Podría escribir mil páginas sobre ello. Sí, podría hacerlo, pero no estoy hoy aquí para eso, sino para contarte con palabras lo que no puedo decirte con gestos, lo que llena mi mente cada día y va oscureciendo mi alma minuto tras minuto, envenenándola con los sucios y crueles vertidos de desprecios abiertos y juegos con dobles sentidos que me regalas día tras día.
Estoy aquí para decirte que no quiero beber más de tus amargos labios, que me aburrieron tus movimientos de gatita insinuante, que no quiero que busques de nuevo ese cordel que nunca quise darte pero que buscas y encuentras siempre que tienes ocasión, siempre que deseas limpiar tu mente durante unas pocas horas y liberarlas del enorme yugo que te supone tu triste y gris vida. Estoy aquí para que te des cuenta de una maldita vez de que comienzas a mostrar signos de debilidad, que esta eterna partida de rol está dejando de divertirte y se vuelve otra obligación con la que cumplir, que tu válvula de escape se está convirtiendo en un callejón sin salida más de todos los callejones sin salida que pueblan tu siniestra personalidad.
Estoy aquí para enseñarte que hay algo más allá de la noche, que no hay mayor debilidad que la de no parar de mostrar tus fortalezas, que se puede ver el amanecer en un descampado sentados en un banco y no sólo desde la parte trasera de un Dodge Caliber. Estoy aquí para poner delante de tus ojos una verdad, que no es otra que la que tú ya sabes pero te niegas a ver, ocultándola entre montañas de pausada ignorancia y sexo desenfrenado, con la inútil esperanza de que los gritos de tus orgasmos puedan acallar los que cada día te regala tu atormentado y desnutrido espíritu.
El caso es que estoy aquí para contarte esa verdad, tu verdad, mi verdad, que no es otra sino que te despiertes ya y te des cuenta de que tu destino no tiene piloto automático y que debes tomar de una vez sus riendas por el bien de todos... pero, ¿para qué? Podría escribir mil páginas sobre ello y no serían más que el prólogo de una historia que no tiene inicio, esta historia de falsas hipocresías y triples morales en la que has convertido nuestras vidas.
22 diciembre, 2012
16 diciembre, 2012
Es un cabrón
Es algo así como... como ganas de cogerle y partirle la cara, pero a lo bestia. No sé si me explico. Ganas de ir a por él, tirarlo al suelo y darle un puñetazo detrás de otro, sin escuchar sus palabras, sin escuchar a la gente a mi alrededor, sin que nadie se atreviera a acercarse a menos de dos metros.
En serio, no sé qué puede ser. Es que rabia a estas alturas no me pega. ¿Serán ganas de justicia? ¿De hacer con su cuerpo lo mismo que él hizo con mi alma? Me quitó a mi chica, a mis amigos, toda la mierda que tengo encima se la debo a él, todo este sentimiento de impotencia es suyo y sólo suyo.
Qué hijo de puta. En serio, cada vez que lo veo empiezan a temblarme los brazos, como diciéndome "¿Qué carajo estás esperando? ¡¿Le quieres partir la boca de una puta vez?! Mi mente se nubla, mis ojos se secan, y durante un momento lo único que pienso es eso, en saltar la pantalla, en romper las barreras del tiempo y el espacio y partirle uno a uno todos los dientes con unas tenazas. Como hace el dentista con una muela picada que no puede salvar, igual, pero sin anestesia: es más, si pudiera, con lo contrario de la anestesia.
Es un cabrón. ¿Y sabes qué es lo mejor? Que no es más que yo hace unos cuantos años.
En serio, no sé qué puede ser. Es que rabia a estas alturas no me pega. ¿Serán ganas de justicia? ¿De hacer con su cuerpo lo mismo que él hizo con mi alma? Me quitó a mi chica, a mis amigos, toda la mierda que tengo encima se la debo a él, todo este sentimiento de impotencia es suyo y sólo suyo.
Qué hijo de puta. En serio, cada vez que lo veo empiezan a temblarme los brazos, como diciéndome "¿Qué carajo estás esperando? ¡¿Le quieres partir la boca de una puta vez?! Mi mente se nubla, mis ojos se secan, y durante un momento lo único que pienso es eso, en saltar la pantalla, en romper las barreras del tiempo y el espacio y partirle uno a uno todos los dientes con unas tenazas. Como hace el dentista con una muela picada que no puede salvar, igual, pero sin anestesia: es más, si pudiera, con lo contrario de la anestesia.
Es un cabrón. ¿Y sabes qué es lo mejor? Que no es más que yo hace unos cuantos años.
05 diciembre, 2012
Vuelve a mí
Recorro pasillos hasta llegar a mi habitación, de la misma forma que recorro los laberintos de mi mente intentando, con vanos resultados, encontrar un recuerdo que no me ate a ti, una forma de detener las lágrimas que me atenazan cada noche, una razón que venza al corazón.
Todo es inútil. De nuevo tumbado en mi cama, vuelves a mí una noche más suplicando atenciones, caricias, cientos de miles de esos besos imaginarios. Una noche más vuelvo a fantasear con tu presencia en mis aposentos, veinticuatro horas después vuelve a mí esta oscura esperanza que no me ha traído más que sollozos y lamentos. Intento apartarte de mí mediante sucios trucos, imaginándote con otros hombres, machos crueles y estúpidos que serían incapaces de observarte con la luz con la que yo te miro, pero es inútil. Bajo la única luz de la luna menguante todo vuelve, sin mi permiso pero con mi bendición.
Vuelve a mí tu imagen delicada, frágil, sencilla. Vuelve a mí tu sonrisa en la noche, tus ojos encendidos de ilusión, tu piel tersa y delicada. Vuelve a mí la locura infame, el deseo sucio y carnal, la desesperación más dura y ardiente de cuantas pueda conocer el ser humano. Vuelve esta sutil y agridulce tortura, este majestuoso dolor que me da y me quita la vida a su antojo, esta prueba irrefutable de mi masoquismo más sincero. Vuelve a mí todo ello, esta paradoja permanente de querer y no querer, de amar sin poder amar, de odiarte por no poder dejar de quererte tanto al principio y al final de cada día. Vuelve esta debilidad maldita, esta fiebre que me consume día tras día, esta enfermedad que me destroza por dentro sin dejarme vivir un solo segundo en paz. Vuelve esta hipocresía que jamás perdonaste en nadie y mucho menos en mí, este amor que nunca me trajo otra cosa más que desgracia y soledad, este amor que me da la vida... y me hace que desee mirar a los ojos de la Muerte.
Todo es inútil. De nuevo tumbado en mi cama, vuelves a mí una noche más suplicando atenciones, caricias, cientos de miles de esos besos imaginarios. Una noche más vuelvo a fantasear con tu presencia en mis aposentos, veinticuatro horas después vuelve a mí esta oscura esperanza que no me ha traído más que sollozos y lamentos. Intento apartarte de mí mediante sucios trucos, imaginándote con otros hombres, machos crueles y estúpidos que serían incapaces de observarte con la luz con la que yo te miro, pero es inútil. Bajo la única luz de la luna menguante todo vuelve, sin mi permiso pero con mi bendición.
Vuelve a mí tu imagen delicada, frágil, sencilla. Vuelve a mí tu sonrisa en la noche, tus ojos encendidos de ilusión, tu piel tersa y delicada. Vuelve a mí la locura infame, el deseo sucio y carnal, la desesperación más dura y ardiente de cuantas pueda conocer el ser humano. Vuelve esta sutil y agridulce tortura, este majestuoso dolor que me da y me quita la vida a su antojo, esta prueba irrefutable de mi masoquismo más sincero. Vuelve a mí todo ello, esta paradoja permanente de querer y no querer, de amar sin poder amar, de odiarte por no poder dejar de quererte tanto al principio y al final de cada día. Vuelve esta debilidad maldita, esta fiebre que me consume día tras día, esta enfermedad que me destroza por dentro sin dejarme vivir un solo segundo en paz. Vuelve esta hipocresía que jamás perdonaste en nadie y mucho menos en mí, este amor que nunca me trajo otra cosa más que desgracia y soledad, este amor que me da la vida... y me hace que desee mirar a los ojos de la Muerte.
01 diciembre, 2012
Ese vómito lleno de perfección
Veo la televisión y allí están. Abro una revista y las tengo delante de mis ojos. En cualquier película, frente a mí. Son famosas, ricas, guapas. Tienen armarios llenos de ropa y zapatos, cientos de bolsos, más joyas de las que pueden ponerse. Son felices porque tienen todo lo que quieren con sólo chasquear los dedos, sin importar si es una copa de champagne o a Robert Pattinson, y si lo consiguen es porque son perfectas. Y yo sé que puedo tener todo lo que ellas tienen, ser la envidia de todas las mujeres, el anhelo de todos los hombres. Puedo ser perfecta.
Ellas, mis amigas, Siempre tan contentas y sonrientes, siempre de fiesta, dándolo todo. Y yo con ellas, obligada a ver sus cuerpos perfectos, a escuchar los piropos que los hombres dedican a sus esculturales figuras, a sus nalgas prietas, a su look femenino y delicado. Yo no puedo ponerme un vestido entallado, no importa si es un palabra de honor, un asimétrico o un cuello alto: en realidad, no puedo llevar vestidos, no tengo cuerpo para llevarlos. Siempre he sido la simpática de los vaqueros negros, pero ya no quiero serlo más. Quiero ser una más del grupo. Quiero ser perfecta.
Entro en Facebook y allí está. Entro en mi pub favorito y allí está. Entro en mi mente y allí está. Siempre rodeado de mujeres, más bellas que yo, más simpáticas, más delgadas. Y él las hace reír, les da una parte de él que nunca me da a mí, les da esperanza. No importa lo que haga por él, todas las señales que le mande, los tweets en los que le mencione: él nunca me prestará la atención que les presta a las demás, porque nunca me verá como a las demás. Él es perfecto, y si quiero darle lo que se merece debo ponerme a su altura. Necesito merecer su amor. Necesito ser perfecta.
Hay personas tan perfectas que me hacen reflexionar eso de para qué seguir. Y pienso en qué tengo, a qué me puedo aferrar... Pero no noto nada, tan sólo el vacío que acompaña a todos esos sentimientos que tanto odio. ¿No me come la conciencia? ¿No se me retuerce el estómago? Sólo necesito un segundo más para resistir, pero ni siquiera eso tengo aquí y ahora. Y es por eso que una vez más expulso sin querer mi miedo a estar bien, a ser quien quiero, a dejar de ser una adolescente gilipollas y superficial más en un mundo lleno de adolescentes gilipollas y superficiales.
Fracasé, una vez más. Y me encuentro allí, limpiando con mis manos sucias los restos que puedan quedar alrededor de mi boca mientras observo fijamente ese vómito lleno de oportunidades, de esperanza, de futuras alegrías... Ese vómito lleno de perfección.
Ellas, mis amigas, Siempre tan contentas y sonrientes, siempre de fiesta, dándolo todo. Y yo con ellas, obligada a ver sus cuerpos perfectos, a escuchar los piropos que los hombres dedican a sus esculturales figuras, a sus nalgas prietas, a su look femenino y delicado. Yo no puedo ponerme un vestido entallado, no importa si es un palabra de honor, un asimétrico o un cuello alto: en realidad, no puedo llevar vestidos, no tengo cuerpo para llevarlos. Siempre he sido la simpática de los vaqueros negros, pero ya no quiero serlo más. Quiero ser una más del grupo. Quiero ser perfecta.
Entro en Facebook y allí está. Entro en mi pub favorito y allí está. Entro en mi mente y allí está. Siempre rodeado de mujeres, más bellas que yo, más simpáticas, más delgadas. Y él las hace reír, les da una parte de él que nunca me da a mí, les da esperanza. No importa lo que haga por él, todas las señales que le mande, los tweets en los que le mencione: él nunca me prestará la atención que les presta a las demás, porque nunca me verá como a las demás. Él es perfecto, y si quiero darle lo que se merece debo ponerme a su altura. Necesito merecer su amor. Necesito ser perfecta.
Hay personas tan perfectas que me hacen reflexionar eso de para qué seguir. Y pienso en qué tengo, a qué me puedo aferrar... Pero no noto nada, tan sólo el vacío que acompaña a todos esos sentimientos que tanto odio. ¿No me come la conciencia? ¿No se me retuerce el estómago? Sólo necesito un segundo más para resistir, pero ni siquiera eso tengo aquí y ahora. Y es por eso que una vez más expulso sin querer mi miedo a estar bien, a ser quien quiero, a dejar de ser una adolescente gilipollas y superficial más en un mundo lleno de adolescentes gilipollas y superficiales.
Fracasé, una vez más. Y me encuentro allí, limpiando con mis manos sucias los restos que puedan quedar alrededor de mi boca mientras observo fijamente ese vómito lleno de oportunidades, de esperanza, de futuras alegrías... Ese vómito lleno de perfección.
25 noviembre, 2012
No necesito nada
No necesito nada. Enterraría todos los coches lujosos, las mansiones en Miami, todo el dinero de los bancos. Olvidaría mis conocimientos sobre Derecho o sobre Psicología, y también mi talento literario. Prendería fuego a mis recuerdos y congelaría el mismo Tiempo para evitar que otros nuevos volvieran a nacer. Ardería todo el alcohol del mundo, destruiría toda esperanza, soltaría todas las verdades que nunca pude soltar. Me cortaría los brazos, las piernas o el pelo. Me lobotomizaría para no volver a sentir jamás un orgasmo, o el dolor que produce una cerilla quemándome los dedos uno detrás de otro. Enmudecería al planeta, rechazaría todo consejo, despediría a Dios por incompetente.
Toda melodía sería olvidada, todo cuadro enviado a la hoguera, toda escultura convertida en gravilla. Convertiría los rascacielos en casas, las casas en cuevas, las cuevas en polvo y el polvo en basura. Destruiría las estaciones, la belleza, la tecnología humana. Metería en una fosa llena de ácido todos los medicamentos del mundo, todos los ordenadores y todos los libros. Las matemáticas serían borradas de la faz de la Tierra, las ciencias desprestigiadas, las letras convertidas en borrones ininteligibles. Traicionaría a mis amigos, me entregaría a la policía estadounidense confesando ser miembro de Al-Qaeda, vendería mi planeta a los extraterrestres a precio de saldo. Hundiría los continentes, evaporaría los mares, enviaría misiles nucleares a destruir la misma Luna. Convertiría el cielo azul en blanco, transformaría la lluvia para convertirla en mierda apestosa, haría que la luz del Sol parpadease como la de una bombilla mal puesta. Acabaría con la solidaridad, con la compasión, con el cariño. Lo destruiría todo, hasta el punto de que nadie recordase nada, de que nadie pudiera siquiera imaginar que hubo nada bueno en esta roca insignificante que llaman Tierra.
Ahora mismo arrasaría todas las cosechas, contaminaría todo el aire y envenenaría toda el agua dulce del planeta, porque sé que no me hacen ninguna falta, que nada de lo anterior me interesa lo más mínimo si mi objetivo es seguir viviendo. En este momento, ni siquiera necesito amor. Tan sólo el abrazo de alguien a quien le importe un poquito, tan sólo un poquito, que lo único que necesite en este mundo sea un abrazo.
Toda melodía sería olvidada, todo cuadro enviado a la hoguera, toda escultura convertida en gravilla. Convertiría los rascacielos en casas, las casas en cuevas, las cuevas en polvo y el polvo en basura. Destruiría las estaciones, la belleza, la tecnología humana. Metería en una fosa llena de ácido todos los medicamentos del mundo, todos los ordenadores y todos los libros. Las matemáticas serían borradas de la faz de la Tierra, las ciencias desprestigiadas, las letras convertidas en borrones ininteligibles. Traicionaría a mis amigos, me entregaría a la policía estadounidense confesando ser miembro de Al-Qaeda, vendería mi planeta a los extraterrestres a precio de saldo. Hundiría los continentes, evaporaría los mares, enviaría misiles nucleares a destruir la misma Luna. Convertiría el cielo azul en blanco, transformaría la lluvia para convertirla en mierda apestosa, haría que la luz del Sol parpadease como la de una bombilla mal puesta. Acabaría con la solidaridad, con la compasión, con el cariño. Lo destruiría todo, hasta el punto de que nadie recordase nada, de que nadie pudiera siquiera imaginar que hubo nada bueno en esta roca insignificante que llaman Tierra.
