Hay días en los que todo sale a pedir de boca. En los que levantarse no cuesta, sino que, al contrario, media hora antes de que suene la alarma ya estás con los ojos como platos. Días en los que el cansancio no hace aparición. Días en los que no montas la escena de Hollywood que esperabas al ver a esa persona, pero que aun así eso sólo hace que todo lo demás sea aún más especial. Días en los que un desayuno o una comida eternas nunca duraron tan poco.
Hay días en los que nada falla. En los que pequeñas decisiones te traen la felicidad, y en los que las grandes te traen todavía más felicidad. Días en los que los planes establecidos se vienen abajo para dejar paso a algo muchísimo mejor. Días en los que un simple paseo se convierte en lo mejor que puedes hacer. Días en los que los deseos más grandes se empequeñecen ante el sueño que estás viviendo. Días en los que las virtudes se engrandecen y los defectos pasan a ser las más grandes virtudes.
Hay días en los que todo fluye, sin ningún motivo. Días en los que incluso las despedidas, las siempre dolorosas despedidas, son perfectas. Días en los que la misma perfección se supera a sí misma. Días en los que, simplemente, te conviertes en una persona perfecta ante los ojos de una persona perfecta. Días que nunca olvidarás, días que te hacen recobrar la fe en la raza humana, días que te hacen pensar que tal vez la felicidad no sea flor de un día, sino que, si nos dejasen, pasaría a formar parte de nosotros. Días perfectos.
Iba a decir que de esos días tan perfectos hay pocos, pero la verdad esque si todo fuese asi de bien siempre la perfeccion de esos dias no seria para tanto jaja :)
ResponderEliminarme encanto!
un beso