Sí, vale, lo reconozco: mi autoestima no está precisamente por las nubes. Al contrario, vuela a ras de suelo. Nunca me he creído por encima de casi nadie, simplemente porque no me gusta. Prefiero estar cerca del suelo, porque una de las primeras lecciones que me enseñó la vida es que cuanto más alto subas, más dura será la caída. Eso, para alguien casi superdotado, con cierto carisma y con una personalidad única (en el buen sentido), debería implicar un trabajo titánico. Pero por diversas circunstancias, no puedo ser consciente de las ventajas que ello me supone. Jamás he presumido de ninguno de mis logros: no por humildad, que la tengo, sino porque nunca he pensado que alguno de esos logros provenga de mi, de mis cualidades o de mi esfuerzo. Todo lo he atribuído siempre a la suerte, una de las pocas amigas que he tenido desde siempre y que jamás me han abandonado.
Pero el tiempo pasa. Te vas haciendo mayor. Te ocurren cosas. Y de repente un dia te ves obligado a dejarlo todo atrás. Todo lo que siempre te acompañó, todo aquello que siempre pensaste que contenía la esencia de tu suerte y tu destino. Y es entonces cuando te das cuenta de que quizás, en un acto de madurez, debas empezar a reconocer tus propios méritos. A decir: "Yo dejé esa huella en el mundo". A pensar que tal vez, y sólo tal vez, puedas ser mejor que alguien en algo, aunque sepas que siempre habrá alguien mejor que tú en alguna parte. A dejar de pensar que puede que no seas un mierda, un ser inestable con un posible principio de transtorno bipolar, sino que tal vez, sólo tal vez, todo el mundo tiene los mismos prolemas que tienes tú, en mayor o menor medida.
Supongo que en realidad, por eso empecé a escribir. Porque un día alguien pensó que yo sería bueno escribiendo. Que tal vez no sería capaz de escribir un libro, pero que igual podría escribir algún cuento, algún relato, alguna pequeña historia. Esa pequeña historia que es mi vida.
Hoy, gracias a ese comentario lleno de cariño, tengo dos libros a mis espaldas y un tercero en camino. De vez en cuando escribo pequeños relatos sobre personas que no conozco y que jamás conoceré, personas a las que veo en un vagón de metro, en un banco de un parque, caminando por las calles de mi ciudad. Personas que me inspiran y me dan historias que enriquecen mi vida. Y también escribo pequeños textos, que en ocasiones publico aquí, en otras lo hago en mi tablón de Tuenti y en otras muchas las dos cosas.
Gracias a ese comentario lleno de cariño, que me animó a escribir un texto de seis páginas que acabó derivando en mi primer libro, hoy escribo. Porque ese comentario me hizo pensar que tal vez, sólo tal vez, lo que yo tuviera que decir le podría interesar a alguien. A una persona, a cien, a mil; eso es lo de menos. Lo importante era dejar huella en alguien, hacerle reflexionar, pensar, sentir de verdad, un arte que poco a poco va desapareciendo de nuestras vidas. Lo importante es ser capaz de llegar al corazón de alguien a través de mis palabras. Eso es lo que me llena como persona, y por lo tanto eso es lo que soy, aunque no sea famoso ni gane un duro con ello. Escritor.
Aiins, como echaba de menos tu blog :3
ResponderEliminarPor lo que veo cada vez escribes mejor. Me haces entrar en tus textos de una manera impresionante, eres genial *-*
Te espero en fuckitforme.blogspot.com