Ahora mismo arrasaría todas las cosechas, contaminaría todo el aire y envenenaría toda el agua dulce del planeta, porque sé que no me hacen ninguna falta, que nada de lo anterior me interesa lo más mínimo si mi objetivo es seguir viviendo. En este momento, ni siquiera necesito amor. Tan sólo el abrazo de alguien a quien le importe un poquito, tan sólo un poquito, que lo único que necesite en este mundo sea un abrazo.
22 noviembre, 2012
La causa de que seas tan perfecta... y de que duermas sola todas las noches
¿Sabes? Los hombres como yo siempre ocultamos algo detrás de nuestra sonrisa. Tú lo sabías, y por eso nunca quisiste intentar nada conmigo. Porque aunque sabes que a tu lado yo podría haber sido el hombre más feliz del mundo, nunca habrías podido confiar del todo en mi sonrisa. Siempre habrías tenido la duda de si era real o fingida, de si de verdad yo sería feliz a tu lado o sólo estaría representando uno más de los cientos de papeles que he interpretado a lo largo de mi vida.
Y tú, la más insegura de las mujeres, no habrías soportado esa incertidumbre, esa duda de saber si de verdad era el hombre más feliz de la Tierra o tan sólo el mejor de los actores. Tú eres como un diamante: tan bella, tan frágil, tan única. Más valiosa que todo lo demás y, sin embargo, tan sólo te limitas a ser tú misma, a brillar por encima de todo lo que te rodea. Y una duda, una sola duda en algo tan grande como es el amor, habría podido quebrar tu espíritu casi sin darte cuenta, pero sin posibilidad de remisión. Y un diamante roto, como bien sabes, pierde mucho valor.
En momentos como éste recuerdo la diferencia de edad que nos separa. Tienes un alma cándida e inocente, producto de una vida pura y sin sobresaltos, sin riesgos innecesarios, sin experiencias dolorosas ni errores irreparables. No has conocido el amargor en esta vida, y es eso lo que te hace tan dulce. En toda tu vida, jamás te has sentido desdichada, porque te has cubierto bien las espaldas, creándote una coraza impenetrable para cualquier persona. Sin darte cuenta, querida, de que en esa coraza no pueden entrar el dolor, el sufrimiento o el llanto, pero tampoco la risa, la alegría o la auténtica felicidad.
Nunca has querido sentir profundamente, nunca has conocido el amor verdadero. Y no por falta de oportunidades, sino porque le tienes miedo. Yo fui tu mejor opción de conocerlo y me rechazaste con excusas baratas, con recelos provenientes de una personalidad cauta hasta la insalubridad. Temes al amor, porque temes que te hagan daño y que algún día dejes de ser como eres, que el amor te cambie y te haga sentir cosas como inseguridad, celos o arrepentimiento. Temes sufrir, porque lo único que quieres es ser feliz siendo tú misma. Eso fue lo que me enamoró de ti, la causa de que seas tan maravillosa, tan grande, tan perfecta... y de que duermas sola todas las noches.
Y tú, la más insegura de las mujeres, no habrías soportado esa incertidumbre, esa duda de saber si de verdad era el hombre más feliz de la Tierra o tan sólo el mejor de los actores. Tú eres como un diamante: tan bella, tan frágil, tan única. Más valiosa que todo lo demás y, sin embargo, tan sólo te limitas a ser tú misma, a brillar por encima de todo lo que te rodea. Y una duda, una sola duda en algo tan grande como es el amor, habría podido quebrar tu espíritu casi sin darte cuenta, pero sin posibilidad de remisión. Y un diamante roto, como bien sabes, pierde mucho valor.
En momentos como éste recuerdo la diferencia de edad que nos separa. Tienes un alma cándida e inocente, producto de una vida pura y sin sobresaltos, sin riesgos innecesarios, sin experiencias dolorosas ni errores irreparables. No has conocido el amargor en esta vida, y es eso lo que te hace tan dulce. En toda tu vida, jamás te has sentido desdichada, porque te has cubierto bien las espaldas, creándote una coraza impenetrable para cualquier persona. Sin darte cuenta, querida, de que en esa coraza no pueden entrar el dolor, el sufrimiento o el llanto, pero tampoco la risa, la alegría o la auténtica felicidad.
Nunca has querido sentir profundamente, nunca has conocido el amor verdadero. Y no por falta de oportunidades, sino porque le tienes miedo. Yo fui tu mejor opción de conocerlo y me rechazaste con excusas baratas, con recelos provenientes de una personalidad cauta hasta la insalubridad. Temes al amor, porque temes que te hagan daño y que algún día dejes de ser como eres, que el amor te cambie y te haga sentir cosas como inseguridad, celos o arrepentimiento. Temes sufrir, porque lo único que quieres es ser feliz siendo tú misma. Eso fue lo que me enamoró de ti, la causa de que seas tan maravillosa, tan grande, tan perfecta... y de que duermas sola todas las noches.
15 noviembre, 2012
Todo el mundo está enganchado a algo
Todo el mundo está enganchado a algo. Unos al tabaco, otros a la marihuana. Están los que nada más despertarse necesitan una taza de café y también los que no pueden acostarse sin escribir un #TwitterOff. Algunos beben whisky para olvidar casi con la misma necesidad con las que otros miran fotografías para recordar. Hay gente que no puede evitar leer compulsivamente las historias que otras personas escriben, mientras que otros reciben ese subidón al ser ellos quienes crean a su antojo mundos imaginarios a través de la pluma y el papel. Una telenovela, videojuegos, heroína: qué más da. Todo el mundo necesita algo a lo que agarrarse.
Yo estoy enganchado a tus abrazos. A tus delicados besos, a tus juegos infantiles, a tu mirada indiscreta. A tus a veces dolorosos mordiscos en el cuello, a tus palabras inventadas, a tu sonrisa perfecta. A tu chaquetón amarillo, a tu única falda, a tu vestido blanco y negro. A tu perfume a veces empalagoso, a tus cosquillas malignas, a tu risa cargada de vida. A tus "Hola :D", tus "¿Qué tengo yo que no tenga nadie más?", a tus "Te quiero". A todo lo que eres, todo lo que fuiste y todo lo que serás... perdón: todo lo que seremos.
Todo el mundo está enganchado a algo. ¿Sabes? Yo estoy enganchado a ti.
Yo estoy enganchado a tus abrazos. A tus delicados besos, a tus juegos infantiles, a tu mirada indiscreta. A tus a veces dolorosos mordiscos en el cuello, a tus palabras inventadas, a tu sonrisa perfecta. A tu chaquetón amarillo, a tu única falda, a tu vestido blanco y negro. A tu perfume a veces empalagoso, a tus cosquillas malignas, a tu risa cargada de vida. A tus "Hola :D", tus "¿Qué tengo yo que no tenga nadie más?", a tus "Te quiero". A todo lo que eres, todo lo que fuiste y todo lo que serás... perdón: todo lo que seremos.
Todo el mundo está enganchado a algo. ¿Sabes? Yo estoy enganchado a ti.
07 noviembre, 2012
No podemos dejar de ser como somos
—Yo solo busco a alguien que esté siempre ahí. Alguien que me apoye en lo bueno y en lo malo, que me haga reír cuando esté llorando, que si está a punto de atropellarme un camión corra y me empuje para salvarme. Yo solo quiero a alguien que de la vida entera por mí.
—Eso es mentira.
—¿Cómo que es mentira? ¿Por qué dices eso?
—Porque si eso fuera así llevarías años enamorada de mí.
—Eso...
—Eso es la verdad. Así sois las mujeres ¿sabes? Decís que no os importa tanto el físico como a nosotros, que sois más profundas, más sensibles, más todo. pero a la hora de la verdad, ¿qué? Mírate, llorando por un hombre que no te merece pero que está bueno mientras que yo estoy aquí, dándote todo eso que dices que buscas para que tú te suenes los mocos con ello como si fuera un puto pañuelo de papel. Decís que buscáis a un hombre que os haga reír, que os haga sentir especiales, que os comprenda... ¿Pues sabes qué? Tú has tenido a un príncipe azul delante de tus ojos durante dos largos años, pero este príncipe ya se ha cansado. Deberías haber llamado a tu mierda cubierta de purpurina, y no a este gilipollas que ya está cansado de ser tu amigo y solo tu amigo.
Y entonces salí de aquella casa con un portazo, consciente de que me arrepentiría de aquellas palabras como no me había arrepentido de nada hasta ese momento, de que más tarde o más temprano volvería y le pediría perdón, de que volvería a ser ese hombre perfecto que todas dicen querer pero que a la hora de la verdad ninguna escoge. Y es que los príncipes azules, por mucho que lo intentemos, no podemos dejar de ser como somos.
—Eso es mentira.
—¿Cómo que es mentira? ¿Por qué dices eso?
—Porque si eso fuera así llevarías años enamorada de mí.
—Eso...
—Eso es la verdad. Así sois las mujeres ¿sabes? Decís que no os importa tanto el físico como a nosotros, que sois más profundas, más sensibles, más todo. pero a la hora de la verdad, ¿qué? Mírate, llorando por un hombre que no te merece pero que está bueno mientras que yo estoy aquí, dándote todo eso que dices que buscas para que tú te suenes los mocos con ello como si fuera un puto pañuelo de papel. Decís que buscáis a un hombre que os haga reír, que os haga sentir especiales, que os comprenda... ¿Pues sabes qué? Tú has tenido a un príncipe azul delante de tus ojos durante dos largos años, pero este príncipe ya se ha cansado. Deberías haber llamado a tu mierda cubierta de purpurina, y no a este gilipollas que ya está cansado de ser tu amigo y solo tu amigo.
Y entonces salí de aquella casa con un portazo, consciente de que me arrepentiría de aquellas palabras como no me había arrepentido de nada hasta ese momento, de que más tarde o más temprano volvería y le pediría perdón, de que volvería a ser ese hombre perfecto que todas dicen querer pero que a la hora de la verdad ninguna escoge. Y es que los príncipes azules, por mucho que lo intentemos, no podemos dejar de ser como somos.
28 octubre, 2012
Amable desconocida
Tenía una sonrisa amable y gentil. Me saludó al sentarse junto a mí en aquel tren lleno de gente, y fue algo que me sorprendió gratamente, puesto que en mis tres años viajando es algo que jamás me había ocurrido. Es triste, pero la gente había perdido los modales hacía mucho tiempo.
Ella era una excepción, pero no solo en ello. También era rubia natural, algo poco común en mi región, llena de castaños oscuro y negros azabache. Nada más sentarse junto a mí, cogió su móvil y realizó una operación que no alcancé a ver, aunque probablemente simplemente lo silenciara para centrarse en su siguiente actividad: tomar apuntes de Historia del Derecho.
Desconocía su nombre, aunque me recordaba mucho a mi amiga Blanca. Si tuviera que elegir un nombre para ella escogería ese mismo, o tal vez Rocío. Algo que expresase pureza de alma, un nombre claro y limpio, tanto como el pelo rubio que tenía. Otras mujeres se acarician el pelo, se lo tocan nerviosas mientra estudian: ella no. En ocasiones se llevaba su mano derecha a la boca, pero no era más que un acto involuntario, una manía de tantas. Un gesto que la llevase a concentrarse en su libro, una forma inconsciente de auto-hipnosis que la ayudase a abstraerse del traqueteo de ese tren que a algunos mece y a otros revuelve el estómago.
Sin duda era una amante del orden y la limpieza: no lo digo tan sólo por su forma de tomar apuntes, directa y sin fisuras, sino por los diferentes post-it que tenía para tomar notas. Diferentes colores, diferentes formas, diferentes tamaños. Mi conocimiento del mundo universitario me sugería que me encontraba ante una estudiante de primer año, pero realmente aparentaba tener algunos años por encima de dieciocho. Haría una estimación, pero siempre he sido algo nulo adivinando la edad de la gente en base a su apariencia.
No me cabía la menor duda, fijándome en su rostro concentrado en sus apuntes, que era una mujer capaz de ponerse seria cuando la situación así lo requiriese, poco amiga de las interrupciones innecesarias cuando se sumergía en el estudio. Tal vez por eso no me atreví a preguntarle su nombre. Sin embargo, su mochila de Mickey Mouse y su cartuchera, adornada por dos adorables caras de gatitos, me indicaba que no renunciaba a su inocencia, que a pesar de todo seguía siendo en el fondo, como cualquier persona inteligente, una niña atrapada en un cuerpo cada vez más adulto.
Parecía una chica aplicada y estudiosa con un fondo ingenuo y divertido, y sin duda hacía honor a ese look. Su rebeca rosa combinaba perfectamente con su tono de pelo, y es que siempre he dicho que el color rosa le sienta de maravilla a las rubias. Una de dos: o tenía un buen gusto innato o era una entendida en moda. En cualquier caso, su elección no pudo ser más acertada. Como la de decirme un "Hola" que no olvidaré en todos los días de mi vida.
Ella era una excepción, pero no solo en ello. También era rubia natural, algo poco común en mi región, llena de castaños oscuro y negros azabache. Nada más sentarse junto a mí, cogió su móvil y realizó una operación que no alcancé a ver, aunque probablemente simplemente lo silenciara para centrarse en su siguiente actividad: tomar apuntes de Historia del Derecho.
Desconocía su nombre, aunque me recordaba mucho a mi amiga Blanca. Si tuviera que elegir un nombre para ella escogería ese mismo, o tal vez Rocío. Algo que expresase pureza de alma, un nombre claro y limpio, tanto como el pelo rubio que tenía. Otras mujeres se acarician el pelo, se lo tocan nerviosas mientra estudian: ella no. En ocasiones se llevaba su mano derecha a la boca, pero no era más que un acto involuntario, una manía de tantas. Un gesto que la llevase a concentrarse en su libro, una forma inconsciente de auto-hipnosis que la ayudase a abstraerse del traqueteo de ese tren que a algunos mece y a otros revuelve el estómago.
Sin duda era una amante del orden y la limpieza: no lo digo tan sólo por su forma de tomar apuntes, directa y sin fisuras, sino por los diferentes post-it que tenía para tomar notas. Diferentes colores, diferentes formas, diferentes tamaños. Mi conocimiento del mundo universitario me sugería que me encontraba ante una estudiante de primer año, pero realmente aparentaba tener algunos años por encima de dieciocho. Haría una estimación, pero siempre he sido algo nulo adivinando la edad de la gente en base a su apariencia.
No me cabía la menor duda, fijándome en su rostro concentrado en sus apuntes, que era una mujer capaz de ponerse seria cuando la situación así lo requiriese, poco amiga de las interrupciones innecesarias cuando se sumergía en el estudio. Tal vez por eso no me atreví a preguntarle su nombre. Sin embargo, su mochila de Mickey Mouse y su cartuchera, adornada por dos adorables caras de gatitos, me indicaba que no renunciaba a su inocencia, que a pesar de todo seguía siendo en el fondo, como cualquier persona inteligente, una niña atrapada en un cuerpo cada vez más adulto.
Parecía una chica aplicada y estudiosa con un fondo ingenuo y divertido, y sin duda hacía honor a ese look. Su rebeca rosa combinaba perfectamente con su tono de pelo, y es que siempre he dicho que el color rosa le sienta de maravilla a las rubias. Una de dos: o tenía un buen gusto innato o era una entendida en moda. En cualquier caso, su elección no pudo ser más acertada. Como la de decirme un "Hola" que no olvidaré en todos los días de mi vida.
