ese ser que se refleja en él y al que desearía hacer reaccionar, hacerle ver que hay cosas que tienen valor, que hay cosas por las que vale la pena luchar de verdad. Tiempo, te odio por haberme convertido en lo que hoy soy: un ser vacío que ni siquiera se tiene a sí mismo, un ser que sólo tiene estas palabras que tú, estimad@ lector/a, estás leyendo ahora mismo.
Me siento tan como tú. Parece que lo hayas escrito pensando en mí. Y si tienes que llorar, llora, es lo mejor que puedes hacer, desahogarte. Piensa que habrá miles de personas que estén peor que tú y tendrán fuerzas para seguir adelante. Un besazo de fuckitforme.blogspot.com
ResponderEliminarNo es una cuestión de llorar cuando uno tiene que llorar, ojalá fuese tan sencillo. Es una cuestión de querer llorar, de sentir ese dolor, pero por mucho que te esfuerzas no te salen las lágrimas. Como si para evitar que me duelan las cosas me hubiese convertido en piedra. El problema está en que las cosas me siguen doliendo: tal vez un dolor menos agudo, menos punzante, pero sigue siendo dolor. Y no tengo manera de expresarlo porque de verdad que quiero, pero no salen las lágrimas. No soy capaz de desahogarme. Ese es el verdadero problema.
ResponderEliminarGracias por escribir lo que yo siento. No encontraba las palabras para hacerlo.
ResponderEliminarTe has creado una coraza que te está jodiendo vivo, y la cosa es así.
ResponderEliminarEl texto es perfecto y el blog por lo que he visto también, mira no soy de dar consejos ni de poner comentarios de apoyo porque no me sé ayudar a mi misma, voy a poder hacerlo con otros...Solo te digo que no vas a volver a ser el de antes, eso tenlo claro y que hay mil formas de desangrarse, llorar no es la única, créeme.
Un beso.