22 octubre, 2012
No lo sé y no me importa
La ciudad está triste y yo soy más feliz que nunca. Corro por el centro de la carretera, mientras la fina lluvia me empapa hasta los huesos y abre camino para que virus y bacterias me ataquen sin piedad. Comienzo a notar la fiebre, pero no sé si porque comienzo a incubar una enfermedad o porque de verdad estoy on fire. No lo sé y no me importa. Tan sólo quiero correr y gritar como si no existiera un mañana, como si este momento fuese a durar para siempre.
No hay nadie en esta ciudad. Son las cuatro de la noche, y esa larga avenida es mi escenario particular. Corro, grito, bailo a placer: nadie hay que puede llamarme loco, y si me lo llaman qué más da, tal vez lo esté. No lo sé y no me importa. Tan sólo quiero cantar bajo la lluvia mientras avanzo por las calles desiertas, como en un videoclip que no quisiera que acabase nunca.
Estoy enfermo y lo sé. Y no hablo de la fiebre, hablo de mi mente. Amo el mundo, amo sus calles, me amo a mí mismo y a todos los seres de la creación. Nadie puede sentir eso por un mundo enfermo como éste, o al menos eso dicen. No lo sé y no me importa. Tan sólo quiero abrazar a la gente que quiero, que no es sino toda, y gritarles que el mundo puede ser un lugar tan maravilloso como cualquiera de esos en los que se encierran, esos que crean con sus imperfectas mentes.
Me siento lleno de energía. Llevo casi treinta minutos corriendo sin parar, y no aparece el cansancio. Dopamina, adrenalina y endorfinas varias son segregadas a chorro por mi cerebro, sin control. Demasiada felicidad para disfrutarla, tan sólo puedo sentir cómo me sobrepasa. Mi corazón late tan deprisa que mi pecho duele y mis piernas tiemblan, así como todo mi cuerpo, aunque eso tal vez sea consecuencia del agua que empapa cada centímetro de mi cuerpo. No lo sé y no me importa. Tan sólo quiero vivir, sentir, entregarme al mundo y que el mundo haga conmigo lo que quiera.
Sé que lo que siento es irreal, un fallo de mi enfermo y sobrecalentado cerebro, al que algunas conexiones ya comienzan a fallar. Sé que tan sólo ha sido un golpe de suerte, que podría haber sido un ataque de ansiedad en lugar de uno de euforia, pero no me importa. Tan sólo quiero exprimir este momento hasta la última gota y beberlo sin respirar. Como si no existiera un mañana, como si este momento fuese a durar para siempre. Como si, de verdad, esta ciudad fuera completamente mía.
No hay nadie en esta ciudad. Son las cuatro de la noche, y esa larga avenida es mi escenario particular. Corro, grito, bailo a placer: nadie hay que puede llamarme loco, y si me lo llaman qué más da, tal vez lo esté. No lo sé y no me importa. Tan sólo quiero cantar bajo la lluvia mientras avanzo por las calles desiertas, como en un videoclip que no quisiera que acabase nunca.
Estoy enfermo y lo sé. Y no hablo de la fiebre, hablo de mi mente. Amo el mundo, amo sus calles, me amo a mí mismo y a todos los seres de la creación. Nadie puede sentir eso por un mundo enfermo como éste, o al menos eso dicen. No lo sé y no me importa. Tan sólo quiero abrazar a la gente que quiero, que no es sino toda, y gritarles que el mundo puede ser un lugar tan maravilloso como cualquiera de esos en los que se encierran, esos que crean con sus imperfectas mentes.
Me siento lleno de energía. Llevo casi treinta minutos corriendo sin parar, y no aparece el cansancio. Dopamina, adrenalina y endorfinas varias son segregadas a chorro por mi cerebro, sin control. Demasiada felicidad para disfrutarla, tan sólo puedo sentir cómo me sobrepasa. Mi corazón late tan deprisa que mi pecho duele y mis piernas tiemblan, así como todo mi cuerpo, aunque eso tal vez sea consecuencia del agua que empapa cada centímetro de mi cuerpo. No lo sé y no me importa. Tan sólo quiero vivir, sentir, entregarme al mundo y que el mundo haga conmigo lo que quiera.
Sé que lo que siento es irreal, un fallo de mi enfermo y sobrecalentado cerebro, al que algunas conexiones ya comienzan a fallar. Sé que tan sólo ha sido un golpe de suerte, que podría haber sido un ataque de ansiedad en lugar de uno de euforia, pero no me importa. Tan sólo quiero exprimir este momento hasta la última gota y beberlo sin respirar. Como si no existiera un mañana, como si este momento fuese a durar para siempre. Como si, de verdad, esta ciudad fuera completamente mía.
15 octubre, 2012
¿Estás bien?
—¿Estás bien?
Qué curiosa pregunta. Si has visto lo que ha sucedido ahí fuera, has visto mi cara desencajada, me has oído vomitar, ¿para qué preguntas? ¿Dudas de que esté hecho una mierda o qué? ¿Esperas que te diga que estoy bien para no tener que preocuparte, verdad? ¡Vete al carajo!
—Sí, no te preocupes. Vete.
Se fue y me dejó completamente solo en aquel sucio baño. Me sobrevino otra arcada y expulsé algo más. Tenía un sabor amargo y un color amarillento. Bilis. No era la primera vez que lo vomitaba.
Dios, qué asco. No hay nada que sacar y sin embargo siguen saliendo fluidos de mi boca. Bueno, al menos no sale sangre. Debería ir al médico, pero para qué: mi problema no es de los que se curan con un jarabe.
No era más que la venganza de mi alma contra mi mente y mi cuerpo. Su rebelión ante mi inacción, ante los golpes que se llevaba cada día sin que yo me rebelase y dijese "Hasta aquí hemos llegado".
Era su golpe de gracia antes de que los pocos trozos que pudieran quedar de ella se convirtieran en polvo, en aire, en nada. Todo el dolor que llevaba soportando tantos años, devueltos de una vez de la forma más cruel y despiadada que se pudiera conocer: en forma de miedo absoluto.
Mi mayor terror, una vez más frente a mí. Sin armas, sin escudos, sin un mísero escupitajo que lanzarle a su perra ara. Había vuelto, y sin forma de hacerle huir, tan solo podía salir ahí afuera una vez más, enfrentarme a él cara a cara y dejar que me destruyera de una vez por todas.
Qué más me daba. De todas formas, no viviría para ver el amanecer una vez más.
Qué curiosa pregunta. Si has visto lo que ha sucedido ahí fuera, has visto mi cara desencajada, me has oído vomitar, ¿para qué preguntas? ¿Dudas de que esté hecho una mierda o qué? ¿Esperas que te diga que estoy bien para no tener que preocuparte, verdad? ¡Vete al carajo!
—Sí, no te preocupes. Vete.
Se fue y me dejó completamente solo en aquel sucio baño. Me sobrevino otra arcada y expulsé algo más. Tenía un sabor amargo y un color amarillento. Bilis. No era la primera vez que lo vomitaba.
Dios, qué asco. No hay nada que sacar y sin embargo siguen saliendo fluidos de mi boca. Bueno, al menos no sale sangre. Debería ir al médico, pero para qué: mi problema no es de los que se curan con un jarabe.
No era más que la venganza de mi alma contra mi mente y mi cuerpo. Su rebelión ante mi inacción, ante los golpes que se llevaba cada día sin que yo me rebelase y dijese "Hasta aquí hemos llegado".
Era su golpe de gracia antes de que los pocos trozos que pudieran quedar de ella se convirtieran en polvo, en aire, en nada. Todo el dolor que llevaba soportando tantos años, devueltos de una vez de la forma más cruel y despiadada que se pudiera conocer: en forma de miedo absoluto.
Mi mayor terror, una vez más frente a mí. Sin armas, sin escudos, sin un mísero escupitajo que lanzarle a su perra ara. Había vuelto, y sin forma de hacerle huir, tan solo podía salir ahí afuera una vez más, enfrentarme a él cara a cara y dejar que me destruyera de una vez por todas.
Qué más me daba. De todas formas, no viviría para ver el amanecer una vez más.
09 octubre, 2012
¿Conoces a alguien así?
¿Conoces a alguien así? Alguien atento, cariñoso, amable. Siempre con una sonrisa en los labios y que siempre consigue que tengas una en los tuyos. Alguien que sabe escuchar, que quiere escuchar, que coge tus problemas y los convierte en polvo, en aire, en nada. Esa persona especial que te hace sentir especial, que coge tu pesada autoestima, esa tan cargada de errores que no hay forma de levantarla, y la hace volar como si fuera un liviano globo de helio. Alguien a quien recurrir cuando estás mal, alguien en quien confías de verdad y que ha sabido llegar hasta lo más profundo de tu corazón sin ni siquiera darte cuenta. Alguien que siempre sabe qué decir y lo que es más importante: cómo decirlo. Alguien que te devuelva la fe en la raza humana.
¿Conoces a alguien así? Yo sí. Ese soy yo. Un tío maravilloso, de esas personas que cuanto peor están, más intentan que los demás se sientan mejor. Demasiado increíble para ser real, demasiado perfecto. Cuántos hombres me habrán dado su mano con firmeza, agradecidos por mis sabios consejos. Cuántas mujeres me habrán mirado con admiración, cuántas habrán sonreído gracias a mí minutos después de haber llorado como nunca. ¿Cuántas veces habré oído la frase "Los tíos como tú o tienen novia o son gays"?
¿Y de qué me ha servido todo eso? ¿Tanta comprensión, tanta amabilidad, tantas verdades convenientes? De nada. Esta noche me encuentro totalmente solo, sin nadie que me escuche y me diga que no soy tan mala persona. Toda esa gente comprensiva, todos esos agradecimientos y todos los "Estoy aquí para lo que necesites", ¿para qué? Docenas de personas que me acusan de no confiar en ellas, de guardarme mis sentimientos hasta hacerme daño, de sacrificarme en beneficio de ¿qué? Si ni siquiera yo lo sé, ¿cómo pueden pretender saberlo ellos? Me gustaría poder hablar con alguna de esas personas, las que siempre estarán ahí, pero no puedo permitirme que caigan junto a mí. Demasiado blandos o demasiado duros: nadie se parece a mí. Es lo malo de ser esa persona tan especial: que todos pueden llamar a una menos tú. Soy demasiado buena gente. Mi bondad acabará conmigo.
Ojalá fuera una cuestión de confianza. Bueno, en realidad lo es, pero no es confianza en los demás lo que necesito, sino confianza en mí mismo. Es confianza en que mi vida pueda tener un valor más allá de mi sonrisa, en que alguno de mis actos pueda valer algo más que mis palabras, en que pueda apoyarme en alguien sin que caiga al suelo, aplastado por tantas y tan pesadas cargas emocionales. Las mías y las de los demás, cargas de las que no puedo deshacerme, puesto que ellas me definen, me hacen ser quien soy: ese superhéroe a quien pides auxilio cuando te encuentras en peligro, sin importarle nada que no sea ayudarte. Pero, ¿y si fuera al contrario? Nadie acudiría a mi llamada si no supieran que responderla les beneficia a ellos más que a mí. No se puede eliminar el egoísmo de la ecuación.
Estoy desencantado del mundo, de sus personas, de toda la gente que conozco. Odio que la gente en la que confío no me escuche, sino que haga como que lo hace y al día siguiente olviden lo sucedido. Odio decepcionarme tanto, pero lo que odio de verdad es que lo llego hasta a entender: nadie quiere saber que la persona que siempre está en pie, aguantando los golpes de la vida, a veces pierde sus propias luchas por KO Técnico. Cuando tienes un pilar que siempre aguanta, un clavo al que siempre te puedes agarrar, te niegas a mirar cuando lo ves ceder: simplemente, miras a otro lado hasta que vuelve a su sitio. Es una reacción humana de lo más lógica. Por eso siempre he odiado la lógica. Y las reacciones humanas.
¿Conoces a alguien así? Yo sí. Ese soy yo. Un tío maravilloso, de esas personas que cuanto peor están, más intentan que los demás se sientan mejor. Demasiado increíble para ser real, demasiado perfecto. Cuántos hombres me habrán dado su mano con firmeza, agradecidos por mis sabios consejos. Cuántas mujeres me habrán mirado con admiración, cuántas habrán sonreído gracias a mí minutos después de haber llorado como nunca. ¿Cuántas veces habré oído la frase "Los tíos como tú o tienen novia o son gays"?
¿Y de qué me ha servido todo eso? ¿Tanta comprensión, tanta amabilidad, tantas verdades convenientes? De nada. Esta noche me encuentro totalmente solo, sin nadie que me escuche y me diga que no soy tan mala persona. Toda esa gente comprensiva, todos esos agradecimientos y todos los "Estoy aquí para lo que necesites", ¿para qué? Docenas de personas que me acusan de no confiar en ellas, de guardarme mis sentimientos hasta hacerme daño, de sacrificarme en beneficio de ¿qué? Si ni siquiera yo lo sé, ¿cómo pueden pretender saberlo ellos? Me gustaría poder hablar con alguna de esas personas, las que siempre estarán ahí, pero no puedo permitirme que caigan junto a mí. Demasiado blandos o demasiado duros: nadie se parece a mí. Es lo malo de ser esa persona tan especial: que todos pueden llamar a una menos tú. Soy demasiado buena gente. Mi bondad acabará conmigo.
Ojalá fuera una cuestión de confianza. Bueno, en realidad lo es, pero no es confianza en los demás lo que necesito, sino confianza en mí mismo. Es confianza en que mi vida pueda tener un valor más allá de mi sonrisa, en que alguno de mis actos pueda valer algo más que mis palabras, en que pueda apoyarme en alguien sin que caiga al suelo, aplastado por tantas y tan pesadas cargas emocionales. Las mías y las de los demás, cargas de las que no puedo deshacerme, puesto que ellas me definen, me hacen ser quien soy: ese superhéroe a quien pides auxilio cuando te encuentras en peligro, sin importarle nada que no sea ayudarte. Pero, ¿y si fuera al contrario? Nadie acudiría a mi llamada si no supieran que responderla les beneficia a ellos más que a mí. No se puede eliminar el egoísmo de la ecuación.
Estoy desencantado del mundo, de sus personas, de toda la gente que conozco. Odio que la gente en la que confío no me escuche, sino que haga como que lo hace y al día siguiente olviden lo sucedido. Odio decepcionarme tanto, pero lo que odio de verdad es que lo llego hasta a entender: nadie quiere saber que la persona que siempre está en pie, aguantando los golpes de la vida, a veces pierde sus propias luchas por KO Técnico. Cuando tienes un pilar que siempre aguanta, un clavo al que siempre te puedes agarrar, te niegas a mirar cuando lo ves ceder: simplemente, miras a otro lado hasta que vuelve a su sitio. Es una reacción humana de lo más lógica. Por eso siempre he odiado la lógica. Y las reacciones humanas.
15 septiembre, 2012
Ese veneno llamado amor
No sé por qué, pero últimamente no dejo de mirar tus fotografías. Una y otra vez vuelvo a ellas, sin saber muy bien por qué. Sólo hay algo que pueda asegurar ahora mismo: me apena comprobar en lo que te has convertido por mi culpa.
En todas ellas muestras una amplia sonrisa, rodeada de docenas de amigas, de tu familia, de chicos que no conozco pero que estoy seguro que han caído rendidos a tus pies. De hombres que te adoran, que admiran tu forma de ser, que suspiran por darte lo que deseas. Hombres que cada noche te entregan un pedacito de Paraíso, un Paraíso que desprecias cada día más. Sé que no deseas más ángeles con peluca y alas de juguete, que no son más que pasatiempos hasta que llegue otro demonio como yo. Alguien que clave su tridente en tu corazón y pueda destruir ese veneno que sin querer te llenó al conocerme, ese veneno que aún hoy te amordaza y te nubla los sentidos. Ese veneno llamado amor.
Y me entristece, cabecita loca. Me apena comprobar que busques en otros un cariño pasajero, un amor de bolsillo, una caricia sin amor que pueda aliviar durante unos minutos la sed con la que yo te dejé. Ésa que ahora no te deja vivir y te fuerza a mostrar una sonrisa que tal vez a los demás parezca real, pero que a ninguno de nosotros dos puede engañar. Sólo yo te he visto realmente contenta. Feliz. Enamorada. Sólo yo conozco esa sonrisa, ese trofeo por el que hombres mejores que yo darían su vida... Pero que yo dejé escapar. O, más bien, al que di la espalda. No infravalores ese tesoro, porque pocas veces he contemplado algo tan grande. Es solo que me conociste en una época dura de mi vida. Y tuve que huir.
Tú me amaste con todas tus fuerzas, lo sé. Y me gustaría pedirte perdón por no haber podido llegar a tanto, por no haber podido amarte como tú lo hiciste conmigo. Porque ya sabes que nunca quise hacerte daño, que lo intenté, de veras que lo intenté, pero si hay algo que me enseñó la vida es que el amor no puede ser forzado, una lección en la que tú fuiste la última de mis profesoras.
Ahora que lo pienso, en realidad sí que sé por qué miro tanto tu imagen en mi pantalla. Porque anhelo saber que estás bien, que ya lo superaste, que alguien supo por fin llenar el vacío que yo nunca pude llenar. Porque tengo la ilusión de volver esa maravillosa sonrisa, la que tenías durante aquellos días en los que tú y yo, los dos juntos, lo éramos todo.
05 septiembre, 2012
Todopoderosos de segunda fila
Estoy
cansado de ti, de tu cuerpo perfecto, de esas miradas sin sentimiento que tan
diferentes son de las mías. Harto de tu larga melena rubia, de tus
resplandecientes ojos verdes, incluso de ese vestido rosa pastel con el que te
conocí y que tan bien te queda. Hasta arriba de todo lo que tenga algo que ver
contigo, incluso del aire que exhalas y que más de una vez supo ponerme los
vellos de punta.
Cansado
de no poder olvidarte, de tu perenne presencia en mi mente enferma, de que cada
segundo que pase se clave un puñal más en mi cada vez más maltrecho corazón.
Cansado de tu imagen en mi mente, de que cuando menos me lo espere y todavía
menos lo necesite acudas a mí; como si supieras cuál es el momento más débil
del día para entrar en mi cabeza y no salir hasta que Morfeo, con suerte,
decida darme unos cuantos minutos de respiro. Tres, cuatro, pero nunca más de cinco
hasta que en sueños vuelva a aparecer tu bello rostro, rodeado de ese halo de
luz mágico que siempre tuviste.
Cansado
de este amor inútil y sin sentido, de este fuego que me destruye y me
reconstruye a casa segundo, de este ácido que acabará conmigo y sin el cual ya
no recuerdo mi existencia. Harto de esta paradoja que me hace desear que no
hubieras aparecido en mi vida y, a la vez, que jamás desaparezcas de ella. Que
vengas a por mí y me digas que sientes lo mismo que yo: que no soy lo primero
que aparece en tu mente cada mañana ni lo último cada noche, porque ni siquiera
en sueños eres capaz de librarte de mí.
06 agosto, 2012
Directo hasta el amanecer
¿Que por dónde queda mi felicidad?
Por tu hermoso pelo: corto o largo me da igual, porque es tuyo y huele a ti.
Por tu nariz, que algunos dirán que es grande, pero te juro que yo la veo
normal: me habré acostumbrado a la mía, mucho mayor, y ahora todas me parecen
pequeñas. Por tus ojos, lindísimos, grandes y abiertos, una ventana abierta a
un corazón aún más lindo, grande y abierto. Por tus lágrimas, las que me hacen
levantarme y luchar contra quien haga falta, incluso contra mí mismo, para evitar
verlas una vez más. Por tus labios, naturales y bellos, que desgastaría a besos
sin tener que soportar el regusto a pintalabios o gloss. Por ese cuello que
tantas veces he besado y mordido, ese cuello que desearía besar y morder todos
los días de mi vida. Por los lóbulos de tus orejitas, los que te ponen los
vellos de punta cada vez que jugueteo con ellos. Por todo tu cuerpo, por el que
me perdería una y otra vez sin desear encontrarme, sin desear que acabe la
noche y se esconda la luna ante el brillo de un sol cada vez más ardiente y
agobiante, obligándonos a separarnos una vez más.
Por tu naturalidad, por tu enorme
corazón, por tu sinceridad. Por tu sencillez, tu puntito infantil, tu miedo a
no dar la talla. Por tu temor a ser pesada, a repetirte más de la cuenta, a
desgastar un "Te quiero" que pide a gritos salir de tu alma cada
pocos segundos. Por esa alma limpia y pura, la única que conozco en un mundo
cada vez más sucio y desgastado. Por atreverte a enamorarte de mi, por tener la
valentía de asomarte a ese enorme precipicio que es mi alma y no salir
corriendo de puro miedo. Por ver en mi esa parte de mí mismo que nadie vio
nunca, ni yo mismo: la del héroe que sacrifica su vida por salvar la de su
chica. Por tu amabilidad para con este pobre hombre al que has dado una razón
para vivir, que no es otra que la de luchar sin descanso por darte lo que
mereces. Por tu sonrisa, lo único que merece la pena en este mundo, un punto
fijo de luz y color en un caótico mundo en blanco y negro.
24 julio, 2012
Segundo tras segundo
Volveré a aquellos días en los que
intentaba olvidarme de todo, incluso de mi; aquellos días en los que soñaba con
dar marcha atrás al reloj y marcha adelante a mi vida mientras forzaba mi
cuerpo hasta el límite, corriendo sin parar sin avanzar un solo paso, mostrando
al mundo aquella triste metáfora de mi vida.
Volveré a aquellas largas noches
llenas de alcohol, mujeres y drogas, como si correr una cortina fuese
suficiente para dejar de ver la tristeza en la que me dejaste sumido; volveré a
aquellas noches en las que no paraba de bailar, rodeado de cientos de personas
que poco a poco me robaban mi tiempo, mi identidad y mis sueños: todo menos mi
soledad.
Volveré a aquellos días aburridos e
insulsos, a aquellas noches mirando la luna esperando respuestas para miles de
preguntas que nunca dejan de llegar. A aquellos días que pasan en un suspiro, a
aquellas noches largas como la eternidad. Meses que pasan uno tras otro,
llevándose por delante mis días vacíos y mis corazones llenos.
Volveré a
huir de aquella manera, la que llevo intentando desde hace años y que no me ha
alejado de ti ni un solo centímetro. Volveré a mirar todos esos coches, esos
trenes y esos aviones, con la esperanza de que ellos puedan llevarme a
cualquier otra parte, a una en la que tú no existas, en la que tu recuerdo no
me atormente segundo tras segundo. A un sitio en el que cuando quieras dejar
algo atrás, baste con huir.
19 julio, 2012
Velocidad
60 km/h. En mi pequeña vespa,
disfrutaba del entorno. A mi derecha, el Coliseo Romano, ruina de tiempos
antiguos, tiempos mejores y peores, tiempos pasados. Como yo mismo, el Coliseo
era admirado por lo que fue, y no por lo que era en ese momento. Por lo que
representaba, por lo que una vez hubo en su interior, por su historia. Por lo
que decía aun sin poder hablar, por la sangre que aún hoy sus paredes
rezumaban. El vestigio de un pasado que no volverá, un edificio en franca
decadencia, una ruina que muchos admiraban. El Coliseo, viva imagen de mi alma.
120 km/h. En mi Honda de 500cc,
disfrutaba de la carretera. Bajando por la ladera de aquella montaña suiza, con
la única compañía del viento, de mi fiel montura y del asfalto, pensaba en lo
que me llevó a aquella situación. Yo, que una vez lo tuve todo, ahora me veía
sin nada. Tan sólo me quedaban la libertad que me proporcionaba aquella
motocicleta que llevaba conmigo desde los 18 años y el poco talento que pudiera
correr por mis venas. Y la suerte, por supuesto. Esa nunca me abandonó. Aún
hoy, es lo único que me salva de tener un accidente en esta escarpada carretera
de montaña.
180 km/h. En mi Ford Escort,
disfrutaba de la vida. La vida de aquel París que veía en todo su esplendor,
incluso a esas velocidades. La vida que sentía por mis venas cuando corría, por
mis propios medios o gracias a artilugios de mayor o menor complejidad. La que
sentía cuando escribía día tras día, sin parar, con aquella fiebre que no sabía
de dónde venía, pero que me daba la vida. Una enfermedad que me daba la vida.
Curioso. Como mi vida en general, supongo. Ya nada tenía sentido ni razón de
ser. Mis carreras. Mis textos. El mundo entero, conmigo a la cabeza.
240 km/h. En mi Porsche Carrera,
disfrutaba del riesgo. La emoción de quien no sabe lo que le espera mañana, ni
hoy, ni aún la próxima hora. El riesgo formaba parte de mi vida: es más, el
riesgo era mi vida. La chispa que la encendía, como encendía la mezcla de aire
y combustible que permitía que aquel automóvil fuera a casi el doble de la
velocidad recomendada en aquella autobahn. Sabía que no debía correr de esa
manera, pero a estas alturas de mi vida no me importaba nada. Una multa sólo
era dinero. Un tiempo en la cárcel sólo sería una experiencia más en mi caótica
vida. Y un accidente... bueno, tal vez fuera la solución definitiva a mis
problemas.
300 km/h.
En mi monoplaza de competición, disfrutaba de mis recuerdos. Aunque pensándolo
bien, disfrutar no era precisamente la palabra que estaba buscando. Más bien,
se clavaban en mi mente como lanzas de acero. Mi mente ardía, mi corazón dolía
y mi cuerpo permanecía rígido y alerta, lleno de adrenalina, yendo a aquella
velocidad absurda incluso para aquel bólido preparado para ir hasta los
extremos, extremos que me daban la rabia y el coraje necesario para desarrollar
mi talento. Aunque pensándolo aún mejor, coraje no era la palabra que estaba
buscando. Era imprudencia. Insensatez. Locura. Aunque más que la mía, la de
aquellos que aún buscaban en mi alma, como en el Coliseo, aquella sangre que me
había convertido en lo que ahora soy.
05 julio, 2012
A estas alturas del juego
A estas alturas del juego ya no sé si debo correr o esconderme. Saltar o gritar, perseguir o huir, buscar o ser buscado. Hace tanto que comenzó este juego que ya olvidé sus reglas.
Cada uno da su opinión, me dice lo que debo hacer basándose en sus propias reglas. Pero esas reglas no son las mías, nunca lo fueron y nunca lo serán. Yo juego bajo mis propios términos; el problema es que ya no recuerdo cuáles son. Un error fatal que me costará volver a caer en la derrota una vez más. Una derrota que no puedo permitirme esta vez. No hoy. No aquí.
A estas alturas del juego ya no sé si debo hablar o cerrar mis labios para siempre. De mi decisión dependerá el resto de mi vida, el resto de este juego en el que no queremos seguir las reglas hasta que las olvidamos.
26 junio, 2012
Tal vez demasiado
Levanto mis ojos y miro a los suyos.
Ya no veo en ellos la ventana abierta que solía ver: sólo alcanzo a ver el
reflejo translúcido de mi propio ser, agotado y demacrado tras tantos y tantos
intentos desesperados de volver a luchar. De levantarme de nuevo, de ser capaz
de entregarle una vez más todo mi amor... aunque sepa que lo apartará a un
lado. Como si no importara. Como si le estorbara.
Toda relación acaba desgastándose. Y
lo sé, es un hecho, es imposible mantener vivas por siempre las llamas de la
pasión, la lujuria y el romanticismo. Pero ella y yo éramos diferentes, siempre
fuimos diferentes. Mirábamos al mundo desde nuestra nube y nos reíamos de él,
de sus gentes y de sus ridículas costumbres, de su hipocresía y sus mentiras.
Ella y yo no luchábamos por mantener vivo nuestro amor; al contrario, era el
amor el que nos mantenía vivos a nosotros.
Pero ya todo cambió. Esa nube se
perdió, se disipó, obligándonos a caer. Y el contacto con la realidad no le
sentó bien, ni a ella ni a lo que teníamos. Perdimos la magia, y con ella lo
perdimos todo. Ella y yo siempre fuimos diferentes. Tal vez demasiado.
Levanto
mis ojos y miro a los suyos. Ya no veo en ellos la ventana abierta que solía
ver: sólo veo ya el cansancio de quien antes volaba con el viento y ahora se ve
obligado a andar por el suelo. El cansancio de quien sabe que allá arriba,
sobre las nubes, alguien se ríe de ella y del mundo en el que ahora debe vivir.
15 junio, 2012
Pero a veces hay cosas más importantes que el amor
Recorrería
miles de kilómetros por acariciar tu pelo una vez más. Por sólo mirarte y
contemplar esa belleza helénica por última vez, iría andando desde aquí hasta
Nueva York. Destruiría cualquier límite que pudiese quedar en pie, desafiaría
las leyes del tiempo y el espacio, sería capaz de hacer enfadar a miles de
Dioses en los que no creo si eso me permitiera compartir mi vida contigo.
Aquella
última noche fue perfecta. Tú y yo unidos en perfecta sincronía, desafiando al
mundo mientras gritábamos un “Te quiero” para el que no hacían falta palabras.
Devolviendo a las palabras “Te amo” un valor que miles de personas le arrebatan
cada día, convirtiéndolas en palabras vacías y sin sentido que no expresan ya
ese sentimiento complejo y maravilloso, ese que sienten aquellos que darían
todo por un segundo más junto a esa persona especial.
12 junio, 2012
Aquella en la que te escondes
Hoy destruiré tus fotos, tus regalos
y tus recuerdos. Borraré tu número de teléfono de mi móvil, tus mensajes de
amor, tus comentarios en facebook. Huiré de ti cuando te vea, y si alguna vez
alguien te menciona, le haré callar. Destruiré la imagen de tu mágica sonrisa,
aquella por la que di la vida entera y más todavía. Acabaré con tu influencia
en mí, con las manías que creaste, la depresión en la que me hundí aquel día
oscuro y gris. Hoy borraré cualquier indicio de tu existencia, de lo que me
hiciste, de lo que fuimos.
Hoy
cogeré un bidón de gasolina y un mechero, y junto a ellos arderá todo lo que
quede de ti dentro de mí. Hoy te convertirás en cenizas, polvo gris que me
ayudará a que crezca un nuevo sentimiento, mucho mejor y más fuerte. El fuego,
antiséptico, antibiótico y purificador, me ayudará a acabar para siempre con
esa parte de mi alma. Aquella en la que te escondes y de la que nunca he podido
librarme.
02 junio, 2012
No más, ya no más
Quizás no entiendas el por qué de
estas palabras, pero eso ya me da igual. No perderé más tiempo de mi vida
intentando justificar unos errores que no cometí, unos errores que cargué sobre
mi espalda durante demasiado tiempo sin tener la obligación de hacerlo.
Te amé durante demasiado tiempo. Y
lo peor de ese amor no fueron las dificultades que encontré en mi camino para
expresarlo, ni la podrida relación que salió de él. Lo peor vino después. Las
noches en vela, las miradas furtivas, los gritos a una almohada ablandada a
base de golpes y lágrimas. El pago de un amor roto, según tú, por mi. Por mi
frialdad, mi egoísmo, mi falta de sensibilidad.
No, querida. Yo no fui el culpable
de aquello. Y me niego a seguir cargando con ese error, no porque no pueda ni
porque crea que ya cargué con ello lo suficiente. Simplemente, me cansé de ser
tu felpudo, tu perrito faldero, el cubo de basura donde tiras lo que no quieres
en tu vida. No más, ya no más.
Si quiero mejorar como persona, debo
soltar el lastre de todo aquello que me hunde en el fango. Y esos años son la
principal carga de aquello que no me deja avanzar. Han pasado ya dos años
desde que te libré de ese peso, no sé si por no discutir contigo, por costumbre
o por amor. Pero no más, ya no más. Desde hoy serás tú, en soledad, la que
cargue con el daño que te pertenece. Creo que tras tanto tiempo, merezco un
poco de felicidad.
¿Sabes
qué es lo que más me apena de todo aquello? Que tenías razón. Fui muy
gilipollas. Pero no por cómo me porté contigo, sino por haber intentado
mantener vivo aquel amor que ninguno de los dos deseó nunca, aquel amor que no
fue una bendición, sino una esclavitud.
11 mayo, 2012
Nada sería mejor que ésto
Guapa. Bella. Linda. Hermosa. Lista.
Inteligente. Simpática. Agradable. Divertida. Soñadora. Pasional. Intensa.
Tranquila. Asombrosa. Increíble. Enorme. Grande. Perfecta.
Qué fácil amar a alguien así. No
tiene ningún mérito. ¿No sería mejor la montaña inalcanzable, a la que cuando
llegas tienes la sensación de ser alguien mejor, más grande, más fuerte? ¿No
sería mejor amar poco a poco, conocer a esa persona años atrás, ser amigos,
compartirlo todo, y en el momento ideal, que salte la chispa que lo inunde todo
de ese fuego que algunos llaman amor? ¿No sería mejor amar a alguien que sea
como tú, exactamente como tú, y no a alguien que te supere en tantas y tantas
cosas? ¿No sería mejor amar a alguien tras superar miles y miles de pruebas
juntos, hasta el punto de que ya no os quede ninguna que superar cuando llegue
el momento?
07 mayo, 2012
Subconsciente
Frío o calor. Hielo o fuego. Vivo o muerto. Nunca lo supe y nunca me importó, porque vivo en la certeza de quien sabe que no está vivo. Vivir es para cobardes, para comadrejas huidizas que corren intentando escapar de algo que tienen pegado al alma. Yo no vivo y, si soy sincero, nunca quise vivir. La verdad es que no. Estoy muy bien como estoy.
Y ahora la pereza de despertarse, de seguir adelante, de estar un día más en un mundo que no me pertenece y que nunca me perteneció. En serio, cada vez me apetece más que el mundo entero se vaya al puto cuerno. Cuando cojo un boli y un papel en blanco, siempre escribo lo mismo: "Keep your hands off my girl". "Rebel girl". "Only happy when it rains". "Hate me". "Love me". "Kiss me". "Garbage". "Sugar". "Kiss a girl". "I just wanna live".
Pedazos de un subconsciente que no puede o no quiere salir. Lógico. Si yo fuera mi subconsciente me quedaría muy, pero que muy escondido.
18 abril, 2012
¿Por qué duermo tanto?
¿Que por qué duermo tanto? ¿Que por qué paso tanto tiempo a oscuras, escondido, en esa habitación, aislado de la realidad y de todos los que me rodean?
No lo sé, la verdad. Pero como todo el mundo, tengo una teoría. Supongo que duermo tanto porque hace mucho que me di cuenta que no puedo dejarme ayudar, porque es hipócrita pedir ayuda a alguien a quien no se la darías y no me gusta que alguien a quien yo apoyaría se ensuciase sus manos para ayudar a alguien como yo. Supongo que porque me he traicionado tantas veces que ya no sé quién soy, si la víctima o el verdugo. Supongo que porque vivo fingiendo constantemente que no estoy enamorado, que cuando la miro no siento todas esas cosas. Supongo que porque no quiero mezclarme con una gente que, consciente u inconscientemente, han sido los principales culpables de esta situación... o, más bien, de la gota que ha colmado el vaso. Supongo que porque cuando abro la puerta de esa habitación sigo sonriendo, aunque en el fondo lo único que desee sea gritar a los cuatro vientos que estoy cansado de todo y de todos, especialmente de mí mismo y de mi maldita cabeza…
¿Que por qué duermo tanto? No lo sé. Supongo que porque vivo rodeado de tanta hipocresía que los sueños son lo más real que tengo.
No lo sé, la verdad. Pero como todo el mundo, tengo una teoría. Supongo que duermo tanto porque hace mucho que me di cuenta que no puedo dejarme ayudar, porque es hipócrita pedir ayuda a alguien a quien no se la darías y no me gusta que alguien a quien yo apoyaría se ensuciase sus manos para ayudar a alguien como yo. Supongo que porque me he traicionado tantas veces que ya no sé quién soy, si la víctima o el verdugo. Supongo que porque vivo fingiendo constantemente que no estoy enamorado, que cuando la miro no siento todas esas cosas. Supongo que porque no quiero mezclarme con una gente que, consciente u inconscientemente, han sido los principales culpables de esta situación... o, más bien, de la gota que ha colmado el vaso. Supongo que porque cuando abro la puerta de esa habitación sigo sonriendo, aunque en el fondo lo único que desee sea gritar a los cuatro vientos que estoy cansado de todo y de todos, especialmente de mí mismo y de mi maldita cabeza…
¿Que por qué duermo tanto? No lo sé. Supongo que porque vivo rodeado de tanta hipocresía que los sueños son lo más real que tengo.
02 abril, 2012
Nada es para siempre. Ni siquiera el hecho de que nada es para siempre.
No puedo dejar de mirar sus fotografías. Unas calmas, felices, en las que aparece con esa sonrisa que jamás dejaré de intentar ver, esa sonrisa que no es sino lo más bello de este mundo. Otras melancólicas, con una mirada al horizonte, que no perdida, que te hace pensar en la vida y en la distancia que nos separa, por mucho que intentemos salvarla día tras día. Y otras, simplemente, maravillosas. Como ella.
Pero hay una que me tiene especialmente cautivado. Una fotografía en la que muestra su mejor sonrisa, y en la que el conjunto queda eclipsado por detalles en los que uno no se fija hasta que no se sacude la cabeza e intenta ver con perspectiva. Detalles como el radiante blanco de sus dientes o el curioso tono de su pelo, más claro en la punta que en la raíz. Pero, sobre todo, sus ojos, sus bellísimos ojos, tan radiantes en esa fotografía, que me hicieron darme cuenta de una verdad asombrosamente clara, tan clara que es casi transparente.
Siempre pensé que nada es para siempre en esto del amor, pero al ver sus preciosos ojos me di cuenta de que, de verdad, nada es para siempre. Ni siquiera el hecho de que nada es para siempre.
Pero hay una que me tiene especialmente cautivado. Una fotografía en la que muestra su mejor sonrisa, y en la que el conjunto queda eclipsado por detalles en los que uno no se fija hasta que no se sacude la cabeza e intenta ver con perspectiva. Detalles como el radiante blanco de sus dientes o el curioso tono de su pelo, más claro en la punta que en la raíz. Pero, sobre todo, sus ojos, sus bellísimos ojos, tan radiantes en esa fotografía, que me hicieron darme cuenta de una verdad asombrosamente clara, tan clara que es casi transparente.
Siempre pensé que nada es para siempre en esto del amor, pero al ver sus preciosos ojos me di cuenta de que, de verdad, nada es para siempre. Ni siquiera el hecho de que nada es para siempre.
18 marzo, 2012
Supongo que esa historia comenzaría así...
Sólo se justifican los que se sienten culpables. Y sólo se sienten culpables los que se equivocan y los que creen que se equivocan.
Leía entonces en mi oscura habitación los tuits más recientes de mi cuenta favorita. Cuánto me recordaba a mí mismo. Era hombre, más o menos de mi misma edad, y la historia que contaba cada 140 letras sugería que habíamos compartido la misma historia. Un desamor creciente, un abandono justificado, la santa resignación de quien cree haberse equivocado, de quien a todo el mundo dice que hizo lo correcto pero que no ve en los ojos de los demás la verdad que creen expresar con sus labios.
140 símbolos no serían suficientes para muchas cosas, pero desde luego no pienso utilizarlos para justificarme. Como ya he dicho, sólo se justifican los que se sienten culpables. Yo no me siento culpable de lo sucedido: me temo, querido lector, que deberás ser tú quien determine si lo soy o no. Por una vez, sólo tú serás juez, jurado y verdugo. Un poder que sólo los amantes de las letras conocen.
Leía entonces en mi oscura habitación los tuits más recientes de mi cuenta favorita. Cuánto me recordaba a mí mismo. Era hombre, más o menos de mi misma edad, y la historia que contaba cada 140 letras sugería que habíamos compartido la misma historia. Un desamor creciente, un abandono justificado, la santa resignación de quien cree haberse equivocado, de quien a todo el mundo dice que hizo lo correcto pero que no ve en los ojos de los demás la verdad que creen expresar con sus labios.
140 símbolos no serían suficientes para muchas cosas, pero desde luego no pienso utilizarlos para justificarme. Como ya he dicho, sólo se justifican los que se sienten culpables. Yo no me siento culpable de lo sucedido: me temo, querido lector, que deberás ser tú quien determine si lo soy o no. Por una vez, sólo tú serás juez, jurado y verdugo. Un poder que sólo los amantes de las letras conocen.
13 marzo, 2012
Cuatro ojos
Cuatro ojos. No, no es un insulto. Es la realidad. Cuatro ojos representados en una imagen. Los tuyos y los míos.
Dicen por ahí que una imagen vale más que mil palabras. Es una frase en la que yo nunca creí, porque siempre pensé que, con práctica y talento, mil palabras podrían llegar a transmitir más que cualquier imagen. Es evidente que me equivoqué; que tú, mi Luna, me has enseñado una vez más algo que sólo puedo aprender de ti.
Podría escribir durante horas, durante días, durante meses. Podría ejercitar mi talento durante años, sin poder expresar con mil palabras lo que esa simple imagen desprende. Tú, inteligente como ninguna, supiste entender que la clave de esa fotografía estaba en nuestros ojos. Esos ojos que expresaban tanto. Que hablaban tanto. Que decían lo que ninguno de los dos nos atrevíamos a decir en voz alta.
Ojos que son como fuego y hielo, ojos fríos y ardientes, ojos que representan la cercanía y la lejanía que nos caracterizan. Ojos que son, esta vez sí, el espejo del alma, un alma que sólo tú puedes encender en mi caso, y un alma que intenta protegerse después de tantos y tantos desengaños amorosos en el tuyo. Un alma fría, la tuya, que convierte a la mia en puro fuego. Un alma fría por necesidad, porque tú mejor que nadie sabes, tal vez inconscientemente, que el frío aumenta el dolor, pero ayuda a conservar lo que uno quiere.
Curioso que yo, el frío, el inexpresivo, el calculador, sea esta vez el representante del fuego, del romanticismo, de la pasión. Y curioso que tú, la romántica, la ilusionada, la amante fiel, seas en esa fotografía quien clava sobre la cámara unos ojos pétreos y duros. Supongo que tienes muchos motivos para hacerlo así... pero a mi me gustaría creer que son así porque, aquel día perfecto, no terminabas de creer del todo que aquello fuera real. Que lo mirabas todo con perspectiva, esperando despertar de un sueño demasiado increíble como para ser real.
Sé lo que es eso... Pero tranquila, no te preocupes por nada. El tiempo pasará, y antes de que te des cuenta, comenzaras a creer que esto no es un sueño, sino la más bella de las realidades. Y en ese instante, tus ojos comenzarán a emitir tanta felicidad, que harán palidecer al mismo flash de tu cámara. Y entonces yo, cariño, volveré a ser feliz. De verdad.
Dicen por ahí que una imagen vale más que mil palabras. Es una frase en la que yo nunca creí, porque siempre pensé que, con práctica y talento, mil palabras podrían llegar a transmitir más que cualquier imagen. Es evidente que me equivoqué; que tú, mi Luna, me has enseñado una vez más algo que sólo puedo aprender de ti.
Podría escribir durante horas, durante días, durante meses. Podría ejercitar mi talento durante años, sin poder expresar con mil palabras lo que esa simple imagen desprende. Tú, inteligente como ninguna, supiste entender que la clave de esa fotografía estaba en nuestros ojos. Esos ojos que expresaban tanto. Que hablaban tanto. Que decían lo que ninguno de los dos nos atrevíamos a decir en voz alta.
Ojos que son como fuego y hielo, ojos fríos y ardientes, ojos que representan la cercanía y la lejanía que nos caracterizan. Ojos que son, esta vez sí, el espejo del alma, un alma que sólo tú puedes encender en mi caso, y un alma que intenta protegerse después de tantos y tantos desengaños amorosos en el tuyo. Un alma fría, la tuya, que convierte a la mia en puro fuego. Un alma fría por necesidad, porque tú mejor que nadie sabes, tal vez inconscientemente, que el frío aumenta el dolor, pero ayuda a conservar lo que uno quiere.
Curioso que yo, el frío, el inexpresivo, el calculador, sea esta vez el representante del fuego, del romanticismo, de la pasión. Y curioso que tú, la romántica, la ilusionada, la amante fiel, seas en esa fotografía quien clava sobre la cámara unos ojos pétreos y duros. Supongo que tienes muchos motivos para hacerlo así... pero a mi me gustaría creer que son así porque, aquel día perfecto, no terminabas de creer del todo que aquello fuera real. Que lo mirabas todo con perspectiva, esperando despertar de un sueño demasiado increíble como para ser real.
Sé lo que es eso... Pero tranquila, no te preocupes por nada. El tiempo pasará, y antes de que te des cuenta, comenzaras a creer que esto no es un sueño, sino la más bella de las realidades. Y en ese instante, tus ojos comenzarán a emitir tanta felicidad, que harán palidecer al mismo flash de tu cámara. Y entonces yo, cariño, volveré a ser feliz. De verdad.
10 marzo, 2012
El miedo
El miedo. ¿Cuánto hace que no oía hablar de él? ¿Semanas, meses quizá?
El miedo. El miedo a dar un paso adelante, a atreverse a ir más allá, tal vez siquiera a decir un triste "Hola" que pueda ser el inicio de algo increíble.
El miedo. Miedo a que las sensaciones del primer día se desvanezcan, miedo a que ese sentimiento fuese solo algo temporal y pasajero, como parece que es todo hoy en día.
El miedo. El miedo a comenzar algo nuevo, algo desconocido, algo bello. El miedo a conseguir lo que siempre ha querido uno, el miedo a alcanzar el éxito, la gloria, LA FELICIDAD.
El miedo. El miedo a fracasar. El miedo a acostumbrarse a lo bueno, algo bueno que puede no durar para siempre. El miedo a dar un paso que puede condicionar mucho tu vida.
El miedo. El miedo a amar. El miedo a depender de una persona, el miedo a pensar que puede llegar el día en que esa persona no dependa de ti y te abandone.
El miedo. El miedo a tener miedo. El miedo a esa parálisis de los sentidos, a ese temblor en la oscuridad, a ese ¿Y si...? El miedo a esa barrera que o traspasas, o te traspasa. Sin término medio.
El miedo. El miedo a dar un paso adelante, a atreverse a ir más allá, tal vez siquiera a decir un triste "Hola" que pueda ser el inicio de algo increíble.
El miedo. Miedo a que las sensaciones del primer día se desvanezcan, miedo a que ese sentimiento fuese solo algo temporal y pasajero, como parece que es todo hoy en día.
El miedo. El miedo a comenzar algo nuevo, algo desconocido, algo bello. El miedo a conseguir lo que siempre ha querido uno, el miedo a alcanzar el éxito, la gloria, LA FELICIDAD.
El miedo. El miedo a fracasar. El miedo a acostumbrarse a lo bueno, algo bueno que puede no durar para siempre. El miedo a dar un paso que puede condicionar mucho tu vida.
El miedo. El miedo a amar. El miedo a depender de una persona, el miedo a pensar que puede llegar el día en que esa persona no dependa de ti y te abandone.
El miedo. El miedo a tener miedo. El miedo a esa parálisis de los sentidos, a ese temblor en la oscuridad, a ese ¿Y si...? El miedo a esa barrera que o traspasas, o te traspasa. Sin término medio.
03 marzo, 2012
Más allá del bien y del mal
Anoche ví algo que impactó mi mente. Algo que, de un chispazo, me hizo comprender la realidad de la vida. Esa vida a veces sin sentido, a veces dolorosa, pero que siempre sabe cómo sacarnos de esos túneles profundos en los que a veces entramos.
Anoche me encontré cara a cara con el bien. Amable, dulce, angelical. Siempre con una sonrisa tranquilizadora en la boca, siempre con una palabra de consuelo en sus carnosos labios. Siempre dispuesta a hablar, a escuchar, a darte un momento de respiro en lo dura que es la vida. Vi sus ojos claros, irradiando luz donde quiera que miraban. Siempre atenta, dispuesta a escucharte, intentando animarte cuando te ve algo decaído, cuando ve que pierdes fuelle. Anoche me encontré a un ángel caído del Cielo.
Anoche me encontré cara a cara con el mal. Ruda, descortés, demoníaca. Siempre con una sonrisa turbadora en la boca, siempre con una palabra ácida en sus carnosos labios. Siempre dispuesta a discutir, a jugar, a forzar tus límites y superarte una y otra vez. Vi sus ojos oscuros, llenando de terror a aquello en lo que se posaban. Siempre dura, dispuesta a atacarte, intentando hundirte cuando te ve demasiado subido, cuando ve que vas más allá de tus posibilidades. Anoche me encontré a un demonio salido del Infierno.
Anoche me encontré con ambas. El bien y el mal, personificados en dos personas muy diferentes. Dos mujeres que se conocieron ese mismo día y que podrían llegar a ser muy amigas. Dos mujeres que, mientras bailaban juntas en una discoteca, me hicieron comprender que la vida es exactamente como la veía: el bien y el mal, bailando entre ellos al compás de algo mucho mayor. La vida.
Anoche me encontré cara a cara con el bien. Amable, dulce, angelical. Siempre con una sonrisa tranquilizadora en la boca, siempre con una palabra de consuelo en sus carnosos labios. Siempre dispuesta a hablar, a escuchar, a darte un momento de respiro en lo dura que es la vida. Vi sus ojos claros, irradiando luz donde quiera que miraban. Siempre atenta, dispuesta a escucharte, intentando animarte cuando te ve algo decaído, cuando ve que pierdes fuelle. Anoche me encontré a un ángel caído del Cielo.
Anoche me encontré cara a cara con el mal. Ruda, descortés, demoníaca. Siempre con una sonrisa turbadora en la boca, siempre con una palabra ácida en sus carnosos labios. Siempre dispuesta a discutir, a jugar, a forzar tus límites y superarte una y otra vez. Vi sus ojos oscuros, llenando de terror a aquello en lo que se posaban. Siempre dura, dispuesta a atacarte, intentando hundirte cuando te ve demasiado subido, cuando ve que vas más allá de tus posibilidades. Anoche me encontré a un demonio salido del Infierno.
Anoche me encontré con ambas. El bien y el mal, personificados en dos personas muy diferentes. Dos mujeres que se conocieron ese mismo día y que podrían llegar a ser muy amigas. Dos mujeres que, mientras bailaban juntas en una discoteca, me hicieron comprender que la vida es exactamente como la veía: el bien y el mal, bailando entre ellos al compás de algo mucho mayor. La vida.
29 febrero, 2012
Bienvenida a mi corazón
¿Por qué no has entrado directamente? ¡El timbre está de adorno! Venga, entra, sin miedo. Si no hay puerta es por algo.
Si estás aquí es porque has atravesado el pasillo sin volverte corriendo. Mucha gente lo hace, ¿de verdad no has sentido ese impulso? Los cuadros que cuelgan allí son imágenes de mi vida, de algunos de mis momentos más importantes. Algunos de los más feos, los más horripilantes, los que harían que la mayoría de la gente corriente saliera huyendo. Si has llegado aquí sin volverte, supongo que es porque sabes que una persona no es sólo el cúmulo de sus peores experiencias. Felicidades, poca gente entiende eso a la primera.
Siéntate dónde quieras. ¿Cómo que dónde? En cualquier cama, coge la que más te guste. No tengo sillas, lo siento: una silla es para alguien que está de paso, que va y viene. Yo tengo camas, por si quieres quedarte una noche. O una semana. O toda tu vida. Tú misma.
No, lo siento, no puedo encender la calefacción. De verdad que no. Yo nunca he sabido dónde está el termostato en este lugar, por eso hace siempre tanto frío. Si quieres puedes meterte en la cama, hay muchas mantas. O puedes encender un fuego, o traerte una estufa, tal vez incluso instalar tu propio acondicionador de aire, para calentar un poco este lugar. Tú mandas.
Perdona el desorden. Supongo que tú lo entenderás: para ordenar antes hay que desordenar. ¡Y eso que no viste cómo estaba esto hace un año! Ahora al menos se puede vivir aquí, antes no se podía ni entrar. Pero con trabajo pude adecentar esto un poco. Si quieres ayudarme, por mi perfecto :)
¿Te parecerá raro ver esto tan poco decorado, verdad? Es normal. Mis recuerdos están en otro lugar, al norte, lejos de aquí. En este lugar sólo guardo camas, en las que duerme la gente que me quiere lo suficiente como para pasar aquí cierto tiempo. La poca decoración que puedes ver es suya, así que ya sabes, si quieres colgar algo, poner algún mueble o incluso abrir una ventana para que entre algo de aire, tú misma.
¿Que dónde duermo yo? Depende. Tengo mi propia cama, pero a veces me gusta venir aquí y dormir acompañado. Mirar a los ojos a mi familia, a mis amigos, a toda la gente que está aquí, para después mirar el álbum de fotos que siempre me acompaña y ponerme a recordar. A veces cosas buenas y a veces cosas malas, depende de como haya ido el día, supongo.
Bueno, no te doy más la lata. Cuando quieras hablar o simplemente estar conmigo un rato, llámame. Acudiré lo más rápido que pueda, ¿vale? Venga, voy a seguir limpiando esto un poco, tirando lo que sobra y eso. Ya sabes, mantenimiento.
Ah, y por cierto... Bienvenida a mi corazón ;)
Si estás aquí es porque has atravesado el pasillo sin volverte corriendo. Mucha gente lo hace, ¿de verdad no has sentido ese impulso? Los cuadros que cuelgan allí son imágenes de mi vida, de algunos de mis momentos más importantes. Algunos de los más feos, los más horripilantes, los que harían que la mayoría de la gente corriente saliera huyendo. Si has llegado aquí sin volverte, supongo que es porque sabes que una persona no es sólo el cúmulo de sus peores experiencias. Felicidades, poca gente entiende eso a la primera.
Siéntate dónde quieras. ¿Cómo que dónde? En cualquier cama, coge la que más te guste. No tengo sillas, lo siento: una silla es para alguien que está de paso, que va y viene. Yo tengo camas, por si quieres quedarte una noche. O una semana. O toda tu vida. Tú misma.
No, lo siento, no puedo encender la calefacción. De verdad que no. Yo nunca he sabido dónde está el termostato en este lugar, por eso hace siempre tanto frío. Si quieres puedes meterte en la cama, hay muchas mantas. O puedes encender un fuego, o traerte una estufa, tal vez incluso instalar tu propio acondicionador de aire, para calentar un poco este lugar. Tú mandas.
Perdona el desorden. Supongo que tú lo entenderás: para ordenar antes hay que desordenar. ¡Y eso que no viste cómo estaba esto hace un año! Ahora al menos se puede vivir aquí, antes no se podía ni entrar. Pero con trabajo pude adecentar esto un poco. Si quieres ayudarme, por mi perfecto :)
¿Te parecerá raro ver esto tan poco decorado, verdad? Es normal. Mis recuerdos están en otro lugar, al norte, lejos de aquí. En este lugar sólo guardo camas, en las que duerme la gente que me quiere lo suficiente como para pasar aquí cierto tiempo. La poca decoración que puedes ver es suya, así que ya sabes, si quieres colgar algo, poner algún mueble o incluso abrir una ventana para que entre algo de aire, tú misma.
¿Que dónde duermo yo? Depende. Tengo mi propia cama, pero a veces me gusta venir aquí y dormir acompañado. Mirar a los ojos a mi familia, a mis amigos, a toda la gente que está aquí, para después mirar el álbum de fotos que siempre me acompaña y ponerme a recordar. A veces cosas buenas y a veces cosas malas, depende de como haya ido el día, supongo.
Bueno, no te doy más la lata. Cuando quieras hablar o simplemente estar conmigo un rato, llámame. Acudiré lo más rápido que pueda, ¿vale? Venga, voy a seguir limpiando esto un poco, tirando lo que sobra y eso. Ya sabes, mantenimiento.
Ah, y por cierto... Bienvenida a mi corazón ;)
25 febrero, 2012
Ciclos
Y es que la vida es así. Ciclos que surgen, que van formándose, que beben directamente de las experiencias pasadas. Círculos que avanzan unos detrás de otros, en una espiral interminable que asciende mucho más lentamente de lo que pueda parecer en un principio.
Experiencias que te remiten a sucesos de tu pasado, sucesos que quisiste olvidar hace mucho o que siempre quisiste volver a rememorar. Personas que te recuerdan a otras personas, sentimientos calcados a los que una vez sentiste, grupos en los que cada persona tiene un papel, un papel que ya te sabes de memoria, porque una vez, un día, hace mucho tiempo, ya actuaste en esa misma obra de teatro. Solo que con otros actores y actrices.
Si mi vida fuera una novela... mis fans criticarían mi última obra. Porque sí, quizás los personajes que en ella aparecen sean en su mayoría caras nuevas... pero las historias que tienen detrás son las mismas. Supongo que ese es el miedo que me inunda ahora mismo: que se repitan las mismas historias. El mismo inicio. El mismo desarrollo. Y, sobre todo, el mismo final.
Experiencias que te remiten a sucesos de tu pasado, sucesos que quisiste olvidar hace mucho o que siempre quisiste volver a rememorar. Personas que te recuerdan a otras personas, sentimientos calcados a los que una vez sentiste, grupos en los que cada persona tiene un papel, un papel que ya te sabes de memoria, porque una vez, un día, hace mucho tiempo, ya actuaste en esa misma obra de teatro. Solo que con otros actores y actrices.
Si mi vida fuera una novela... mis fans criticarían mi última obra. Porque sí, quizás los personajes que en ella aparecen sean en su mayoría caras nuevas... pero las historias que tienen detrás son las mismas. Supongo que ese es el miedo que me inunda ahora mismo: que se repitan las mismas historias. El mismo inicio. El mismo desarrollo. Y, sobre todo, el mismo final.
22 febrero, 2012
Life is just like poker
Me encanta cuando me hundo de tal manera que llorar no me desahoga. Eso significa que he tocado fondo de verdad, hasta el punto de obligarme a actuar. A moverme, a hacer algo, algo que no me atrevería a hacer en otra circunstancia. Algo que tiene todas las papeletas de hacerme infeliz... porque en ese momento no se puede ser más infeliz. Me gusta arriesgar, especialmente cuando no tengo nada que perder. Cuando llegas a ese punto, ser insensato y hacer un all-in es lo más sensato. Jugartelo todo cuando no tienes nada es una jugada maestra, una jugada que pocos se atreven a llevar a cabo. Algunos nunca lo han hecho, la mayoría sólo se han atrevido alguna vez aislada. Yo soy un experto. Es mi jugada clave, la que me define en esta gran partida de póker que es la vida. Hacer un all-in cuando ya no quedan fichas... y ganar. En el póker de verdad puede que no tenga suerte, que no sepa jugar, o ambas cosas. Pero en la vida... amig@, en la vida siempre acabo ganando. Como para no hacerlo: si la gente que te rodea son las cartas, a mí nada más que me salen figuras y ases. Así gana cualquiera :)
La verdad es que nunca he sabido jugar. Sólo así se explica que con las cartas que siempre me han tocado, haya perdido más de una y más de dos manos importantes. Pero ahora? Oh, ahora estoy aprendiendo, aprendiendo de verdad. Y cuando sepa jugar de verdad, con las cartas que tengo... :)
La verdad es que nunca he sabido jugar. Sólo así se explica que con las cartas que siempre me han tocado, haya perdido más de una y más de dos manos importantes. Pero ahora? Oh, ahora estoy aprendiendo, aprendiendo de verdad. Y cuando sepa jugar de verdad, con las cartas que tengo... :)
17 febrero, 2012
Cuando el telón cae, el vencedor siempre soy yo
Experta en el trato con la gente, en presentarte frente a cientos de personas como la protagonista de nuestras vidas, en luchar contra el miedo escénico de aquel que se sabe el centro de atención de un núcleo de personas. Experta en actuar.
Durante todo el tiempo que fuimos novios, siempre tuve una duda muy importante. De hecho, te la planteé más de una vez, dedicándome tu sonrisa más enigmática cada vez que lo hacía, pero sin obtener respuesta jamás. ¿Realmente me quisiste? ¿O eres en realidad la mejor actriz que nunca he conocido? Durante años tuve esa duda en mi mente, una duda que se va disipando cada vez más. Cuanto más tiempo pasamos alejados, cuanta más perspectiva tengo de nuestra relación, cuanto más "amigos" y menos ex-novios somos, más cuenta me doy de lo buena actriz que eres. De lo bien que sabes esconder tus sentimientos, no sólo hacia mi, sino también al resto del mundo.
Pero eso no me importa. No me importa lo buena actriz que seas, lo buena que parezcas de cara a los demás. Sí, quizás en la obra de teatro que es la vida, la ovacionada hayas sido tú. Pero, lo quieras o no, el telón cae todas las noches. Y cuando eso ocurre y sólo nos encontramos tú y yo, frente a frente... el vencedor siempre soy yo.
Durante todo el tiempo que fuimos novios, siempre tuve una duda muy importante. De hecho, te la planteé más de una vez, dedicándome tu sonrisa más enigmática cada vez que lo hacía, pero sin obtener respuesta jamás. ¿Realmente me quisiste? ¿O eres en realidad la mejor actriz que nunca he conocido? Durante años tuve esa duda en mi mente, una duda que se va disipando cada vez más. Cuanto más tiempo pasamos alejados, cuanta más perspectiva tengo de nuestra relación, cuanto más "amigos" y menos ex-novios somos, más cuenta me doy de lo buena actriz que eres. De lo bien que sabes esconder tus sentimientos, no sólo hacia mi, sino también al resto del mundo.
Pero eso no me importa. No me importa lo buena actriz que seas, lo buena que parezcas de cara a los demás. Sí, quizás en la obra de teatro que es la vida, la ovacionada hayas sido tú. Pero, lo quieras o no, el telón cae todas las noches. Y cuando eso ocurre y sólo nos encontramos tú y yo, frente a frente... el vencedor siempre soy yo.
14 febrero, 2012
Errores
Reconozco que me equivoqué. Reconozco que a veces fui insensible. Reconozco que a veces fui frío, indiferente hacia tus sentimientos, que permanecí quieto ante tu sufrimiento. Reconozco que fui un capullo, un tonto y, sobre todo, un gilipollas.
Pero tú también te equivocaste. Fuiste dura y exigente, realmente absorbente. Celosa hasta el extremo en ocasiones, pegajosa en muchas otras. Durante años dudaste de mi amor por ti, algo que a día de hoy me saca una sonrisa, sabiendo que lo nuestro acabó precisamente porque fuiste tú quien acabó con lo nuestro porque "dudabas de tus sentimientos". No dudabas de tus sentimientos: sabías perfectamente que no me amabas y que le amabas a él, pero aún sigues negándolo. Reconocelo, tú también te equivocaste.
Adelante, ven. Échame en cara mis errores: no harás nada que no haya hecho yo antes. Quieres luchar? Luchemos. Pero el arma con el que estás dispuesta a atacarme ya está descargada. Yo mismo la cogí y me disparé con ella en lo que ahora me parece otra vida. Una vida en la que aún te quería.
Pero tú también te equivocaste. Fuiste dura y exigente, realmente absorbente. Celosa hasta el extremo en ocasiones, pegajosa en muchas otras. Durante años dudaste de mi amor por ti, algo que a día de hoy me saca una sonrisa, sabiendo que lo nuestro acabó precisamente porque fuiste tú quien acabó con lo nuestro porque "dudabas de tus sentimientos". No dudabas de tus sentimientos: sabías perfectamente que no me amabas y que le amabas a él, pero aún sigues negándolo. Reconocelo, tú también te equivocaste.
Adelante, ven. Échame en cara mis errores: no harás nada que no haya hecho yo antes. Quieres luchar? Luchemos. Pero el arma con el que estás dispuesta a atacarme ya está descargada. Yo mismo la cogí y me disparé con ella en lo que ahora me parece otra vida. Una vida en la que aún te quería.
12 febrero, 2012
Entiendo que busques la perfección
Buscas al hombre perfecto. Buscas a ese hombre que te despierte con las mismas palabras con las que te acostaste la noche anterior: "Te quiero". Buscas a ese hombre fuerte, apuesto y viril, pero que sea sensible y delicado a la vez. Buscas a un compañero de viaje, alguien que siempre esté ahí pero del que nunca puedas cansarte. Alguien que no soporte tus pequeñas manías, sino que sonría con ellas. Lo buscas todo.
Entiendo que busques la perfección. Lo que no entiendo es que no la veas cada mañana cuando te miras al espejo.
Entiendo que busques la perfección. Lo que no entiendo es que no la veas cada mañana cuando te miras al espejo.
07 febrero, 2012
Ojos elementales
Ojos de hielo. Ojos fríos, inertes, inexpresivos. Ojos que te evitan, que huyen de tu rostro, de tu pelo, de tu cuerpo. Ojos que te dan la espalda, ojos que no quieren coincidir con los tuyos. Ojos que intentan reflejar la indiferencia que reflejan los tuyos, pero que, como un hielo mal formado, apenas consiguen hacerlo.
Ojos de aire. Ojos de un viento que mueve mis ojos en dirección hacia ti. Ojos que se dirigen hacia tu rostro, tu pelo, tu cuerpo. Ojos que no pueden evitar el contacto con los tuyos, ojos movidos por un viento tan potente que derriban incluso la más fuerte de mis voluntades. Ojos que buscan a los tuyos, anhelando encontrar en ellos la esperanza de un amor ya muerto hace mucho.
Ojos de fuego. Ojos ardientes en desesperación, ojos inmersos en el infierno más puro jamás creado por el hombre. Ojos que concentran en ellos toda la temperatura de un cuerpo que jamás estuvo tan frío. Ojos que son brasas ardientes, ojos que incluso se tornan del color rojo de un fuego que me consume por dentro.
Ojos de agua. Ojos que no pueden evitar soltar esas lágrimas, lágrimas provenientes del dolor de saber que ese amor nunca volverá. Ojos que inundan mi almohada, mi cama, mi habitación. Ojos que me recuerdan que la vida es como un gran pantano y que, cuando llueve mucho, debes abrir las compuertas y dejar que salga algo del líquido elemento.
Ojos de aire. Ojos de un viento que mueve mis ojos en dirección hacia ti. Ojos que se dirigen hacia tu rostro, tu pelo, tu cuerpo. Ojos que no pueden evitar el contacto con los tuyos, ojos movidos por un viento tan potente que derriban incluso la más fuerte de mis voluntades. Ojos que buscan a los tuyos, anhelando encontrar en ellos la esperanza de un amor ya muerto hace mucho.
Ojos de fuego. Ojos ardientes en desesperación, ojos inmersos en el infierno más puro jamás creado por el hombre. Ojos que concentran en ellos toda la temperatura de un cuerpo que jamás estuvo tan frío. Ojos que son brasas ardientes, ojos que incluso se tornan del color rojo de un fuego que me consume por dentro.
Ojos de agua. Ojos que no pueden evitar soltar esas lágrimas, lágrimas provenientes del dolor de saber que ese amor nunca volverá. Ojos que inundan mi almohada, mi cama, mi habitación. Ojos que me recuerdan que la vida es como un gran pantano y que, cuando llueve mucho, debes abrir las compuertas y dejar que salga algo del líquido elemento.
02 febrero, 2012
Escritor
Sí, vale, lo reconozco: mi autoestima no está precisamente por las nubes. Al contrario, vuela a ras de suelo. Nunca me he creído por encima de casi nadie, simplemente porque no me gusta. Prefiero estar cerca del suelo, porque una de las primeras lecciones que me enseñó la vida es que cuanto más alto subas, más dura será la caída. Eso, para alguien casi superdotado, con cierto carisma y con una personalidad única (en el buen sentido), debería implicar un trabajo titánico. Pero por diversas circunstancias, no puedo ser consciente de las ventajas que ello me supone. Jamás he presumido de ninguno de mis logros: no por humildad, que la tengo, sino porque nunca he pensado que alguno de esos logros provenga de mi, de mis cualidades o de mi esfuerzo. Todo lo he atribuído siempre a la suerte, una de las pocas amigas que he tenido desde siempre y que jamás me han abandonado.
Pero el tiempo pasa. Te vas haciendo mayor. Te ocurren cosas. Y de repente un dia te ves obligado a dejarlo todo atrás. Todo lo que siempre te acompañó, todo aquello que siempre pensaste que contenía la esencia de tu suerte y tu destino. Y es entonces cuando te das cuenta de que quizás, en un acto de madurez, debas empezar a reconocer tus propios méritos. A decir: "Yo dejé esa huella en el mundo". A pensar que tal vez, y sólo tal vez, puedas ser mejor que alguien en algo, aunque sepas que siempre habrá alguien mejor que tú en alguna parte. A dejar de pensar que puede que no seas un mierda, un ser inestable con un posible principio de transtorno bipolar, sino que tal vez, sólo tal vez, todo el mundo tiene los mismos prolemas que tienes tú, en mayor o menor medida.
Supongo que en realidad, por eso empecé a escribir. Porque un día alguien pensó que yo sería bueno escribiendo. Que tal vez no sería capaz de escribir un libro, pero que igual podría escribir algún cuento, algún relato, alguna pequeña historia. Esa pequeña historia que es mi vida.
Hoy, gracias a ese comentario lleno de cariño, tengo dos libros a mis espaldas y un tercero en camino. De vez en cuando escribo pequeños relatos sobre personas que no conozco y que jamás conoceré, personas a las que veo en un vagón de metro, en un banco de un parque, caminando por las calles de mi ciudad. Personas que me inspiran y me dan historias que enriquecen mi vida. Y también escribo pequeños textos, que en ocasiones publico aquí, en otras lo hago en mi tablón de Tuenti y en otras muchas las dos cosas.
Gracias a ese comentario lleno de cariño, que me animó a escribir un texto de seis páginas que acabó derivando en mi primer libro, hoy escribo. Porque ese comentario me hizo pensar que tal vez, sólo tal vez, lo que yo tuviera que decir le podría interesar a alguien. A una persona, a cien, a mil; eso es lo de menos. Lo importante era dejar huella en alguien, hacerle reflexionar, pensar, sentir de verdad, un arte que poco a poco va desapareciendo de nuestras vidas. Lo importante es ser capaz de llegar al corazón de alguien a través de mis palabras. Eso es lo que me llena como persona, y por lo tanto eso es lo que soy, aunque no sea famoso ni gane un duro con ello. Escritor.
Pero el tiempo pasa. Te vas haciendo mayor. Te ocurren cosas. Y de repente un dia te ves obligado a dejarlo todo atrás. Todo lo que siempre te acompañó, todo aquello que siempre pensaste que contenía la esencia de tu suerte y tu destino. Y es entonces cuando te das cuenta de que quizás, en un acto de madurez, debas empezar a reconocer tus propios méritos. A decir: "Yo dejé esa huella en el mundo". A pensar que tal vez, y sólo tal vez, puedas ser mejor que alguien en algo, aunque sepas que siempre habrá alguien mejor que tú en alguna parte. A dejar de pensar que puede que no seas un mierda, un ser inestable con un posible principio de transtorno bipolar, sino que tal vez, sólo tal vez, todo el mundo tiene los mismos prolemas que tienes tú, en mayor o menor medida.
Supongo que en realidad, por eso empecé a escribir. Porque un día alguien pensó que yo sería bueno escribiendo. Que tal vez no sería capaz de escribir un libro, pero que igual podría escribir algún cuento, algún relato, alguna pequeña historia. Esa pequeña historia que es mi vida.
Hoy, gracias a ese comentario lleno de cariño, tengo dos libros a mis espaldas y un tercero en camino. De vez en cuando escribo pequeños relatos sobre personas que no conozco y que jamás conoceré, personas a las que veo en un vagón de metro, en un banco de un parque, caminando por las calles de mi ciudad. Personas que me inspiran y me dan historias que enriquecen mi vida. Y también escribo pequeños textos, que en ocasiones publico aquí, en otras lo hago en mi tablón de Tuenti y en otras muchas las dos cosas.
Gracias a ese comentario lleno de cariño, que me animó a escribir un texto de seis páginas que acabó derivando en mi primer libro, hoy escribo. Porque ese comentario me hizo pensar que tal vez, sólo tal vez, lo que yo tuviera que decir le podría interesar a alguien. A una persona, a cien, a mil; eso es lo de menos. Lo importante era dejar huella en alguien, hacerle reflexionar, pensar, sentir de verdad, un arte que poco a poco va desapareciendo de nuestras vidas. Lo importante es ser capaz de llegar al corazón de alguien a través de mis palabras. Eso es lo que me llena como persona, y por lo tanto eso es lo que soy, aunque no sea famoso ni gane un duro con ello. Escritor.
29 enero, 2012
Ese día empecé a dejar de quererte
Cerrando la puerta tras de mi, algo no cuadraba. Algo no encajaba, nada era como solía ser en una casa donde nunca cambia nada. Había algo detrás de las viejas fotografías, los cuadros hechos en serie, incluso de ese baúl que contenía tantos y tantos recuerdos de una infancia que olvidé hace ya demasiado.
Era como una sospecha, como el rumor del viento. Como una ligera brisa que no te das cuenta de que está ahí hasta que para. Una brisa que no paró hasta que, con una velocidad inusualmente lenta en mí, subí las escaleras que me llevaban al baño.
Allí estabas tú. Frente a frente, tus ojos se encontraban con los míos, en el reflejo de mi gran espejo. Ese reflejo que me devolvía esa mirada fuerte y decidida, escondite de tu frágil y delicado espíritu. Tú, tan bella como siempre, tan bella como nunca.
Entonces lo comprendí. Eras tú quien se había introducido en las fotografías, en el acuario, incluso en ese espejo que tantas veces me vio llorar. Tú, una silueta sobre mi cama desvanecida en una décima de segundo. Tú, la invasora de todo mi hogar... o, mas bien, de mi maltrecha y enferma mente.
Tú no lo sabes, pero ese día empecé a dejar de quererte. Ese fue el primer día en el que te odié, aunque sólo fuera durante unas horas. Esa fue la primera de muchas noches en vela, maldiciendo tu imagen en las paredes de mi dormitorio. El primero de mis pulsos de odio hacia ti, por atreverte a invadir mi mente el mismo día que diste la espalda a mi corazón.
Era como una sospecha, como el rumor del viento. Como una ligera brisa que no te das cuenta de que está ahí hasta que para. Una brisa que no paró hasta que, con una velocidad inusualmente lenta en mí, subí las escaleras que me llevaban al baño.
Allí estabas tú. Frente a frente, tus ojos se encontraban con los míos, en el reflejo de mi gran espejo. Ese reflejo que me devolvía esa mirada fuerte y decidida, escondite de tu frágil y delicado espíritu. Tú, tan bella como siempre, tan bella como nunca.
Entonces lo comprendí. Eras tú quien se había introducido en las fotografías, en el acuario, incluso en ese espejo que tantas veces me vio llorar. Tú, una silueta sobre mi cama desvanecida en una décima de segundo. Tú, la invasora de todo mi hogar... o, mas bien, de mi maltrecha y enferma mente.
Tú no lo sabes, pero ese día empecé a dejar de quererte. Ese fue el primer día en el que te odié, aunque sólo fuera durante unas horas. Esa fue la primera de muchas noches en vela, maldiciendo tu imagen en las paredes de mi dormitorio. El primero de mis pulsos de odio hacia ti, por atreverte a invadir mi mente el mismo día que diste la espalda a mi corazón.
25 enero, 2012
Valentía
+ Pues si a mi me dijeran que me van a pegar un tiro en la cabeza, yo no agachaba la mirada. Yo levantaba la cabeza y miraba el cañón de la pistola.
- Joder, qué valiente...
+ No es por mi valentía, es por la del que dispara. Hasta que no vea que el tío mueve el dedo no me creeré que es capaz de matar a un hombre. Porque hay que tener dos huevos para mirar a quien te dispara, pero hay que tener otros dos más gordos todavía para atreverse a hacerlo y no pegarte tú uno cinco segundos después.
- Joder, qué valiente...
+ No es por mi valentía, es por la del que dispara. Hasta que no vea que el tío mueve el dedo no me creeré que es capaz de matar a un hombre. Porque hay que tener dos huevos para mirar a quien te dispara, pero hay que tener otros dos más gordos todavía para atreverse a hacerlo y no pegarte tú uno cinco segundos después.
22 enero, 2012
Puedo joder, puedo encantar, puedo llamarte sin hablar
Un día desperté, y me di cuenta de que el miedo me impedía avanzar. Como unas cadenas que me ataban al suelo, no me dejaban explorar, ser libre, correr, volar, VIVIR. Tenía tanto miedo al fracaso que no me atrevía a alcanzar el triunfo. Un miedo paralizante, un miedo que no ha sido siempre sino mi mayor enemigo, un miedo que me lo impedía todo, incluso ser yo mismo. Un día desperté y me di cuenta de que era infeliz por culpa de ese miedo atenazante.
Ese día todo cambió. Ese día mi percepción del mundo fue totalmente distinta. Desde entonces supe que no hay que temer al fracaso ni tampoco a perder la reputación. Supe que la risa es una de las mejores formas de prevenir enfermedades leves y que quien se ríe es feliz y olvida sus problemas, al menos durante los pocos segundos que lo hace. Supe que quien ríe no siente miedo, un miedo que conocía muy bien como mi mayor antagonista.
Ese día todo cambió. Aprendí que no hay más miedo que el que uno crea, que el ridículo es pasajero y la gloria eterna, que no hay mejor risa que la que provoca uno mismo, que la mejor reputación que existe es la de no tener reputación. Aprendí que es mucho mejor ser el payaso que la estatua de la esquina. Que no hay nada más grande en esta vida que hacer felices a los demás, aunque sea durante unos segundos, y que eso que llaman "respeto" no es sino un miedo disfrazado y cobarde.
Ese día aprendí una de las mayores lecciones que me pudo dar la vida. Ese día aprendí que el fracaso no existe: que en esta vida, si eres honrado, honesto y, en general, buena persona, siempre acabas ganando más de lo que pierdes. Por eso, lo que para ti es perder, para mi, desde ese día, es ganar. Por eso soy como soy: sí, igual soy un payaso sin vergüenza y con unos límites tan lejanos que hace tiempo que no los toco... pero soy feliz, la gente se lo pasa bien conmigo y no hago daño a nadie. Y eso, señoras y señores, es lo más grande que hay en este mundo.
Ese día aprendí que tú puedes decir o pensar lo que quieras, pero que yo SOY LIBRE. Como dice una canción que hoy he vuelto a escuchar años después "Puedo joder, puedo encantar, puedo llamarte sin hablar; puedo vencer, puedo palmar, puedo saber que sin vosotros puede más"... puedo hacer todo eso y mucho más, todo lo que dice esa canción y más todavía. Porque soy libre. Y a quien no le guste, que no mire. No puedo decir otra cosa.
Ese día todo cambió. Ese día mi percepción del mundo fue totalmente distinta. Desde entonces supe que no hay que temer al fracaso ni tampoco a perder la reputación. Supe que la risa es una de las mejores formas de prevenir enfermedades leves y que quien se ríe es feliz y olvida sus problemas, al menos durante los pocos segundos que lo hace. Supe que quien ríe no siente miedo, un miedo que conocía muy bien como mi mayor antagonista.
Ese día todo cambió. Aprendí que no hay más miedo que el que uno crea, que el ridículo es pasajero y la gloria eterna, que no hay mejor risa que la que provoca uno mismo, que la mejor reputación que existe es la de no tener reputación. Aprendí que es mucho mejor ser el payaso que la estatua de la esquina. Que no hay nada más grande en esta vida que hacer felices a los demás, aunque sea durante unos segundos, y que eso que llaman "respeto" no es sino un miedo disfrazado y cobarde.
Ese día aprendí una de las mayores lecciones que me pudo dar la vida. Ese día aprendí que el fracaso no existe: que en esta vida, si eres honrado, honesto y, en general, buena persona, siempre acabas ganando más de lo que pierdes. Por eso, lo que para ti es perder, para mi, desde ese día, es ganar. Por eso soy como soy: sí, igual soy un payaso sin vergüenza y con unos límites tan lejanos que hace tiempo que no los toco... pero soy feliz, la gente se lo pasa bien conmigo y no hago daño a nadie. Y eso, señoras y señores, es lo más grande que hay en este mundo.
Ese día aprendí que tú puedes decir o pensar lo que quieras, pero que yo SOY LIBRE. Como dice una canción que hoy he vuelto a escuchar años después "Puedo joder, puedo encantar, puedo llamarte sin hablar; puedo vencer, puedo palmar, puedo saber que sin vosotros puede más"... puedo hacer todo eso y mucho más, todo lo que dice esa canción y más todavía. Porque soy libre. Y a quien no le guste, que no mire. No puedo decir otra cosa.
17 enero, 2012
La mierda tiene muchos propósitos
En esta vida, la mierda puede tener muchos propósitos. Puede servirte para hacer crecer un vínculo con otra persona, de la misma forma que el abono hace crecer una hermosa flor... o para destruirlo, como los vertidos de una fábrica convierten un río lleno de vida en otro envenenado. Puede servirte como escondite, tanto para esconder algo valioso como para tapar algo que consideras mucho peor; o como falso escondite, donde mandas a alguien que husmea en tu vida para entretenerle un rato, hacerte ganar tiempo o ambas cosas. Puede servirte para escribir, pero al hacerlo ten en cuenta que aunque en el lienzo de la vida la mierda pueda limpiarse, su olor siempre permanecerá allí.
En esta vida, la mierda puede hacer la función de muro o de pegamento, puede unirte o separarte a ciertas personas, porque recuerda que la mierda apesta, pero es pegajosa y cuesta librarse de ella. Puede servirte para enviar un mensaje, o para recibirlo, un mensaje que te será difícil olvidar. Puede ser munición, tanto en tu favor como en tu contra, puede ser una simple y certera bala en la cabeza o una bomba fétida del tamaño de Kansas City. Puede ser un recordatorio que pongas en la mesita de noche de tu vida, un recordatorio de lo que eres o de lo que no quieres (volver a) ser.
En esta vida, la mierda puede tener muchos propósitos. De ti depende el uso que le des, si a tu favor o en tu contra. Porque si la vida no hace más que tirarte mierda como si fueras un cubo de basura... ¿por qué no convertirte en basurero? Así al menos tendrás una razón de ser en la vida. Quizás no de las mejores, pero al menos tendrás una. No todos podemos decir lo mismo.
En esta vida, la mierda puede hacer la función de muro o de pegamento, puede unirte o separarte a ciertas personas, porque recuerda que la mierda apesta, pero es pegajosa y cuesta librarse de ella. Puede servirte para enviar un mensaje, o para recibirlo, un mensaje que te será difícil olvidar. Puede ser munición, tanto en tu favor como en tu contra, puede ser una simple y certera bala en la cabeza o una bomba fétida del tamaño de Kansas City. Puede ser un recordatorio que pongas en la mesita de noche de tu vida, un recordatorio de lo que eres o de lo que no quieres (volver a) ser.
En esta vida, la mierda puede tener muchos propósitos. De ti depende el uso que le des, si a tu favor o en tu contra. Porque si la vida no hace más que tirarte mierda como si fueras un cubo de basura... ¿por qué no convertirte en basurero? Así al menos tendrás una razón de ser en la vida. Quizás no de las mejores, pero al menos tendrás una. No todos podemos decir lo mismo.
12 enero, 2012
Querida Patricia
Querida Patricia:
Puta, puta ironía. Siempre he pensado que el Destino es como una mujer: siempre un paso por delante, siempre atento y alerta, siempre controlándolo todo, siempre actuando, aunque sea no actuando. Siempre manejando los hilos sutilmente, con más información que uno… y cuando se tiene información, se acaba utilizando, aunque sea inconscientemente. Puta, puta ironía.
Puta ironía, puto Destino que en mi peor noche en muchos meses te hace contactar conmigo de nuevo. Puta ironía que me hace buscar un consuelo y me hace encontrarme contigo, con un pedacito de un pasado que nunca volverá y que, por mucho que digan, siempre fue mejor. Un pasado lleno de mierda, sí, pero un pasado en el que os veía las caras día tras día y en el que la mierda era mierda, porque os tenía para dar a las cosas el valor que se merecen.
Puto Destino. Cómo se ríe de mí en la sombra, como ha hecho siempre. Cómo juega conmigo, cómo me hace lo que le da la gana a cada momento. Hijo de puta capaz de dármelo todo cuando no quiero nada y de quitármelo cuando empiezo a cogerle el gusto. Puto cabrón que no hace más que joderme vivo, quitándome la felicidad cuando más la necesito y dándomela cuando lo único que quiero es llorar y dar patadas y puñetazos como si no hubiera mañana. Dios, cómo le odio ahora mismo.
Años he pasado buscándola, querida Patricia, años. Como el hombre que busca el amor de una mujer, yo llevo años buscando eso que llaman felicidad. Años. Y, como una mujer que se sabe atractiva, el Destino ha jugado conmigo, dándome una falsa felicidad a ratos, como la mujer que se deja coquetear por el hombre que la quiere tan sólo para alimentar su enorme ego. Puto Destino, puto, que lleva años negándome esa felicidad y que en el momento en el que paso de ella y le doy la espalda, aparece delante mía y me revienta vivo. Puta ironía, puta, que hace que mi felicidad sea la causa de mi desgracia. Puta ironía, porque una sola paradoja sería capaz de destruir el continuo espacio-tiempo; pero yo, que vivo en una paradoja perenne, que odio a quien no puedo dejar de querer, que estoy hundido porque estoy mejor que nunca, que siento que no tengo nada cuando jamás he tenido tanto como ahora, sigo aquí, dando por culo. Puto Destino, puto, que me vuelve a meter en guerra justo cuando entierro mi espada y mi armadura.
Joder, no te mereces esto, querida Patricia, no te lo mereces. Ni tú ni ninguna de las personas que me conoce, ninguna. Puta ironía, puta: yo, el payaso, el que siempre tiene una gracia en la boca, el que siempre te hace sonreir saltándote por donde menos te lo esperas, es ahora el hombre más desgraciado que puedas conocer. Puta ironía, puta, puto Destino que me hace sentir el peor ser humano de este puto planeta precisamente en el momento de mi vida que más cerca estoy de la perfección. Puta ironía, puta, que me da la capacidad de ayudar a quienes más me importan en este mundo pero me hace incapaz de encontrar una triste palabra de consolación para mí mismo.
Querida Patricia, nunca he tenido mucha autoestima, y lo sabes. Siempre me he considerado un mierda, alguien de lo peor, de lo más bajo. Que lo sea o no, sinceramente no lo sé, porque soy un cobarde de la peor calaña: de los que serían capaces de dar la vida por la gente que quiere, pero de los que no son capaces de mirar en lo más profundo de su alma para descubrir quiénes son en realidad. Un alma que por no ser, no es ni siquiera mía, un alma que entregué hace ya muchos años. Puto Destino, puto, que le quita el valor a lo único valioso que me quedaba en este mundo, lo único capaz de compensar todo lo que ella siempre me ha dado.
Puta ironía, puta, que me quita el amor cuando más lo necesito y me lo da en el mismo instante en el que reniego de él. Puta ironía, que me hace ser la mejor persona del mundo cuando sólo quiero hacer daño y que me hace ser lo peor cuando quiero ser un ángel. Puta ironía, que me hace escribir esto cuando lo único que quiero es correr, huir, escapar, dejar atrás esta puta vida que nunca me he merecido y buscar otra más acorde a mi asquerosa e impura alma. Puta ironía, que me obliga a luchar por mi futuro en un momento en el que lo único que quiero hacer con mi futuro es cagarme en él y en todos sus muertos. Puta ironía, querida Patricia, que me hace dedicarte estas palabras llenas de desesperación y amargura a ti, la más dulce de cuantas personas haya conocido.
Deseándote todo lo contrario de lo que me deseo a mí,
Yo.
Puta, puta ironía. Siempre he pensado que el Destino es como una mujer: siempre un paso por delante, siempre atento y alerta, siempre controlándolo todo, siempre actuando, aunque sea no actuando. Siempre manejando los hilos sutilmente, con más información que uno… y cuando se tiene información, se acaba utilizando, aunque sea inconscientemente. Puta, puta ironía.
Puta ironía, puto Destino que en mi peor noche en muchos meses te hace contactar conmigo de nuevo. Puta ironía que me hace buscar un consuelo y me hace encontrarme contigo, con un pedacito de un pasado que nunca volverá y que, por mucho que digan, siempre fue mejor. Un pasado lleno de mierda, sí, pero un pasado en el que os veía las caras día tras día y en el que la mierda era mierda, porque os tenía para dar a las cosas el valor que se merecen.
Puto Destino. Cómo se ríe de mí en la sombra, como ha hecho siempre. Cómo juega conmigo, cómo me hace lo que le da la gana a cada momento. Hijo de puta capaz de dármelo todo cuando no quiero nada y de quitármelo cuando empiezo a cogerle el gusto. Puto cabrón que no hace más que joderme vivo, quitándome la felicidad cuando más la necesito y dándomela cuando lo único que quiero es llorar y dar patadas y puñetazos como si no hubiera mañana. Dios, cómo le odio ahora mismo.
Años he pasado buscándola, querida Patricia, años. Como el hombre que busca el amor de una mujer, yo llevo años buscando eso que llaman felicidad. Años. Y, como una mujer que se sabe atractiva, el Destino ha jugado conmigo, dándome una falsa felicidad a ratos, como la mujer que se deja coquetear por el hombre que la quiere tan sólo para alimentar su enorme ego. Puto Destino, puto, que lleva años negándome esa felicidad y que en el momento en el que paso de ella y le doy la espalda, aparece delante mía y me revienta vivo. Puta ironía, puta, que hace que mi felicidad sea la causa de mi desgracia. Puta ironía, porque una sola paradoja sería capaz de destruir el continuo espacio-tiempo; pero yo, que vivo en una paradoja perenne, que odio a quien no puedo dejar de querer, que estoy hundido porque estoy mejor que nunca, que siento que no tengo nada cuando jamás he tenido tanto como ahora, sigo aquí, dando por culo. Puto Destino, puto, que me vuelve a meter en guerra justo cuando entierro mi espada y mi armadura.
Joder, no te mereces esto, querida Patricia, no te lo mereces. Ni tú ni ninguna de las personas que me conoce, ninguna. Puta ironía, puta: yo, el payaso, el que siempre tiene una gracia en la boca, el que siempre te hace sonreir saltándote por donde menos te lo esperas, es ahora el hombre más desgraciado que puedas conocer. Puta ironía, puta, puto Destino que me hace sentir el peor ser humano de este puto planeta precisamente en el momento de mi vida que más cerca estoy de la perfección. Puta ironía, puta, que me da la capacidad de ayudar a quienes más me importan en este mundo pero me hace incapaz de encontrar una triste palabra de consolación para mí mismo.
Querida Patricia, nunca he tenido mucha autoestima, y lo sabes. Siempre me he considerado un mierda, alguien de lo peor, de lo más bajo. Que lo sea o no, sinceramente no lo sé, porque soy un cobarde de la peor calaña: de los que serían capaces de dar la vida por la gente que quiere, pero de los que no son capaces de mirar en lo más profundo de su alma para descubrir quiénes son en realidad. Un alma que por no ser, no es ni siquiera mía, un alma que entregué hace ya muchos años. Puto Destino, puto, que le quita el valor a lo único valioso que me quedaba en este mundo, lo único capaz de compensar todo lo que ella siempre me ha dado.
Puta ironía, puta, que me quita el amor cuando más lo necesito y me lo da en el mismo instante en el que reniego de él. Puta ironía, que me hace ser la mejor persona del mundo cuando sólo quiero hacer daño y que me hace ser lo peor cuando quiero ser un ángel. Puta ironía, que me hace escribir esto cuando lo único que quiero es correr, huir, escapar, dejar atrás esta puta vida que nunca me he merecido y buscar otra más acorde a mi asquerosa e impura alma. Puta ironía, que me obliga a luchar por mi futuro en un momento en el que lo único que quiero hacer con mi futuro es cagarme en él y en todos sus muertos. Puta ironía, querida Patricia, que me hace dedicarte estas palabras llenas de desesperación y amargura a ti, la más dulce de cuantas personas haya conocido.
Deseándote todo lo contrario de lo que me deseo a mí,
Yo.
04 enero, 2012
Dímelo con un beso
Ven aquí y dímelo, porque hasta que no lo oiga de tus labios no lo creeré. En realidad, ni aun así. Hasta que no me beses no lo creeré.
Ven aquí y dime que me quieres. Dime que deseas estar conmigo, que no me dejarás escapar. Dime que la próxima vez que nos veamos no me soltarás, que aceptarás mi ridícula propuesta de dejarlo todo y a todos e irnos los dos juntos donde nadie pueda encontrarnos. Tú, yo y una isla desierta. Y si no está desierta, echamos a quien esté para quedarnos solos en nuestro diminuto reino.
Ven aquí y dime que me quieres. Dime que mis esfuerzos por ser el mejor hombre del mundo han dado resultados, dime que he conseguido ponerme a tu altura, tú, la más bella entre las bellas. Dime que lo he conseguido, que he llegado más alto que ningún otro hombre. Y si otro llegó antes, tiramos esa bandera colina abajo para quedarnos solos en nuestro diminuto reino.
Ven aquí y dímelo, pero no me lo digas con gestos ambivalentes y confusos, fruto de tus miedos más lógicos. Dímelo con palabras, dímelo con un "Te quiero". En realidad, ni aun así. Dímelo con un beso.
Ven aquí y dime que me quieres. Dime que deseas estar conmigo, que no me dejarás escapar. Dime que la próxima vez que nos veamos no me soltarás, que aceptarás mi ridícula propuesta de dejarlo todo y a todos e irnos los dos juntos donde nadie pueda encontrarnos. Tú, yo y una isla desierta. Y si no está desierta, echamos a quien esté para quedarnos solos en nuestro diminuto reino.
Ven aquí y dime que me quieres. Dime que mis esfuerzos por ser el mejor hombre del mundo han dado resultados, dime que he conseguido ponerme a tu altura, tú, la más bella entre las bellas. Dime que lo he conseguido, que he llegado más alto que ningún otro hombre. Y si otro llegó antes, tiramos esa bandera colina abajo para quedarnos solos en nuestro diminuto reino.
Ven aquí y dímelo, pero no me lo digas con gestos ambivalentes y confusos, fruto de tus miedos más lógicos. Dímelo con palabras, dímelo con un "Te quiero". En realidad, ni aun así. Dímelo con un beso.
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